Al pasado se lo llevaron las bombas 24. La emboscada
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24. La emboscada

Alyssa

—V oy a buscar a Charly y averiguaremos si tiene hijos, igual hemos reunido otra familia sin querer.

Alyssa se dio la vuelta para irse.

—¿Me puedes contar qué ha pasado? —preguntó Ray haciendo que se detuviera.

—No, es cosa nuestra —contestó con frialdad.

—Arréglalo, no quiero que se vaya.

—No puedo. Preferiría que se fuera.

Ray se desplomó en la silla y miró a Alyssa, confundido.

—Ve a buscar a Charly y ya me contáis —decidió él al ver que no iba a sacarle más sobre el tema, despachándola con un gesto de la mano.

Asintió y dejó la sala antes de que siguiera interrogándola. Al salir, apoyó la espalda en la puerta y pensó en Tony. Cuando llegó y se acercó a ella, su simple presencia le hizo sentir diminuta, dolorosamente pequeña. No, no lo quería cerca.

Aquella noche, mientras cenaba en la cafetería con Erik y Kim; Charly y algunos compañeros más se unieron a ellos, Alyssa aprovechó el momento para contarle lo del muchacho que habían conocido.

—Estuvimos en un pueblo donde la gente vive en casitas perfectas con luz y agua —dijo Erik iniciando la conversación—. ¡Tienen whisky y vino!

Unos murmullos de admiración hacia la bebida y unas risotadas llenaron el ambiente.

—Allí encontramos a un niño de unos siete años —añadió ella, se dirigía a Charly para ver su reacción, pero no dijo nada ni la miró—, nos contaron que estaba buscando a su padre y que este se llamaba Charly.

En ese momento su compañero levantó la vista y se encontró con la mirada inquisitiva de Alyssa.

—¿Jonathan? —preguntó con la voz ronca por la emoción.

—Me parece que sí. ¿Por qué no nos dijiste que tenías un hijo? Te hubiéramos ayudado a buscarlo —comentó Alyssa mientras se llevaba a la boca el tenedor.

Todo el mundo permanecía expectante a la conversación.

—Si te digo la verdad, creí que estaba muerto. En cuanto amanezca saldré a buscarlo.

—¡Y un cuerno! —exclamó Erik poniendo cara de satisfacción—. ¡Uf! ¡Parezco un actor de los cazavampiros!

Casi todo el grupo estalló en carcajadas al escuchar a Erik. El actor secundario de los cazavampiros, Jared, se pasaba el rato mandándolo todo al cuerno y ahora era la comidilla del grupo. Todos bromeaban respecto a él y su papel, como habían hecho con Jack cuando se unió a ellos.

—¡Al final va a resultar que eres fan de la serie y todo! —bromeó la mercenaria, y le dio una fuerte palmada en la espalda aprovechando que Kim, que estaba sentada en medio, se había movido hacia delante, lo que hizo que Erik dejase de reír de repente y la mirase con los ojos entrecerrados.

—¡Y un cuerno! ¡Pero conozco a cuatro actores de la serie y a sus hijos, eso me da derechos! —Erik estaba muy animado alborotando al grupo.

Todos estallaron entre gritos y risas estrepitosas, Charly estaba serio y fruncía el ceño, Alyssa estiró su brazo por encima de uno de sus compañeros y le dio un toque en el hombro para llamar su atención.

—Vamos a ir contigo. Mañana organizaremos la salida, prepararemos provisiones.

Mientras la mercenaria hablaba con Charly, todos se habían quedado en silencio escuchando el plan.

—¿Quién va a ir? —preguntó uno de los hombres que ahora pertenecía al grupo de mercenarios que encabezaba Ray.

—Pues Ray, Erik, Charly y yo —respondió Alyssa.

—Creo que mi amorcito también viene —recalcó Erik después de chasquear la lengua varias veces— y tengo entendido que Tony también.

El resto os vais a tener que quedar vigilando el fuerte, nos vamos los principales porque nos han invitado a vivir allí y queremos ver si es factible —señaló enfatizando la última palabra.

—¡Caramba, Erik! ¡Pareces un jefe! —dijo Kim, que le abrazó y le dio un beso cargado de pasión.

La mesa al completo se puso a silbar y hacer pullas contra la pareja. A Alyssa le gustó el ambiente que se respiraba en aquel lugar, estaban mucho más unidos que antes del ataque a los hostiles y eso hacía que el instituto fuera ahora una gran familia.

Durante los preparativos, todo era un torbellino en el instituto, se había corrido la voz de que tal vez se mudarían a otro sitio donde cada familia podría tener su propia casa y eso les atraía bastante.

Alyssa coincidió con Jenn en la cafetería, ambas se abrazaron ya que hacía algún tiempo que no se veían.

—He dejado a Jared, por eso no me has visto, he estado un poco…

No terminó su frase, se notaba que estaba triste.

—¿Estás mejor? —Alyssa apoyó la mano en su hombro y presionó un poco para darle ánimos.

Unas voces hicieron levantar la vista a Jenn. Alyssa se giró para ver qué pasaba y se encontró con Danielle que estaba llegando hasta ellas.

—¡Buenos días! ¿No hace un día maravilloso? Jack y yo volvemos a ser una pareja feliz y unida —anunció la pelirroja con una sonrisa radiante.

La mercenaria sintió un pellizco en el corazón y se giró hacia su nueva amiga que tenía la cabeza agachada.

—Me alegro —dijo Jenn marchándose.

—¡Uy! ¿He dicho algo malo? —Danielle se llevó una mano al pecho ofendida por la marcha de Jenn.

