CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO
Serena nos mira alternativamente a Sophie y a mí, y casi puedo oír los engranajes de su cerebro mientras intenta averiguar qué está pasando.
—Menudo reencuentro, ¿verdad? —digo—. Aunque parece que nos falta alguien.
Tengo más preguntas que el querido doctor Thacker.
Le he oído hacer tantas durante las últimas semanas…
A Sophie, a mí. Solo empecé a asistir a aquellas sesiones porque quería saber qué se sentía.
Quería experimentar lo mismo que Sophie.
Qué trabajo tan maravilloso debe de ser pasarse el día escuchando las mentiras de los demás.
Los músculos de Sophie se tensan, y sé que he tocado un punto sensible. Es la más mentirosa de los tres. La dulce Serena se divirtió con Jack, pero cuando todo salió a la luz, al menos no intentó negarlo. Ninguno de los dos lo hizo, pero ocultar la verdad es lo mismo que mentir.
¿Y yo? He estado observando a Sophie todas las semanas durante sus sesiones, claro.
Mentí al personal de la clínica y conseguí que el doctor Thacker saliera de la consulta el tiempo suficiente para instalar los dos dispositivos de vigilancia.
No eran nada del otro mundo, pero han cumplido su función.
Nunca tuve intención de espiar sus sesiones.
Habría preferido observarla en casa. Todo ese tiempo adicional que podría haber pasado contemplando su pequeña vida…
Pero no. Jack había convertido este lugar en una fortaleza.
Aunque ahora no le sirve de nada. Una vez que dejas entrar a alguien en una fortaleza, te encuentras con el problema de cómo vas a salir. Y aquí estamos.
—¿Qué está pasando? —pregunta Serena con voz temblorosa.
—Serena. Sé que eres una mujer inteligente. Por mucho que me cueste admitirlo, sé que te importaba Jack…
—Por favor. No empieces…
Aparto su interrupción con un gesto de la mano y continúo.
—Sé que te importaba Jack. Me dijiste que todo había terminado entre vosotros antes de que desapareciera, pero debes de haberte preguntado qué le ocurrió. —Miro un instante a Sophie y luego me vuelvo hacia Serena, a la espera de una respuesta.
Aunque no tiene ni idea de lo que está pasando, permanece sentada dócilmente, sin dar muestras de que vaya a marcharse. Bien. Al menos eso está bien.
—Claro —dice—. Sophie, no sé si esto es asunto mío. Solo he venido para intentar ayudarte a pasar página. Sé lo difícil que ha sido para ti.
—No tienes ni idea —dice Sophie, incapaz de ocultar el dolor en la voz. Odio a Serena por lo que le ha hecho, por lo que nos ha hecho a los dos.
—Señoras, por favor —intervengo—. Este no es el momento de que aireéis vuestras diferencias.
Serena —digo, volviéndome de nuevo hacia mi examante—, he venido para ayudar a Sophie a contar la verdad sobre lo que le ocurrió a Jack.
Ha estado yendo a un psiquiatra, y pensé que la terapia la ayudaría.
Pensé que acabaría contándole lo que hizo.
—Niego con la cabeza y miro a Sophie—. Pero no para de mentir.
—No sabes nada —dice Sophie. Entonces dirige su atención hacia Serena—. Yo no le hice nada a Jack. No hice nada.
Serena parece muy confundida por la situación, y no puedo decir que la culpe. Es hora de ir al grano.
—Pensaba venir y decirte que, hicieras lo que hicieras, no importa, Sophie. Entiendo que, cuando amas a alguien, a veces tienes que hacer cosas que quizá los demás no comprenderían. Pero yo lo comprendo. Jack era malo y tenías que deshacerte de él. No pasa nada.
Serena y Sophie se miran, apenas un breve intercambio, y da la impresión de que están hablando de mí.
—No era malo —dice Serena.
