Alguien cercano Capítulo 6 Las deudas de David #4
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Capítulo 6 Las deudas de David #4

—Queda arrestado por obstrucción, fraude financiero, ocultamiento de pruebas y robo de vehículo. Los otros cargos dependerán de lo que encontremos en la memoria.

David no protestó.

Los agentes se acercaron para esposarlo.

—Detective —dijo antes de levantarse.

Rivas se volvió.

—Hay una grabación en esa memoria que debe escuchar primero.

—¿Cuál?

—La carpeta se llama “Última reunión”.

—¿Con Mateo?

David negó lentamente.

—Con Tomás.

En la comisaría, Lucía conectó la memoria a un ordenador aislado.

Marta permanecía detrás de ella. Samuel había regresado a casa de Laura, aunque solo después de que Marta prometiera llamarlo en cuanto supiera algo importante.

La memoria contenía cientos de archivos.

Extractos bancarios.

Copias de correos electrónicos.

Contratos falsos.

Grabaciones.

Lucía abrió la carpeta llamada “Última reunión”.

Había un solo archivo de audio, registrado la tarde de la muerte de Clara.

Primero se oyó el ruido de una puerta.

Después, la voz de Tomás.

—No deberías haber guardado copias fuera de la oficina.

Clara respondió con calma.

—No deberías haber firmado informes falsos.

—No entiendes la situación.

—Todos dicen lo mismo.

—Mateo comenzó esto, pero ya no lo controla.

—¿Quién lo controla?

—No puedo decírtelo.

—Entonces lo explicarás ante la policía.

Tomás soltó el aire con fuerza.

—Escúchame. Borra los archivos y deja que yo corrija las cuentas.

—¿Devolviendo doscientos mil dólares?

—La cantidad es mayor.

Hubo un silencio.

—¿Cuánto mayor? —preguntó Clara.

—Casi medio millón.

Marta sintió que el estómago se le cerraba.

—¿De dónde salió ese dinero? —continuó Clara en la grabación.

—De varias empresas.

—¿Quién utilizó mis credenciales?

Tomás no respondió.

—Fuiste tú —dijo Clara.

—Algunas veces.

—¿Y las demás?

Se escuchó el roce de una silla.

—Hay una persona que conoce todos tus datos —dijo Tomás—. Tus contraseñas antiguas, las preguntas de seguridad, incluso la firma de Daniel.

Clara guardó silencio.

—No —dijo finalmente.

—Lo siento.

—Estás mintiendo.

—Revisa la cuenta principal de Northpine. El beneficiario real aparece en los documentos originales.

—Dime el nombre.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque ya sabe que has descubierto el fraude.

La grabación se interrumpió durante unos segundos.

Después regresó con un sonido diferente. El micrófono parecía estar dentro de un bolsillo.

Clara habló otra vez.

—Sal de mi casa.

—No he venido a amenazarte.

—Entonces vete.

—Clara, espera.

—Mañana entregaré todo.

Una puerta se cerró.

Después se escucharon pasos.

Clara parecía estar sola.

Durante casi un minuto solo se oyó su respiración y el ruido de papeles.

Entonces sonó el timbre de la casa.

La grabación captó los pasos de Clara bajando.

Una puerta se abrió.

—¿Qué haces aquí? —preguntó.

La persona que estaba al otro lado respondió.

Era una voz masculina.

Familiar.

—Tenemos que hablar antes de que cometas un error.

Marta se acercó al altavoz.

Reconoció la voz.

No era la de Mateo.

No era Tomás.

Tampoco Ernesto.

Era David.

En la grabación, Clara respondió con cansancio.

—Ya hablamos.

—No sobre esto.

—Tienes hasta mañana.

—No puedo esperar hasta mañana.

—David, vete.

—La memoria. Sé que guardaste una copia.

Marta dejó de respirar.

La voz de Clara cambió.

—¿Quién te lo dijo?

—Entrégamela y podremos arreglarlo.

—¿Arreglar qué? ¿El robo? ¿Las mentiras?

—No sabes lo que me harán si hablas.

—Tú elegiste participar.

—No tuve elección.

—Siempre hay una elección.

Se escuchó un movimiento brusco.

—No me toques —dijo Clara.

—Solo quiero la llave.

—Suéltame.

Después llegó el sonido de algo cayendo.

La grabación terminó.

Nadie habló.

Lucía miró la pantalla.

Marta permaneció inmóvil, con una mano sobre la boca.

David había dicho que se marchó a las siete y media.

Había asegurado que nunca entró en la casa.

Pero la voz de la grabación demostraba que regresó.

Y Clara había pronunciado sus últimas palabras mientras luchaba con él.

Cuando Rivas entró en la comisaría acompañado por David, Marta ya estaba esperando frente a la puerta.

David levantó la cabeza al verla.

Las esposas brillaban bajo la luz.

—Marta…

Ella caminó hacia él.

—Volviste a la casa.

David palideció.

—Puedo explicarlo.

—Clara grabó la conversación.

Él dejó de moverse.

—Te pidió que la soltaras.

—No la empujé.

—Mentiste desde el principio.

—Porque sabía cómo parecería.

—¿Cómo debería parecer, David?

Los agentes permanecieron cerca, preparados para intervenir, pero Marta no intentó golpearlo. Su voz era baja y firme.

—Fuiste a buscar la memoria. La sujetaste. Después apareció muerta bajo las escaleras.

—Me fui antes.

—Eso dijiste sobre la primera visita.

—Esta vez es verdad.

—¿Quién llegó después de ti?

David miró a Rivas.

—No lo vi.

—Entonces ¿cómo sabes que alguien llegó?

—Porque Clara seguía viva cuando me fui.

Marta sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.

—También estaba viva cuando la encontré. Eso no te hace inocente.

—No la empujé.

—¿La dejaste herida?

—No.

—¿La amenazaste?

—Solo quería que me entregara la llave.

—La sujetaste.

David cerró los ojos.

—Sí.

—¿La lastimaste?

—Le apreté los brazos. Nada más.

Las marcas encontradas por el forense.

Marta sintió que la rabia le quemaba el pecho.

—Tú dejaste esos hematomas.

—Pero no la maté.

—¿Por qué debería creerte?

David levantó la mirada. Ya no había desafío en su rostro, solo miedo.

—Porque cuando salí de la casa vi a alguien esperando al final del camino.

Rivas dio un paso hacia él.

—¿A quién?

David respiró lentamente.

—No reconocí el automóvil, pero vi a la persona cuando bajó.

—Diga el nombre.

David miró a Marta.

—Era alguien que Clara habría dejado entrar sin hacer preguntas.

—¿Quién?

La voz de David apenas fue un susurro.

—Mateo.