—¿No erais buenas amigas? Deberías saberlo —aguijoneó Alyssa.

Se despidió con la mano y se alejó, dejando a Danielle con la palabra en la boca.

En su garganta se había hecho un nudo que estaba segura de que tardaría en deshacerse.

Tal vez lo mejor era desaparecer. Se quedaría a vivir con la otra gente, así no tendría que volver a ver a la pareja feliz durante un tiempo.

Intentó tragar las lágrimas que notaba a punto de derramarse.

Aquella noche, mientras vigilaba a sus perros y admiraba la silueta oscura del pueblo, Tony se acercó para hablar con ella. Se puso en cuclillas junto a Alyssa que dio un saltito para alejarse de él sin mirarle.

—No voy a hacerte daño.

—¿Y eso cómo lo voy a saber? ¿Por el hedor de tu aliento a alcohol?

Tony enmudeció y se sentó a una distancia prudencial para evitar que se fuera. Alyssa lo miró de reojo para cerciorarse de sus movimientos.

—Sé que no me merezco tu perdón, y en cuanto pueda me iré por mi cuenta. Solo quería que lo supieras, quería decírtelo —expresó con melancolía.

Alyssa no le miró siquiera, percibió que se levantaba y se alejaba a paso lento, arrastrando los pies.

Todo había cambiado tanto que casi no se reconocía. Su mejor amigo ya estaba fuera de su vida, había perdido a Jack y ahora se iría para siempre del instituto. Ya estaba decidido, se quedaría a vivir en el pueblo de Robert.

A la mañana siguiente ya esperaba con sus perros en la puerta del instituto y una mochila colgando de su hombro. Cuando llegó Kim donde estaba, ella la observó con una mano en la barbilla y una pose chulesca.

—¿Dónde vas tan cargada y con estos? —preguntó su amiga con voz cantarina.

—Puede que me quede allí.

Erik salió del instituto con un cigarro torcido y apagado entre sus labios. Kim se giró de repente para fijar su mirada en él, puso los brazos en jarra, agarró el cigarro y lo metió en su bolsillo con rapidez, luego ella se dio de nuevo la vuelta hacia Alyssa.

—Si te quedas, nosotros también —afirmó la pequeña rubia.

—Vale, me gusta la buena vida, allí te tratan como a un rey —se apuntó Erik.

Sin pensar lo que hacía volvió a sacar el cigarro del bolsillo y antes de que llegase a sus labios, Kim le dio un manotazo y lo aplastó destrozándolo entre sus dedos.

Alyssa estalló en carcajadas. Él no podía salir de su asombro mirando a su pareja. La pequeña rubia frotaba sus manos haciendo que el cigarro se esparciese por el aire.

Mientras las risas de la mercenaria lo inundaban todo, el grupo salió a su encuentro preguntándose qué había pasado. Ray, el último y muy serio, llevaba un mapa entre manos.

—Jefe, nosotros sabemos dónde está —dijo Erik, quitándole el mapa y plegándolo de forma meticulosa y perfecta.

Al iniciar la marcha, escucharon un alboroto que provenía del instituto y todos se giraron para ver a Jack que salía con una mochila, seguido de Danielle.

—Esperadme, chicos, yo también voy.

—¡Tú no vas a ningún lado! —gritó su mujer desde atrás, tirando de su brazo.

Jack corrió para alcanzarlos. Alyssa había visto cómo discutían, pero desde lejos no supo de qué hablaban. Tampoco quería saberlo.

En el camino iba vigilando, adelantándose al grupo con Erik y comprobando que no había peligros. Así evitaba hablar o acercarse a Jack. En una de sus escapadas, Kim fue con ella. La vigilancia era tensa y no les daba tregua.

—Algo que no entiendo de ti es por qué coño te autofustigas con Jack. Disfruta del momento y que te quiten lo bailao .

—Kim, déjalo, siempre con lo mismo.

—No, cielo, sabes que si hubieras disfrutado con él todo el tiempo que no ha estado la Danielle esa, ahora tendrías un millón de recuerdos guardaditos a buen recaudo.

—También tendría un Jack reconciliado con Danielle y un dolor que no podría ni soportar por haberlo perdido.

—¡Chorradas! No veo que Jack esté muy enamorado de esa pelagatos. Y tampoco te veo a ti feliz como una perdiz.

—Kim…

—¿No ves cómo te mira?

Alyssa escapó de la conversación corriendo hacia un claro para hacer su vigilancia. Cuando pudo, volvió con el grupo. Ya estaban a mitad de camino y había conseguido evitar a Tony y a Jack con éxito.

El grupo se detuvo para descansar y comer y Erik aprovechó para echar un vistazo a los alrededores. Alyssa se sentó, ya que había sido la que más se había movido, pero, al hacerlo, Jack lo hizo junto a ella.

—Tenemos que hablar.

—Parece que está de moda esa frase —ironizó.

—No estoy con Danielle. Le he dicho que cuando vuelva me trasladaré de habitación.

—No es lo que ella dice. —Sacó una botella de agua de su mochila y bebió.

—¿No confías en mí? —preguntó dolido.

Alyssa buscó en sus ojos, encontró una mirada sincera llena de miedos, su mandíbula se apretaba con fuerza esperando una respuesta. Suspiró y se levantó para marcharse, aunque Jack la agarró de la mano antes de que se fuera.

—Voy a hacer lo que sea para que me creas. Para estar contigo.

Un sentimiento extraño se apoderó de ella, algo que la puso nerviosa y a la vez ansiosa por que aquello pasase.