CAPÍTULO OCHO #2
— Has vivido un acontecimiento vital significativo.
—Esa frase otra vez—. Estás experimentando síntomas que podrían estar relacionados con el estrés y la ansiedad a consecuencia de ese acontecimiento.
Si podemos tratar esos problemas subyacentes, quizá podamos empezar a reducir sus efectos.
El acontecimiento vital significativo equivaldría a caerte de un árbol.
Los síntomas relacionados con el estrés y la ansiedad serían el hueso roto.
La medicación sería la escayola. Te ayudará a avanzar en la dirección correcta para recuperarte. Junto con estas sesiones, por supuesto.
—¿Lo que veo, o siento, o lo que sea, podría deberse a la ansiedad?
—O al estrés. Quizá sea algo más. Es posible que estés sufriendo estrés postraumático. Tu cerebro intenta procesar la pérdida y le cuesta poner las cosas en perspectiva. Si te receto medicación, las pastillas podrían ayudar a tu cerebro a cumplir su función y devolverte al buen camino.
—¿Y ya no tendría que venir aquí?
Esboza una media sonrisa ante su broma a medias y yo también tengo que sonreír. Puede ser graciosa cuando no está tan tensa. Si lograra hacerla sonreír más a menudo, no tendría que seguir presentándose a unas sesiones de terapia que claramente no disfruta.
—Creo que lo mejor es que pruebes la medicación y continúes también con estas sesiones. Quizá combinar ambas cosas sea la mejor manera de avanzar. ¿Estarías dispuesta a intentarlo?
Sophie asiente despacio, solemne y segura.
—Sí —dice—. La verdad es que no soporto sentirme así.
Ya es bastante difícil estar sola, no tener aquí a Jack conmigo.
Algunos días apenas puedo sobrellevarlo.
Todo esto… —Se lleva una mano a la cabeza y hace un pequeño gesto circular, el signo universal de la inestabilidad—. Es demasiado. Sencillamente, demasiado.
—De acuerdo —digo con tono sereno y tranquilizador—. Vamos a intentarlo. A ver qué tal va. ¿De acuerdo?
Vuelve a asentir, esta vez con una tímida sonrisa de aceptación.
Hay algo en su vulnerabilidad que la hace más hermosa que nunca.
Si pudiera, alargaría la mano y acariciaría su pálida mejilla, sentiría el calor de su carne contra mis dedos.
Me temo que no sería capaz de detenerme ahí, que le sujetaría el rostro, la atraería hacia mí y apretaría mis labios contra los suyos.
Estaría indefenso en cuanto mi piel entrara en contacto con la suya.
Ahora no puedo hacerlo. No puedo tocarla.
Pero algún día. Algún día haré algo más que limitarme a mirarla. Algún día, y ese día llegará pronto.
Dejo que los pensamientos se asienten y aparto la mirada de ella.
El reloj hace tictac y, al otro lado de la puerta, llega el sonido amortiguado de la charla de Henny y Lola.
No distingo de qué hablan y no quiero distraerme de Sophie intentando escuchar a escondidas.
Lo único que deseo es dejar que el silencio se prolongue mientras la observo y espero sus palabras.
Después de que el minutero avance una vez y luego otra, ella sigue callada. No estoy seguro de si ha llegado el momento de plantear la siguiente pregunta, pero aún no ha empezado a hablar del tema por voluntad propia. Ha sido una sesión positiva; Sophie ha progresado. Quizá esté preparada.
Un discreto carraspeo y, a continuación, la pregunta que todos estábamos esperando.
—¿Crees que podría ayudarte hablar de lo ocurrido?
—¿Ocurrido?
—Con Jack. —Pronuncio las palabras con cautela.
Ahora estoy menos seguro, más aprensivo.
Esto podría salir mal con suma facilidad—.
Hasta ahora hemos estado hablando de tus sentimientos, pero me parece que todo lo que experimentas actualmente se deriva de lo que ocurrió a finales del año pasado. Con Jack.
El cambio en la actitud de Sophie es instantáneo.
Decir que pierde todo el color del rostro sería un cliché, pero eso es casi, literalmente, lo que sucede.
No dice nada, pero tampoco rompe el contacto visual.
En cambio, estira una mano hacia un lado y tantea torpemente el escritorio.
Parece que intenta agarrarse a algo para sostenerse; se está hundiendo.
—Sé que va a ser difícil para ti, pero no creo que podamos avanzar sin analizar lo sucedido.
— «Suceder» es una palabra muy sencilla, ¿verdad? —dice. Su voz es ligera como una pluma. Es un pájaro frágil, a punto de salir volando con el viento.
A veces resulta difícil intentar evitar las palabras que actúan como detonantes, intentar no decir cosas que molesten o enfurezcan a la gente. Una palabra que a uno puede parecerle extraordinariamente sencilla y directa puede tener un efecto negativo en otra persona.
—De acuerdo, de acuerdo…
Es demasiado tarde. Sophie se está poniendo en pie y estira hacia el suelo la mano temblorosa para recoger el bolso.
—Sophie. Siéntate. No pasa nada. Estás bien.
— No estoy bien. Ni mucho menos. He desperdiciado un mes entero viniendo aquí y hablando sin abordar lo que es realmente importante.
Creía que hoy estaba avanzando. De verdad me he sentido bien, aunque solo fuera durante unos minutos.
Y ahora quieres que hable de Jack —dice mientras se pone la chaqueta—. No puedo. Es que… no puedo.
Siento en las entrañas un peso nauseabundo que tengo que obligarme a tragar. No quiero verla así. Por mucho que necesite liberarse de la verdad, quizá hoy no sea el día. Me pongo en pie antes de que mi cerebro alcance a mis actos y extiendo una mano hacia ella, inestable, fuera de control.
—Tengo que irme —dice con voz inexpresiva, ocultando sus emociones mucho mejor que yo—. Siento haberte hecho perder el tiempo.
—Sophie. —Pronuncio su nombre, pero cae en una habitación vacía.