Al pasado se lo llevaron las bombas 23. Las cosas claras
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23. Las cosas claras

Alyssa

J ack volvió al gimnasio con sus hijos. Danielle corrió para arrodillarse frente a ellos, al otro lado del cristal de protección. Los niños lloraban ansiosos por abrazarla, pero no podían por la cuarentena.

Alyssa los observó un momento y decidió sentarse en su cama de espaldas al reencuentro. Una baraja apareció ante ella, Erik se la había lanzado.

—Juguemos.

—¿Póker? —propuso ella, que cogió las cartas, se puso a barajar y repartió.

Unos minutos después, él lanzó los naipes por los aires.

—No puedo concentrarme. —Agarró el tabaco que siempre llevaba encima y salió a la calle.

Ella lo siguió y se sentaron juntos en el murete.

—El cazavampiros ya tiene a su familia reunida —dijo Erik mientras encendía el cigarro.

—Si no te mata el tabaco lo hará Kim. —El tono divertido de Alyssa intentaba ocultar lo que sentía en esos momentos.

Las palabras de su compañero le habían aguijoneado de tal manera que solo trataba de disimular su ansiedad.

Él lanzó el cigarro sin terminarlo, haciendo que volase unos metros.

—Me pido vigilancia de terraza para los próximos dos meses —continuó Alyssa, pensando en todo lo que habían vivido desde el ataque al campamento hostil.

—Vale, me apunto, estoy harto de matar y caminar.

Aunque ambos sabían que aquello era imposible, tenían que regresar al pueblo donde vivían sus nuevos amigos, tal vez varias veces más.

Kim apareció corriendo desde el otro lado de la mampara y dio unos golpes en el cristal, Erik y Alyssa no la vieron y Danielle fue a avisarles. El militar saltó de su sitio rápidamente para ir a su encuentro.

El sol se estaba poniendo tras el gimnasio, balanceaba los pies y se los miraba con tristeza. Estaba recordando a sus dos perros y el tiempo que hacía que no pasaba un buen rato con ellos.

Levantó la mirada girándose en busca de los ojos verdes de Jack y se encontró con ellos.

Durante un segundo su corazón se saltó un par de latidos.

Sintió extrañamente un alivio que le aligeró el corazón.

Al mismo tiempo, la escena familiar que lo rodeaba le hacía perder la esperanza.

Su futuro, en aquel momento, era demasiado incierto.

Le inquietaba pensar en lo que pasaría a partir de ahora. ¿Tendría razón Tony y Jack solo estaba entreteniéndose con ella?

Danielle se dio la vuelta para ver hacia dónde estaba mirando su marido y Alyssa se giró rápidamente. No quería dar a entender nada, tenía que dejar que ellos dos aclarasen las cosas, que él pusiera en orden su vida.

Erik volvió al murete y dio un toque a Alyssa en el hombro.

—Kim quiere hablar contigo.

Alyssa fue hasta la mampara y su amiga la recibió con una amplia sonrisa.

—¡Sabía que lo conseguiríais, hermana! —dijo Kim, aplaudiendo y dando saltitos emocionada.

—Erik también ha hecho su parte, hacemos un buen equipo. —Alyssa sintió como su alma se calentaba con aquella felicitación. Tenía ganas de terminar aquel trabajo y ya estaba zanjado.

La rubia dio un par de saltitos más, feliz con que sus amigos hubieran conseguido lo que buscaban.

—¡Ay! Por cierto, Tony quiere hablar contigo. Ya le dije que se olvide.

—No hay nada de que hablar. —Alyssa no tenía las fuerzas ni las ganas de estar cerca de Tony. Ya no podrían volver a ser amigos.

Al principio sintió dudas, el tiempo juntos y todo lo vivido la empujaba a querer arreglar las cosas, pero con los días se reafirmaba más con que ella no podría volver a estar cerca de él. Le tenía miedo, no podía ni acercarse.

—¿Qué ha pasado con Tony? Estoy harto de oír cuchicheos sobre el asunto, quiero saber la verdad —las interrumpió Jack llegando hasta ellas.

Alyssa se fijó en su postura tensa y sus puños apretados. La sensación al ver cómo se preocupaba por ella era maravillosa y no pudo evitar una débil sonrisa que ocultó rápidamente.

Jack no podía meterse en aquel asunto.

—No es tu problema —dijo con más frialdad de lo que le hubiera gustado, y miró hacia otro lado para que no notase que deseaba abrazarle y besarle.

—¿Ah, no? Ya lo veremos si lo es o no —aseguró Jack apretando los dientes.

Se giró, recogió a los niños y, sin despedirse de Danielle, se marchó con los pequeños.

Kim también se fue, lanzando un beso con la mano a su amiga y a Erik, que hizo como si lo cogiera al vuelo y se lo devolvió con una exagerada teatralidad. La mercenaria fue hasta el murete para sentarse junto a él, que estaba volviendo a encenderse otro cigarro, ella sonrió al verle.

Danielle se apoyó en el murete de enfrente y, mirando a Alyssa con el ceño fruncido, preguntó:

—¿Qué hay entre Jack y tú? —Tenía la voz serena.

—Tú —contestó Erik con una sonrisa cínica.

Danielle, descolocada por la respuesta, jadeó. Alyssa le asestó una palmada en el brazo a su compañero y este se quejó exagerando el dolor.

