24. La emboscada #2
Cuando llegaron al campamento habían reforzado las medidas de seguridad en la entrada. Llamaron a un portón que parecía recién instalado, de madera, alta y fuerte. Nick y un par de hombres más, salieron a recibirles.
—¡Alyssa, Erik! Supongo que estos son vuestros amigos. ¡Pasad! El viejo estará feliz de veros por aquí —dijo él muy contento.
—Sí, hemos venido con algunos de nuestros hombres y Ray que es nuestro jefe. —Alyssa guiñó un ojo a Nick al decir lo del jefe y este le respondió con una sonrisa.
El grupo entró en las instalaciones y fueron guiados hasta la casa donde se habían quedado Erik y ella la última vez.
Allí esperaron tranquilos a que Robert fuera a hablar con ellos.
El viejo no tardó en llegar donde estaban, preguntó por el padre del niño, abrazó a Alyssa y le dio la mano a Erik.
Luego la mercenaria le presentó al grupo y fueron a ver al pequeño.
Todos iban tras Charly que encabezaba la comitiva junto a Robert, ambos iban hablando de Jonathan.
Al llegar, el mercenario se llevó una mano a la boca y sus ojos se inundaron de lágrimas.
El niño levantó la carita hacia su padre y por un momento pareció no reconocerle, se escondió tras la mujer que siempre le acompañaba y la agarró con fuerza mientras lloraba.
—No, mi papá se va a enfadar conmigo —gimoteó.
—¿Por qué tengo que enfadarme contigo? —Charly se había puesto en cuclillas dos escalones por debajo del niño.
—Me alejé del grupo y nos perdimos por mi culpa, luego mamá murió —dijo entre hipidos lastimeros.
Charly se adelantó casi de un salto y agarró al niño entre sus brazos, apretándolo contra su pecho mientras lloraban. Le daba besos murmurando palabras cariñosas que Alyssa no llegó a escuchar.
El grupo se dispersó para darles intimidad. La mercenaria, Kim y Erik volvieron a la casita seguidos por Jack.
Los cuatro se apostaron en el porche de la casa que les habían dejado para quedarse aquella noche.
Alyssa estaba apoyada en la baranda de madera acompañada por Roxy y Ron, Erik se sentó en uno de los escalones y Jack y Kim ocuparon las dos mecedoras.
Nadie dijo nada durante un rato mientras observaban a la gente paseando en la calle, los niños jugando en una pequeña plaza de la esquina, los pájaros haciendo nidos en los árboles.
De pronto, Kim suspiró y Erik se giró para mirarla.
—Me siento como en casa —murmuró ella.
—¿Vivías en una urbanización de lujo? —se burló él mientras se levantaba y la agarraba de la mano para llevársela dentro.
—¡No, tonto!, pero había niños y gente por todas partes. —Kim le besó y ambos se perdieron en el interior de la casa.
—¿Sabes? Me da miedo que no confíes en mí. —Jack tenía la mirada perdida cuando pronunció aquellas palabras.
Su voz sonaba pesarosa. Se giró hacia él, estaba pensativo. ¿Sentía miedo por lo que ella pudiera pensar?
—Yo tengo pánico por perderte antes de tenerte —reconoció.
Alyssa metió a los perros en la casa al ver cómo Jack la observaba con determinación. Salió del porche y se dirigió hacia una de las calles, escapando de él. Daría una vuelta antes de que llegase la hora de la cena para despejarse.
Roxy y Ron necesitaban descansar, durante el trayecto hasta el pueblo habían corrido más que nadie y habían estado alerta todo el tiempo. Eran un gran apoyo en los trayectos largos, los llevaría con ella a partir de ahora. Pero en ese momento era mejor que se quedasen en casa para descansar.
Jack
Decidió seguirla, no podía dejar las cosas así. Se había propuesto rehacer su vida y quería estar con ella. Saltó de la mecedora, tenía que convencerla de que podía confiar en él e intentar trasladar sus cosas a su habitación en cuanto volvieran.
Al salir del porche no la vio. Aquello no podía ser tan grande. Al final, la encontró charlando con Nick en el puesto de vigilancia.
—Se han estropeado dos cámaras —dijo Nick mientras señalaba el lugar en un mapa.
—Déjamelo a mí —se ofreció ella. Jack llegó hasta ellos y le quitó el mapa.
—Te acompaño.
Alyssa aceptó de mala gana, se notaba que no tenía ganas de montar un número delante de los otros y sabía que si le llevaba la contraria podían empezar a discutir.
Caminaron, ella algo más adelantada, él observando su cuerpo desde atrás, delgada y fuerte a la vez. Cuando la veía andar con aquella seguridad, su cuerpo dejaba de responderle y solo atendía al deseo.
Se quitó aquellos pensamientos de la cabeza, en aquel momento tenía que centrarse en recuperarla. La agarró del hombro para que se detuviera.
—Te quiero, Alyssa. Estoy enamorado de ti. —Era lo más sincero que había dicho nunca.
—¿Qué? —murmuró ella, intentó decir algo más y entreabrió los labios.
Jack retuvo sus palabras, agarrándola por la cintura y besándola. Sus bocas se pegaron con deseo, temía que ella le apartase. Seguía sorprendida, así que él aprovechó para disfrutar del momento intensificando el momento.
Después de unos minutos, Alyssa se apartó mirándolo a los ojos. Se dio la vuelta y él tuvo ganas de zarandearla para que reaccionase.
Jack notó el frío cañón de un arma en su cuello y una risa ronca y macabra hizo que sintiera un escalofrío. Frente a ellos, cinco hombres con revólveres y escopetas de caza sonreían divertidos.
—No nos hagáis daño, por favor —tartamudeó la mercenaria con voz de niña asustada.
Él esperó para ver qué hacían, Alyssa no le hizo ninguna señal mientras los hombres los empujaban para ponerlos a los dos de frente. Ella parecía estar estudiándolos, su gesto era serio y calculador.
—Mira, este bomboncito parece que tiene miedo —dijo un viejo con la piel surcada por millones de arrugas—, ¿me la puedo quedar?
—¡No, por favor, no! —exclamó ella, fingiendo.
Jack la miró con el ceño fruncido y notó un pequeño gesto en su rostro.
—No dejarán que nos hagáis daño, somos muchos más —le advirtió él. Alyssa casi sonrió al escucharle.
Los hombres empujaron a ambos en dirección a la calle donde vivían los demás.
En el camino, había un par de cámaras que sí funcionaban, así que Alyssa miró hacia ellas e hizo una señal para que estuvieran alerta.
Al llegar a una pequeña plaza, Robert estaba en el porche de su casa. Allí había más hostiles y apuntaban a la mitad del pueblo. Alyssa calculaba cuál podía ser su próximo paso.