Alguien me vigila CAPÍTULO VEINTE
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CAPÍTULO VEINTE

Jack.

No pensaba contarle a Thacker nada sobre tus pequeñas indiscreciones, pero, no sé cómo, siempre consigue sonsacarme estas cosas. Mis sesiones tratan de mí, no de ti, pero cuanto más hablo de mis problemas, más parezco hablar de ti.

Jane (sé que odias que la llame así, pero tú no estás aquí y ahora puedo decir lo que me dé la gana) ya no ocupa gran parte de mis pensamientos.

Después de volver de Arkhangelsk, hizo un esfuerzo enorme por mostrarse cordial, amable y comprensiva.

¿Te lo imaginas, después de todo lo que pasó?

Era la última persona a la que quería ver, pero, cuando vino, se mostró tan absolutamente amable y delicada que casi me sentí culpable por el resentimiento que le he guardado durante tanto tiempo. Casi.

Cuando empecé a sospechar de vosotros, poco a poco comencé a ver indicios de que me mentías.

Todas aquellas tardes en las que trabajabas hasta tarde, todas las veces que estabas fuera y no podías conectarte para hablar conmigo por videollamada.

No hay señal de internet, lo siento, Sophie, esta noche no puede ser.

Todas las veces que os imaginé juntos. Ahora no hay forma de saber la verdad.

Hicierais lo que hicierais, no sé cuándo empezó y nunca podré estar segura de que terminara.

Sé que ahora ha terminado. Es la única certeza que tengo.

Jane vino a casa dos días después de regresar de la tundra , rebosante de comprensión y lugares comunes. Ya sabes, ese tipo de cosas. Si puedo hacer algo por ti, llámame cuando quieras.

Las noches siguientes, me sentaba delante del televisor sin sonido a las tres de la madrugada y veía interminables reposiciones mudas de programas deprimentes con su correspondiente intérprete de lengua de signos.

Veía a aquellos hombres y mujeres comunicarse por signos durante programas de reformas inmobiliarias, realities o lo que fuera que estuviesen emitiendo.

Ellos y yo, noche tras noche. Una vez incluso pensé en aprender lengua de signos y convertirla en mi nueva profesión.

Claro que ya sabes cómo acaban mis ideas estúpidas.

En fin, una noche pensé en poner a prueba su ofrecimiento. Cuando quieras , dijo. Lo que sea. Sí. Cuéntame todos los detalles. Cuéntame exactamente qué pasó entre tú y mi marido. Cuéntame por qué prefirió Arkhangelsk y a ti antes que su hogar y a mí.

Dime dónde está ahora.

¿Lo sabes?

¿Lo sabes?

Todavía puedo imaginar la escena, tal como habría transcurrido. Yo, sentada en pijama, gritando por teléfono, mientras ella yacía en su cama a oscuras, en algún lugar al otro lado de la ciudad, en algún lugar donde tú probablemente te habías acostado con ella una vez, dos veces, muchas veces.

¿Sabes dónde está, Jane?

¿Lo sabes?

Nunca se me ha ocurrido preguntarme si es a Jane a quien veo en cada sombra, si podría ser ella quien me sigue y vigila cada uno de mis movimientos. ¿Quieres saber por qué, Jack? Ella tiene su propia vida.

Jane, piense lo que piense de ella, es una mujer independiente y segura de sí misma.

No creo que pudiera importarle menos lo que yo haga.

¿Por qué iba a importarle? Consiguió lo que quería, y eso no tenía nada que ver conmigo.

Yo no le importaba cuando se acostaba contigo, y no puedo ni empezar a creer que vaya a importarle ahora.

Paso de estar convencida de que me vigilan a estar convencida de que todo está en mi cabeza. No lo sé. Puede que nunca lo sepa.

Después de que rompieras con ella, o al menos después de que me dijeras que lo habías hecho, no parabas de asegurarme que los dos teníais que mantener una relación estrictamente platónica y profesional.

Pero incluso cuando eliminasteis el sexo de vuestra relación , a veces seguía pensando que ella pasaba más tiempo contigo que yo.

Y no andaba muy desencaminada. Desde luego, no habría querido estar contigo en el círculo polar ártico, pero ¿y si hubiéramos podido pasar el rato en Nueva York o en España? Bueno, eso habría sido otra historia.

Casi me sentía culpable por tener un trabajo que no me permitía coger vacaciones cuando quisiera.

Poder disfrutar de mis semanas libres únicamente cuando el colegio cerraba entre trimestres era uno de los claros inconvenientes de mi trabajo.

No podía escaparme y acompañarte en ninguno de tus viajes, ni siquiera como un simple apéndice, deambulando por tu habitación de hotel mientras tú hacías el trabajo importante sobre el terreno.

Lo único que podía hacer era quedarme en casa, seguir yendo a trabajar y volver a un hogar vacío, sin Jack.

Y, durante todo ese tiempo, ella estaba contigo.

Claro que estaba celosa.

Es fácil dejar volar la imaginación cuando tu marido está en un hotel de otro continente con otra mujer.

Se suponía que tú y yo formábamos un equipo.

Eras el único que me había hecho sentir parte de algo.

Nuestra relación lo era todo para mí, pero tú me hiciste creer que para ti no significaba nada.

No me imagino pronunciando jamás estas palabras ante ti.

Oculté lo que sentía por Jane tanto como pude.

El tiempo que pasaba contigo era demasiado importante para contaminarlo con negatividad y reproches mezquinos.

Cuando te dije que quería que te quedaras en casa conmigo en lugar de ir a Arkhangelsk porque te echaba demasiado de menos como para dejarte marchar, era verdad.

No se trataba solo de que no quisiera que estuvieras allí con ella; se trataba de que quería que estuvieras aquí conmigo.

Tú tenías tus sueños y yo tenía los míos. Ojalá los hubiéramos compartido.

Pasara lo que pasara, o no pasara, soy yo la que ha acabado lamentándolo. Estoy aquí sola y tú te has ido. Ella no puede tenerte, pero yo tampoco. Aún no estoy preparada para hablar de eso con mi psiquiatra.

Te echo de menos siempre.

Soph