—No le hagas caso. Lo importante es lo que hay entre Jack y tú.

La mercenaria no esperó respuesta, se levantó y fue hasta su cama tirando de ella para alejarla de las otras dos. No tenía ganas de compañía y se tumbó a esperar los resultados de la prueba tapándose los ojos con el brazo.

Cuando por fin les dieron carta blanca para volver al instituto, Alyssa salió con pasos rápidos en busca de sus peludos.

Mientras recorría el pasillo principal para llegar hasta su habitación en busca de Roxy y Ron, se encontró con Jack que caminaba hacia ella con ambos perros.

Al verla, los dos saltaron y gimieron de alegría, alcanzándola y lanzándola al suelo.

Ella reía despreocupada, lo que hizo que un grupo de personas se arremolinase a su alrededor para ver la felicidad de aquellos peludos con su dueña.

—¿Estás bien? No me gustaría que nuestra salvadora resultase engullida por estos animales —bromeó Jared.

Alyssa solo pudo asentir, ya que Roxy y Ron le estaban lamiendo la cara, se dejó caer y los perros se tumbaron en el suelo con ella mientras les hacía mimos y los abrazaba.

—Menudo espectáculo —se mofó Danielle despectivamente.

La mercenaria la miró desde el suelo, se levantó y se alejó del grupo para subir a su cuarto. Ni quería contestar ni se merecía una respuesta.

Jack

—Vaya, parece que le ha molestado lo que he dicho —señaló Danielle con voz inocente, agachándose para abrazar a sus hijos.

—No, Danielle, no ha sido lo que has dicho, más bien cómo lo has dicho —contestó Jack, molesto.

—Jared, ¿y Jenn? —preguntó ella con recelo por su amiga, él negó sin contestar.

Jack observó la conversación y supo que ocultaban algo; podía suponer lo que había pasado entre ellos, conocía muy bien a su esposa. Sus miradas eran casi cómplices. Así que pensó en Jenn, no la había visto desde hacía un par de días, tendría que ver cómo estaba.

—¿Cómo estás? ¿Qué pasó cuando nos separamos? —le interrogó Jared mientras ella besaba en la frente a Any.

—Ha sido duro. Jack, tenemos que hablar a solas. —Danielle agarró la mano de su marido y entrelazó sus dedos con los de él.

Aquel gesto le incomodó e intentó soltarse sin mucho éxito, como no quería problemas delante de sus hijos, simplemente asintió.

Tenían que aclarar muchas cosas, además no podía esperar ni un día más para subir e instalarse en la habitación de Alyssa.

—Jared, ¿te puedes llevar a los pequeños? —le pidió Jack mientras los empujaba hacia él, escuchando las quejas de los niños que querían pasar más rato con su madre.

—Claro.

Su amigo agarró las manitas de los gemelos y observó a Jack que se encaminaba a su cuarto.

Danielle no soltó su mano y caminó tras él. Al llegar al aula que usaban de vivienda para su familia, la hizo pasar.

Ella se entretuvo mirando las camas de sus hijos y la de Jack, mucho más grande, se paseó por delante de los pupitres donde estaban el agua y algunos vasos, luego se giró para mirar a su marido, ella tenía lágrimas en los ojos.

—Lo he pasado muy mal, no sé por qué has tardado tanto en buscarme —le recriminó, su voz sonaba ronca y se limpiaba las lágrimas con el puño de la manga.

—Empezamos a hacerlo unos días después de tu desaparición. De hecho, el mismo día que desapareciste nos encontraron Alyssa y los suyos, en cuanto terminó la cuarentena nos pusimos a buscarte.

Danielle se sentó en la mesa que había en el centro, frente a Jack, escondiendo la cara entre sus manos y frotándose los ojos con las palmas.

—Me violaron, Jack, fue horrible. Tuve que acostumbrarme a que abusaran de mí y rezar mucho para no volver a ser la próxima. —Danielle no tenía suficientes manos y mangas para limpiar sus lágrimas.

Jack se levantó y trajo unos pañuelos, pero no se acercó a consolarla.

—Lo siento mucho —dijo escueto. No sabía cómo actuar ante aquello.

—Te necesitaba tanto… —afirmó.

Lo miró con los ojos enrojecidos, aun así, Jack permanecía impasible, sentado frente a ella.

—Mentira.

Aquella palabra brotó de sus labios sin planearlo, aunque ahora ya estaba dicha.

—Jack, he cambiado mucho. Las circunstancias me han hecho cambiar, ahora sé que quiero estar contigo. Necesito que estés conmigo.

Él apretó la mandíbula con fuerza; sabía que, si cedía ahora, luego sería imposible terminar aquella relación. Sin embargo, con todo lo que le había ocurrido estaba sufriendo demasiado y era la madre de sus hijos.

Apoyó los codos sobre la mesa mientras intentaba no imaginar qué tipo de terrores había vivido Danielle.

Estiró su mano para agarrar la de su mujer y eso le hizo sentir que se estaba equivocando, un pinchazo en su pecho le avisó de que aquel no era el camino.

Su mujer lo interpretaría de otra forma. Él solo quería darle consuelo.

Después de eso, Alyssa ocupó por completo su mente. Aquella mujer dura de carácter, dulce en su manera de hablar y de tratarle. Apasionada en la cama. Y, sobre todo, que amaba a sus hijos tanto como a él, porque estaba seguro de que le amaba más de lo que ella misma admitía.