CAPÍTULO CINCO
Queridísimo Jack:
Llevo tres sesiones de terapia y no hago más que dar vueltas en círculo. Aunque sé que estarías orgulloso de mí por haber empezado a ir, así que voy a perseverar. Al menos de momento.
El doctor Thacker soporta con mucha paciencia mis silencios y mi estupidez. No debería hablar así de mí misma, lo sé. Eso es lo que me dirías tú. Pero me siento como una niña, sentada frente a él mientras espera que le desnude mi alma.
No estoy segura de que te cayera demasiado bien.
Es uno de esos tipos de mi-otro-coche-es-un-Range-Rover que ves en los bares con sus cervezas artesanales y sus amigos vestidos todos igual.
De esos ante los que asentirías y me dedicarías esa sonrisa irónica de ahí-va-otro .
Siempre nos gustó observar a la gente, lo cual parece irónico ahora, dadas las circunstancias.
Siento como si llevara muchísimo tiempo sola.
No solo desde que ya no estás, sino desde antes.
Apenas llevabas tres semanas en casa después de volver de Nueva York cuando surgió el viaje a Arkhangelsk.
Seguro que lo sabías desde hacía meses. Puedo imaginarte llevando la idea contigo, sin querer contármelo, como una embarazada que no quiere compartir la noticia hasta que ha pasado el peligro y se encuentra en terreno seguro.
Aunque ningún terreno seguro lo es nunca del todo, ¿verdad? Nada lo es.
Para ti, esas expediciones eran oportunidades, parte de tu ascenso a la gloria. Para mí, eran semanas sola, sin ti. Italia, España, México… Los nombres de los países empezaron a perder su significado. Lo único que simbolizaban era que volvías a no estar en casa.
Ah, pero deberías haber sabido que esto ocurriría. Cuando me conociste, ya sabías que mis sueños me llevarían por todo el mundo.
Cuando te conocí, sabía que soñabas con viajar por el mundo, llegar a lo más alto en tu profesión, ser el mejor.
Lo que no sabía era que antepondrías esos sueños a tu relación conmigo.
Cuando empezamos a salir y planeamos un futuro juntos, no sabía que ese futuro tendría que amoldarse a los planes que tú ya tenías.
Incluso cuando estabas aquí, pasabas tanto tiempo en el cobertizo preparándote para la siguiente gran misión que yo seguía estando sola.
Tu visión era la de un aventurero joven y soltero, y yo era más de quedarme en casa que de seguirte a todas partes.
No creo que estuviera destinada a ser tu compañera de aventuras.
Tú también tenías tus sueños.
Eso es lo que me dirías. Cuando nos conocimos, estaba estudiando para ser profesora. Era lo único que había querido hacer en toda mi vida: seguir los pasos de mi madre y dedicarme a la profesión que la había visto amar durante toda su breve vida. No era tanto un sueño como mi destino.
Sé que te encogerías de hombros, negarías con la cabeza y me dirías que, al final, todo se reduce a lo mismo. Yo elegí mi camino y tú elegiste el tuyo.
Caminábamos por líneas paralelas, el uno junto al otro, avanzando por la vida. El único problema de las líneas paralelas es que nunca se tocan.
Ya basta por ahora.
Soph