25. Demasiado duro
Alyssa
S entía miedo, un mal presentimiento la hizo removerse en cuanto vio que los tenían acorralados.
Cuando llegaron a la plaza, miró a su alrededor y todos estaban amenazados a punta de pistola, la gran duda era si los hostiles tenían munición, la misma historia de siempre.
El hombre que la apuntaba a la nuca rio entre dientes.
—¿Pensabas que podías avisarles? —hablaba con la boca torcida, demasiado cerca de su oído—. Te he visto haciendo señas a las cámaras.
Erik salió de la casa a empujones por un hombre que ya le apuntaba.
Alyssa puso su mente en marcha, sabía quién le seguiría.
Tony seguro que preveía su plan, él ya lo habría planeado.
Lo buscó con la mirada y lo vio junto a unas chicas y un niño, él asintió.
Repasó a los demás, Erik también hizo lo mismo, Kim le escupió en la cara al hombre que la había agarrado del brazo y sonrió.
—¡Seguro que esto es culpa tuya, niñata! —gritó Tony con tono despectivo, mirándola.
—¡Que te jodan, imbécil! Todo lo que pasa a tu alrededor no es por mi culpa.
—¿Pero cómo cojones han entrado? —dijo Erik, removiéndose ante el agarre de uno de los hostiles y soltándose con brusquedad—. ¡Estoy con Tony, debe de ser culpa tuya!
Algunos hostiles rieron, otros parecían confusos con la discusión que estaba empezando entre los tres.
Alyssa contestó con unos cuantos insultos, uno de los hostiles amenazó con matarlos si no callaban y Erik terminó defendiendo a Alyssa. Tony se encaró con él hasta que ambos empezaron a darse puñetazos.
—¡Ya te tenía ganas, hijo de perra! —gruño Erik, asestándole un puñetazo muy real en toda la nariz—. Desde lo de Alyssa estoy deseando darte una buena paliza.
—Bueno, si se matan entre ellos nos ahorran trabajo —se mofó el hombre que apuntaba a Jack.
Kim mordió al que la tenía cogida y se lio a puñetazos con él.
Alyssa se giró de pronto y le quitó el arma al que la apuntaba.
Disparó, no hubo suerte, no había munición, luego lanzó el arma por los aires contra un hostil.
Jack saltó a por otro y para cuando quisieron darse cuenta los niños y mujeres habían huido a esconderse y su equipo estaba defendiendo el pueblo.
Nick disparó a un par y su grupo retuvo a otro.
Alyssa mató al que tenía más cerca y fue a ayudar a Jack.
Durante lo que parecieron horas, la batalla fue dura.
De pronto Erik gritó. Fue tan desgarrador que todos se giraron para entender qué pasaba.
Solo quedaban en pie tres hostiles que fueron retenidos por la gente del pueblo.
Erik corría hacia alguien que había caído. Alyssa fue consciente enseguida de lo que había pasado y cayó de rodillas mirando a su amigo que abrazaba el cuerpo sin vida de Kim.
Notó cómo le escocían los ojos, las lágrimas ya resbalando por sus mejillas. Su cuerpo temblaba mientras veía que su amigo lloraba junto a la mujer que amaba.
Todo se paralizó en un instante.
Todos miraban al hombre que se inclinaba sobre la pequeña rubia.
Alyssa estalló en un llanto incontrolable y Jack la abrazó por detrás, sosteniéndola, ambos de rodillas.
Su corazón se partió en aquel mismo instante, otra pérdida más, pero no cualquier pérdida, era Kim.
Su mejor amiga, más que una hermana para ella.
La única familia que le quedaba.
Podía notar que su cuerpo entero temblaba. Como pudo, se puso en pie. Jack la tenía agarrada por la cintura, se desplazaba poco a poco, su cuerpo no se sostenía casi por los temblores.
Erik volvió a soltar un grito ronco de dolor, apretando contra su cuerpo a Kim.
Alyssa odió al mundo más de lo que nunca lo había hecho.
Ya no veía con claridad entre tanta lágrima.
Apartó la cara para esconderla en el cuello de Jack y dejarse llevar por la pena sin haber llegado hasta su amiga.
Él la agarró con fuerza, consolándola, solo con el silencio y sus propias lágrimas.
Cuando al fin tuvo fuerzas para seguir andando, se dejó caer de rodillas frente a su cuerpo.
Erik la miró y aflojó un poco el agarre para dejarla en el suelo.
Alyssa estiró su mano y pasó los nudillos por la mejilla de Kim.
Se fijó en su rostro de porcelana, aún con aquella purpurina dorada que decoraba sus párpados y mejillas.
Aún le brillaban los labios por el color fucsia que había usado esa misma mañana y ahogó un sollozo, su pecho estaba a punto de estallar en mil pedazos.
—Kim… Kim… —se estremeció.
Erik se levantó con su amor en brazos, miró a Alyssa con los ojos anegados de lágrimas y se llevó consigo a su tesoro más preciado. Jack tiró de ella para ayudarla a levantarse, pero negó con la cabeza y lloró con más intensidad, escondiendo la cara entre sus manos.
