Al pasado se lo llevaron las bombas 26. Hasta pronto, Erik
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26. Hasta pronto, Erik

Alyssa

Y a estaban en el gimnasio cuando llegó Danielle para hablar con Jack. La mano del actor se estiró buscando la de Alyssa, la estrechó con cariño entre sus dedos y al levantarse dejó un beso en los nudillos de la mercenaria, luego la soltó para acercarse a hablar con la madre de sus hijos.

—¿Qué haces aquí?

—Quería saber cómo estabas, ¿cómo no voy a querer saber de ti si soy tu mujer? —espetó.

—Ya no eres mi mujer. Lo nuestro se terminó antes de que me fuera —matizó cansado.

Danielle dio un puñetazo en la mampara que lo sobresaltó y se marchó enfadada. Jack volvió para sentarse fuera con Alyssa y Erik.

Este se había reunido con ellos cuando regresaban del pueblo, los había encontrado por el camino, o tal vez les estaba siguiendo, era un misterio.

—Me voy a ir por mi cuenta un tiempo.

—Preferiría que te quedaras, pero respeto tu decisión —contestó Alyssa, sabiendo por lo que estaría pasando en aquellos momentos.

—He vuelto para ayudaros con el traslado.

—Estoy con Alyssa, lo que decidas lo respetaremos, aunque siempre que necesites algo ya sabes dónde vamos a estar —respondió Jack—. Y ahora, ¿alguien va a contarme lo que pasó con Tony?

Erik rebufó y se marchó para dejarles solos. Alyssa le observó hasta que se tumbó en una de las camas del gimnasio.

—Tony se coló en mi cuarto y me besó a la fuerza. Se me echó encima. Creo que él mismo fue consciente de su conducta. No hubo más. Estaba borracho y no voy a decir nada a su favor. Erik y Kim estaban cerca y me ayudaron.

—Lo voy a matar —dijo con frialdad.

Alyssa le sonrió y buscó su mano con la de ella, entrelazando los dedos. Mientras miraba sus manos, Jack murmuró:

—¿O prefieres matarlo tú?

No pudo contener una carcajada al oírlo.

—Ninguno de los dos. Tony ha decidido marcharse y me da igual lo que haga. Está aclarado y zanjado, no quiero hablar del tema. Tampoco quiero que tú hagas algo al respecto, prefiero que te mantengas al margen —le advirtió.

—Ahora me voy a quedar con las ganas de darle un puñetazo.

—Mejor, así te ahorras que te lo devuelva y te rompa algo.

Jack rio entre dientes algo más relajado y la abrazó para besarla.

—¿Tú estás bien?

—Mientras no se acerque a mí, sí.

Unos días después entraban al instituto para prepararlo todo y marcharse. Alyssa con Roxy y Ron bajaban por las escaleras para el primer traslado de personas, habían decidido hacerlo en tres grupos.

Ray organizó la primera salida mientras todos hacían preparativos, Alyssa repasó mentalmente cada centímetro de aquel lugar que iban a dejar pronto. Había vivido cosas buenas allí, y mucha gente se había salvado gracias a ese edificio y la protección de los mercenarios.

Miró hacia la terraza cuando estaban en la entrada y casi podía ver a Kim sonriéndole desde arriba. Apretó la mandíbula con fuerza y sintió la mano de Jack apoyándose en su hombro.

—¿Todo bien?

Alyssa asintió y al girarse se encontró con el grupo que iba a salir primero. Ya estaban reunidos en la puerta.

El viaje de ida al nuevo pueblo fue lento y largo. Erik fue el que más vigiló y se encargó de controlar que no hubiera obstáculos. Jenn y sus hijos se quedaron con Roxy y Ron en su nuevo hogar.

Pasaron la noche en las casas que les habían asignado y descansaron del largo viaje. A la mañana siguiente, volvieron a emprender la marcha de vuelta para recoger otro grupo.

Agotados después de tantos kilómetros recorridos y de regreso en el instituto, durmieron a pierna suelta. Jack había recogido sus escasas pertenencias y estaban durmiendo en la habitación de ella. Se sentía muy cómoda con su brazo rodeándole la cintura.

Se despertó a medianoche y lo besó, se detuvo para mirarle y él sonrió perezoso. Aquellos labios despertaban siempre a las mariposas de su estómago con ese suave vértigo que la hacía tan feliz.

—No quiero que me dejes dormir, quiero más —dijo lanzándose a por ella.

Después de hacer el amor, Alyssa y Jack volvieron a quedarse dormidos.

Hicieron otro viaje más con otro grupo. El mismo tiempo. Las mismas paradas. Descansaron de nuevo allí y volvieron para el último viaje. Ahora solo les quedaba un traslado y al fin podrían volver para instalarse y rehacer sus vidas.

Por la mañana, los hijos de Jack le esperaban dando saltitos en la entrada del instituto. Any no miró a Alyssa y evitó acercarse a ella. Algo había pasado, pero de momento no quería pensarlo.

Empezaron el trayecto y, al llegar a la altura de la casa donde habían hecho la cuarentena, Erik se detuvo en la entrada.

—¿Aly? Sé feliz —le pidió Erik con voz áspera—. Dame un abrazo.

Alyssa intentó tragar el nudo que se le había hecho en la garganta al escuchar aquellas palabras.

—Quiero volver a verte —murmuró junto a su oído, y sintió cómo el gatito se removía dentro de su chaqueta. Sabía que aquello era una despedida—. Creía que ya no tenías al gato.

