Epílogo
Alyssa
E staba sentada en el porche cuando vio a Nick corriendo hacia ella. Se levantó con dificultad aferrándose a su vientre y se agarró a la barandilla al tiempo que el chico llegaba hasta donde estaba.
—Erik está en el pueblo con dos mujeres y una niña muda. Los van a instalar en la casa de las visitas.
—¡Jack! —lo llamó Alyssa para que saliera.
—¿Qué ocurre?
—Erik ha vuelto —le respondió la mercenaria.
Ambos fueron con Nick para encontrarse con su viejo amigo.
Al llegar a la casa, lo vieron bajar la corta escalera para rodear a Alyssa con un fuerte abrazo.
—Estás gorda… —murmuró al soltarla, haciéndola sonreír, y luego le tendió la mano a Jack.
—¿Te vas a quedar? —preguntó el actor.
—No, creo que no, he traído a unas personas que he ido encontrando por el camino.
Señaló hacia la casita y entraron a conocer a las nuevas. Una de ellas, con los ojos muy vivaces, se acercó a Alyssa y extendió la mano para tocar su abultado vientre, no obstante, se detuvo antes de llegar.
—Estoy de ocho meses, pero no pienso dejar que salga de ahí —bromeó Alyssa al ver que quería tocar su barriga.
Erik soltó una carcajada y la mujer avanzó un poco más. La mercenaria cogió su muñeca y la acercó para que lo hiciera.
—Puedo ayudarte… —susurró acariciando su vientre.
Ambas se miraron y Alyssa se giró hacia Erik.
—¿Me has traído una salvadora?
—Soy una doula , o lo era… antes de…
Alyssa la estrechó en un fuerte abrazo. Tener a una mujer que podía asistirla en el parto y hacer que fuera más llevadero, había sido un regalo del cielo.
Estaba segura de que con sus cuidados y el médico todo iría mucho mejor.
Todos se dirigieron hacia la mesa para sentarse a comer algo que habían traído Ray y Nick.
Erik salió al porche y la mercenaria lo siguió. Lo encontró mirando hacia el lugar donde él mismo había dado sepultura a Kim.
—¿Vamos? —Dio un toque en su hombro para que la acompañase.
Los dos caminaron en silencio; su amigo tenía la tristeza dibujada en la mirada. Al llegar, clavó una rodilla en el suelo y dio un beso a sus dedos para luego pegarlos a la tierra.
—¿Vivís bien aquí? —le preguntó a Alyssa.
—Nos faltas tú.
—¿No me preguntas por Tony?
—Pensé en él cuando te he visto llegar, pero…
—Ha muerto… Nos cogieron desprevenidos; yo escapé por los pelos con la ayuda de la niña, que me mostró un pasadizo en la ciudad.
—¿Lo viste caer? —dijo la mercenaria intentando averiguar si era verdad lo que decía.
Erik asintió y se levantó para luego girarse hacia ella.
—Está muerto, estoy seguro.
Alyssa cerró los ojos inundada por mil recuerdos, inspiró con fuerza y notó que una lágrima resbalaba por su mejilla. Jack no estaba lejos, así que había escuchado a Erik. Rodeó a la mercenaria con un brazo y miró hacia el cementerio.
Ella pensó en Tony; lo que sucedió había roto su amistad, pero habían vivido toda una vida juntos, rescatándose uno al otro y ayudándose en este mundo hostil.
—Haremos un funeral. Tal como merece —murmuró Jack contra el pelo de su mujer, dejando en él un suave beso.
Estaban todos reunidos en la plaza que, poco a poco, se había convertido en el cementerio del pueblo. Alguien clavó una cruz en el suelo mientras un hombre rezaba algo de una biblia. Ray estaba de pie junto a los mercenarios y le dio una palmada a Erik en el hombro.
—¿Piensas irte? —le preguntó su antiguo sargento.
—Me quedaré. Me vais a necesitar cuando ella tenga al bebé —sentenció Erik, alejándose de la plaza para volver a la casa.
Esa misma noche el pueblo se reunió, sacaron mesas a la calle y comida de cada casa; todos se sentaron para celebrar el regreso de Erik y para despedir a Tony.