—No estaba hablando contigo —digo con toda la paciencia de la que soy capaz—. Tuviste tu oportunidad conmigo, Serena, y ya no hay vuelta atrás para nosotros. He estado cuidando de Sophie desde que Jack desapareció.
—Vigilándome. —Sophie habla en voz baja, como si no quisiera alterarme, pero sus palabras no tienen ninguna buena intención.
—Cuidando de ti —repito—. Velando por ti.
—Me estabas vigilando. En todas las sesiones.
Serena arquea una ceja con expresión interrogante, pero no tengo tiempo de darle explicaciones.
—Sinceramente, Sophie, tampoco es que dijeras gran cosa. No intentaba invadir tu intimidad…
—¡¿Qué?! ¿Cómo puedes siquiera pensar así? ¿No invadías mi intimidad cuando me espiabas? ¿Cuando me acosabas, literalmente?
—No literalmente. En absoluto.
—¿ Me seguías ? ¿Me vigilabas fuera adonde fuera?
—Siento decepcionarte, pero no. Instalé unas cámaras, observé tus sesiones de terapia, pero eso es todo.
—¿Eso es todo? —Serena casi se ríe—. Vaya, ¿no te parece suficiente? ¿La vigilabas? Eso es enfermizo. ¿No te das cuenta de lo enfermizo que suena?
Levanto una mano para hacer callar a Serena.
—No. No lo entiendes. No era así. Estaba cuidando de ella. Necesitaba…
Sophie interviene.
—Si quieres cuidar de mí, ¿qué haces aquí? ¿A qué viene todo esto?
Serena guarda silencio y observa atentamente; mira a Sophie mientras habla y luego a mí, mientras pienso una respuesta.
—Le conté la verdad a Thacker —digo. Ya puestos, más vale ser sincero también en esto.
—No, no puedes habérsela contado. Tú no… —Sophie se interrumpe a mitad de la frase—. ¿Qué verdad? ¿Qué le dijiste?
—Que Jack nunca fue a aquella expedición. Le dijiste a Thacker que había ido a Arkhangelsk.
Serena frunce el ceño y mira a Sophie.
—¿Por qué ibas a decir eso? Todo el mundo sabe que nunca apareció. ¿No se trata precisamente de eso? Desapareció, no se presentó al trabajo.
—Sí, sí —dice Sophie. Pero ahora se ha hecho un lío.
Veo cómo sus ojos van de un lado a otro mientras busca la mentira adecuada que contar esta vez—.
Eso fue lo que le dije a la policía, claro.
Nunca les dije que hubiera ido. —Vuelve los ojos hacia mí—.
Solo le dije a una persona que Jack había ido a Rusia: a mi psiquiatra.
—Thacker —aclaro para Serena.
—El doctor Thacker, sí —dice Sophie, y al menos podemos estar de acuerdo en algo.
—Entonces, ¿por qué…? —Serena deja la pregunta a medias.
—Supongo que, mientras intentaba asimilarlo todo, a mi cerebro le resultaba lógico imaginar que realmente había ido. Que había desaparecido haciendo lo que amaba. —Las palabras se le atascan en la garganta y está al borde de las lágrimas.
Abro la boca para hablar, pero Serena se adelanta.
—¿Cuál es la verdad, Sophie? ¿Sabes qué le ocurrió a Jack?
Con un movimiento rápido, Sophie intenta levantarse del sillón. En cuanto empieza a incorporarse, le pongo una mano en el brazo. No siento ninguna emoción al tocar por fin su piel. No quería que fuera así, pero así son las cosas. Tengo que dejar que esto siga su curso.
—Siéntate. —Tengo la boca seca por la decepción—. No vas a ir a ninguna parte. —Casi espero que Serena proteste, pero no lo hace. Ahora los dos queremos lo mismo: oír lo que Sophie tiene que decir.
Serena habla con más calma de la que yo sería capaz en estos momentos.
—Sophie. ¿Qué has hecho?