—Espero que nos volvamos a encontrar. No dejaré que me maten. —Erik le tendió la mano a Jack poniendo la otra mano en su barriga.

El actor había dado un paso atrás al oír la palabra gato, pero aun así estiró su brazo todo lo que pudo y agarró la mano de Erik, que sonreía con aire enigmático.

—Si no eres muy molesto, podríamos viajar juntos —le dijo a Tony que estaba algo alejado de ellos.

—Si vigilas mi espalda, yo vigilo la tuya —respondió.

Erik asintió y abrió un poco la chaqueta. El gatito asomó por la abertura. Jack dio un salto y se escondió detrás de Alyssa, agarrándola del brazo con demasiada fuerza. Erik rio entre dientes; luego señaló la cochera de la casa.

—Aly y yo encontramos dos motos y están ahí guardadas.

Tony asintió y sin decir nada a nadie se encaminó hacia la cochera. Antes de que llegase a la puerta para abrirla, Jack le agarró del hombro y le asestó un puñetazo con todas sus fuerzas.

—¡Jack! —jadeó Alyssa.

—Esto es por todo lo que nos has hecho pasar —espetó el actor, que apretaba los dientes.

Se frotó el puño mirando al mercenario con rabia. Tony no se movió, asintió y con una media sonrisa dijo:

—Me lo merezco, eso y más.

Esperaron mientras los dos se alejaban, despidiéndose del grupo con el brazo, y todos levantaron sus manos para decirles adiós al verlos pasar.

El resto del camino fue tranquilo, aunque Danielle soltaba alguna pulla en contra de ella cuando le parecía. En una de las paradas, Jack agarró del brazo a la madre de sus hijos, después de una de sus pullas, llevándosela a un lado para que los niños no los escuchasen.

—Nunca te he echado nada en cara, pero recuerda todo lo que has hecho, incluso delante de Any, con Jared, cuando os separasteis de nuestro grupo; has provocado que tu mejor amiga no quiera ni mirarte a la cara.

—¡Suéltame o grito! —exclamó, aunque Jack no la sujetaba con fuerza y se podría haber soltado ella misma.

La mercenaria vio las llamas de furia en los ojos de Danielle.

—Ahora vas a escucharme. Si vuelves a decir cualquier cosa sobre Alyssa delante de nuestros hijos me voy a cabrear mucho; si vuelves a meterte con ella, me voy a cabrear mucho y si se te ocurre hacer algo en contra de nosotros…

—Sí, sí, te vas a cabrear mucho. ¡Suéltame! —cortó Danielle las palabras de Jack, esta vez soltándose de un manotazo.

—Todo nuestro matrimonio he aguantado tus impertinencias y todos tus actos. Tú me alejaste de ti y ahora se acabó.

Alyssa, sintiéndose incómoda con todo aquello, se apartó y se sentó en el suelo junto a Ray y los niños.

Los gemelos de Jack, Richard y Lyssa se instalaron frente a ella al verla sacar las cartas para jugar una partida.

El actor siguió hablando con Danielle, farfullando maldiciones.

La pequeña Any también decidió sentarse con sus hermanos a jugar una partida.

—Lo siento, había dejado de hablarte porque mi mamá me dijo que por tu culpa mi papá no nos quería.

—Tu padre va a amaros siempre, da igual si está con vuestra madre o no —afirmó Ray mientras repartía las cartas.

Alyssa sonrió y abrazó a Any apretujándola con cariño.

—Yo estaré para lo que queráis, os quiero muchísimo y sabéis que, como dice Ray, vuestro padre siempre os va a querer más que a nadie en el mundo.

Jack se acercó para sentarse con sus hijos y Alyssa. El jefe le repartió las cartas a él también y tomaron un buen descanso antes de poder continuar con el viaje.

El resto del camino fue muy tranquilo. Al llegar al pueblo, Jenn estaba esperándoles en la plaza para entregarle los perros a su nueva amiga.

Nick les enseñó cada casa que iban a ocupar los nuevos.

Alyssa salió al porche y se apoyó en la baranda de madera para observar el lugar privilegiado que les había tocado.

A Danielle y a sus hijos les habían dado la casa de al lado, pero al final ella decidió poner distancia entre ellos instalándose al otro lado del pueblo; los pequeños no habían querido marcharse con su madre y se habían quedado con ellos.

Enfrente había un parque mal cuidado, sería un buen sitio de juego para Roxy y Ron que ya estaban disfrutando junto a los tres pequeños.

Ella se encargaría de adecentarlo en sus ratos libres y conseguir que fuera un lugar acogedor para todos.

El actor se puso tras ella, apoyando un brazo a cada lado de su cuerpo, y murmuró en su oído:

—Tenemos la nevera medio llena.

—¿Quieres quemar energías para vaciarla? —preguntó con tono burlón.

Jack la besó en el cuello y ella sonrió.

—No estaría nada mal.

Soltó una carcajada, se dio la vuelta para quedar de frente a él y se besaron con deseo, caminaron entre besos hasta la casa y cerraron la puerta tras ellos con una patada, dejando fuera todos sus problemas zanjados.

Sus vidas habían cambiado desde que se encontraron en aquel claro del bosque y Alyssa salvó la vida a Jack Miller, el cazavampiros.

Ahora empezaba una nueva vida para ellos.

Al viejo mundo se lo habían llevado las bombas junto con prejuicios y amigos que habían perdido de una forma u otra durante el camino.

Para el futuro, solo les quedaba dibujar una vida distinta, llena de nuevas alegrías y felicidad, creando momentos perfectos.