CAPÍTULO 19 EL MECANISMO DE LA VENGANZA
El bufete de abogados del pueblo natal no imaginaba el tamaño del monstruo empresarial que acababa de despertar.
En cuanto Gabriel colgó el teléfono tras la llamada del pastor Efraín, no se quedó de brazos cruzados esperando que los villanos llegaran.
Entró a la oficina privada del taller de Los Centinelas, abrió su computadora de alta gama y activó las conexiones corporativas de su familia.
En cuestión de minutos, su equipo de auditores financieros de élite e investigadores privados ya estaba escarbando en las cuentas ocultas de la constructora de los padres de Julián y en el historial del propio muchacho.Para cuando el abogado Mateo llegó a la sede de los motoqueros, con el rostro serio y el maletín en la mano, Gabriel ya lo esperaba con una carpeta impresa llena de documentos confidenciales obtenidos mediante rastreos bancarios cruzados.
Mateo lo puso de inmediato al tanto de la situación legal de la niña, explicándole la estrategia sucia que los aristócratas pretendían usar en los tribunales para arrebatarle la custodia a Paula alegando inestabilidad financiera.Gabriel soltó una risa fría, gélida, que hizo eco en las paredes de la oficina.
—Ellos creen que vienen a jugar con una madre soltera indefensa, Mateo —dijo Gabriel, deslizando la carpeta sobre el escritorio—.
Pero se acaban de meter en mi terreno. Mira esto.Mateo abrió la carpeta y sus ojos de abogado penalista se abrieron de par en par.
Gabriel le explicó el resultado de su investigación exprés: los padres de Julián buscaban desesperadamente a Paz porque Julián era una ficha delictiva completa.
El muchacho no solo se gastaba la fortuna familiar en vicios, sino que había estado utilizando las empresas y las cuentas de la constructora de su propio padre para una red masiva de lavado de dinero vinculada a mafias locales.
Los padres lo sabían y estaban tratando de limpiar el apellido usando la figura de una nieta sana para desviar la atención y simular una estructura familiar respetable ante los bancos.
—Tienen todo su dinero metido en ese fraude, Mateo —sentenció Gabriel, ajustándose el chaleco de cuero—.
Tú encárgate del documento notarial que firmaron hace tres años.
Del resto de la demolición legal y económica me encargo yo con una sola llamada a la Unidad de Inteligencia Financiera.