24 Justine Taillandier La mujer secuestrada #2
—Esta patología lleva dividiendo al mundo de la psiquiatría por lo menos cincuenta años.
En las décadas de 1970 y 1980, hubo cultores de mi oficio que cometieron auténticas barbaridades, como empujar a sus pacientes a contar lo que fuera con tal de parecer interesantes.
Aquello desacreditó gravemente nuestra manera de enfocar este trastorno.
Hubo quien pensó que todo era una tomadura de pelo.
El hombre sirvió en unas tacitas de gres sin asa otra ronda de té antes de seguir.
—Pero los avances de las técnicas de imagen médica han confirmado el carácter científico del trastorno de identidad disociativo.
Al examinar escáneres de pacientes que sufren esta patología, se observa una actividad cerebral muy concreta: una red de activación neuronal que recuerda a la de las personas que padecen un trastorno de estrés postraumático.
Justine estaba fascinada y, a la vez, un poco perdida.
—Perdone, profesor, pero todo esto, ¿qué tiene que ver con Adèle?
—Pensaba que lo había entendido —respondió, de forma brusca, Chappuis—. Adèle es el alter ego de Oriana…
—¿El alter ego ?
—La otra personalidad, si lo prefiere.
3.
El aire dubitativo de Justine parecía irritar al psiquiatra.
—No ha comprendido usted bien lo que le he dicho —la abroncó como si fuera una mala alumna.
—Vuelva a explicármelo, entonces —se defendió ella.
—Vamos a ver; en los trastornos de identidad disociativos, cada trauma hace que nazca un alter ego . La muerte de la madre de Oriana dio lugar a que naciera en ella otra personalidad: una joven que se llamaba Adèle Keller.
Chappuis formó un balancín con sus manos.
—Ambas personalidades funcionan como sendos bornes de una pila.
En un principio, Adèle es un alter ego protector que entra en escena para compensar las debilidades de Oriana.
Porque esta parece fuerte a ojos de los demás, pero se siente débil.
Adèle, por el contrario, parece débil, pero lleva en su interior una fuerza mental poco común.
Justine se acordó de una frase de El último metro , la película de François Truffaut: «Hay dos mujeres en usted».
—Pero usted me ha dicho que la había curado…
—Yo también tenía esa esperanza. Lo que pasa es que nadie termina realmente de curarse de un TID. A lo largo de los años, Adèle fue reaflorando en los momentos de estrés y fuerte tensión: cuando apresaron a Oriana en Siria, cuando murió su padre y, supongo, cuando se enteró de que tenía cáncer.
—¿Oriana era consciente de todo esto?
—La mayor parte del tiempo, no. Ese es precisamente el problema.
No existen reglas fijas con los TID. Cada paciente vive la experiencia de manera distinta.
Pero en una disociación fuerte, como es el caso que nos ocupa, la personalidad anfitriona no siempre se da cuenta de que ha tomado el control el alter ego . Y viceversa.
—¿Cómo que «viceversa»?
Chappuis se explicó.
—A veces la personalidad anfitriona y su alter ego viven vidas separadas. Compartimentadas casi por completo, como si existiera una amnesia entre las distintas personalidades.
—Usted hablaba de que una «toma el control». ¿Cómo ocurre eso exactamente?
—Cuando las personalidades se alternan, es como si otro ser tomara el control del cuerpo de la persona. Las expresiones de su rostro, su postura, su voz, incluso, pueden transformarse.
—Y eso, ¿cuánto tiempo lleva?
—Un switch , que es el término que algunos utilizan, puede ser muy rápido. A veces bastan unos segundos si la situación por ejemplo es muy tensa. Puede llegar a ocurrir que el alter ego y la personalidad anfitriona sean conscientes al mismo tiempo y dialoguen entre ellos en voz alta.
Justine tuvo, de pronto, una visión espeluznante de un extraño campo de batalla en el que yacía el cuerpo de una mujer que se retorcía de dolor ante las acometidas de dos fuerzas invisibles que luchaban por controlarla.
Aquellos pensamientos tortuosos conllevaban, sin embargo, una gran excitación, pues las revelaciones de Chappuis arrojaban sobre la investigación una luz decisiva.
Se elucidaba el dédalo, abriéndose la vía a una salida del laberinto.
La inspectora insistió al médico en la cuestión de la conciencia.
—Hábleme de la vida interior de esos alter ego . ¿Adèle vive en parte en su inconsciente?
—Algunos alter ego tienen un mundo interior autónomo rico y elaborado. Se han construido un background , un sistema de pensamiento, unos recuerdos en los que creen a pies juntillas. Una realidad paralela que ignora a la personalidad anfitriona.
—Pero esos alter ego , ¿son conscientes de que lo son?
—Pues no siempre. Esa es la cuestión.
A Chappuis, quien por un instante volvió a sus recuerdos, se le enturbió la mirada y a su regreso dijo, con un tono helador:
—Un alter ego puede tener veleidades de imponerse a la personalidad de base. Puede querer eliminarla, sin ser consciente de que eso supondría su propia desaparición. Y a mí no me extrañaría que eso fuera lo que pasó en el caso de Adèle y Oriana.
4.
«Un enemigo interior…».
Ahora Justine lo veía todo más claro. Los engranajes de su cerebro se desatascaban, los piñones del mecanismo se movían e izaban hacia la luz ese misterio con el que la inspectora había bregado desde el principio.
Con ayuda del médico recorrió cada paso del hilo de su investigación e integró ese nuevo dato que lo cambiaba todo. Poco a poco, tomó forma una hipótesis.
Otoño de 2022. Oriana se entera de que tiene un tumor en el cerebro y de que solo le quedan unos meses de vida.
El estrés que tal noticia le provoca da lugar a la reaparición de su alter ego , Adèle Keller, quien empieza una relación imaginaria con Adrien Delaunay.
Prueba de esa quimera —que solamente existe en la cabeza de Oriana-Adèle— es el diario íntimo de Adèle Keller.