Las cosas después de la muerte de Kim pasaron a demasiada velocidad.
Erik estaba ausente y sumido en su pena.
Alyssa intentó abrazarle, pero él dio un paso atrás negándose a que le tocase.
Fue él quien cavó la tumba de su amiga y quien le dio sepultura.
Alguien preguntó si querían decir algo y Erik rebufó lanzando la pala al suelo, puso una rodilla sobre la tumba y se inclinó para besar la tierra húmeda que la cubría.
—Esto es una mierda —murmuró él, levantándose y marchándose de allí.
Tony también se fue, limpiándose las mejillas. Tal vez para ocultar su pena.
Alguien del pueblo ofreció una oración a Dios y todos entonaron un amén, luego Alyssa caminó acompañada por Jack hasta la casa donde se estaban quedando.
Erik salía cuando ellos llegaban. Alyssa puso la mano en su hombro, aunque de nuevo este se apartó con el ceño fruncido. Iba con su mochila y no se despidió. No tenía ganas de decirle nada, él tampoco lo aceptaría, pero esperaba volver a verle.
Jack estrechó a Alyssa en un abrazo, ella se dejó llevar por la pena y sintió que nunca podría superar esa pérdida.
Le murmuraba palabras de consuelo que ella no escuchaba con claridad, aun así, sus palabras y su voz la fueron calmando poco a poco.
El calor de su cuerpo la reconfortaba, le infundía paz.
La estrechó contra su costado, agarrándola por la cintura, y empezaron a subir la escalera que les separaba de la casa.
—Échate un rato, te hará bien —dijo él mientras la acompañaba a la habitación.
Después de eso, Alyssa durmió, lloró y sobre todo recordó.
No sabía cuánto tiempo había pasado llorando, pero salió para tomar el aire. Daba gracias de haber dejado a los perros encerrados aquel día, tal vez ahora lo hubiera perdido todo si no lo hubiese hecho así.
Roxy y Ron bajaron la escalera junto a ella y al salir al porche fueron corriendo a juguetear. Alyssa vio a unos niños que se enzarzaban jugando con los perros y sonrió con tristeza.
Jack llegó justo en el momento en que menos ganas tenía de hablar con nadie, dijo algo, pero la mercenaria intentó no escucharle. Notó que ponía la mano en su hombro. Esperó para ver si ella le contestaba y al final la dejó sola en el porche.
El calor de la mano de Jack sobre su hombro duró un buen rato después de que se fuera. Roxy y Ron ya estaban jadeantes y tumbados a sus pies. Alyssa veía como la vida continuaba sin Kim.
— ¡Venga ya! —La mercenaria sonrió al escuchar la voz murmurada de su amiga—. ¿Te parece bonito tener ahí dentro a un bombonazo como Jack Miller mientras tú estás lamentándote aquí en la calle? —Era una voz cantarina y alegre, como siempre.
—Tengo una conciencia muy mala —respondió sabiendo que no había nadie para escucharla.
— Aly, cielo, al pasado se lo llevaron las bombas. Vive el presente, el ahora . —Alyssa se giró, segura de que no había nadie tras ella, pero con la sensación de haberla escuchado hablar.
—Te voy a echar tanto de menos… —dijo sintiendo escozor en los ojos por las lágrimas.
— Ama, vive, ríe, perdona y sé feliz. Y que te quiten lo bailao .
Alyssa sonrió con melancolía al recordar las palabras que siempre le decía su amiga.
Kim ya formaba parte de su pasado. Miró hacia la puerta abierta de la casa, muy necesitada de consuelo, y sintió como algo invisible tiraba de ella.
Al entrar, Jack estaba sentado en el sillón hojeando un libro, levantó la vista y ambos se observaron un momento. Las lágrimas resbalaban de nuevo por sus mejillas y Jack se puso en pie para estrecharla con fuerza entre sus brazos.
Alyssa no supo el rato que estuvo llorando. Se sentaron en el sofá en silencio hasta que su estómago rugió.
—Creo que tengo hambre.
—Menos mal, llevas casi dos días sin probar bocado. —Jack agarró un mechón de pelo que caía sobre su mejilla y lo apartó con ternura, luego se inclinó para besarla. Alyssa deseaba que la besara, así que se entregó con deseo.
—Sigo teniendo hambre —repitió entre besos.
Jack rio al escucharla y salieron en busca de comida.
Después de una suculenta cena, ambos volvieron a la casa. Ray había salido con Tony hacia el instituto y Charly se había quedado allí con su hijo.
Aquella noche la pasaron juntos. Alyssa murmuró algo como «que me quiten lo bailao ».
El día siguiente lo dedicaron a ellos dos. Pasearon en silencio, hablaron sobre banalidades, recordaron a Kim, comieron e hicieron el amor. Aquella noche decidieron volver a casa para que Jack se reuniera con sus hijos y ayudar con la gente que quisiera trasladarse.