Al pasado se lo llevaron las bombas 22. Demasiados cambios
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22. Demasiados cambios

Alyssa

D espués de varios días caminando y durmiendo a la intemperie estaban agotados.

Durante un buen rato, Alyssa estuvo sentada en el suelo, frotándose los pies descalzos y doloridos. Erik bajó desde un árbol y la miró con la cabeza inclinada.

—¿Todo bien?

—Está siendo duro. —Sacudió los calcetines y se los puso. Soltó un quejido al ponerse las botas y se levantó.

Siguieron explorando; esta vez Erik marcaba el ritmo, algo más relajado.

Alyssa suponía que era por ella. De pronto, tropezaron con una urbanización de las que se construían para gente rica a las afueras de las grandes ciudades.

Tal como iban acercándose se vislumbraban pistas de tenis y zonas verdes.

Accedieron pasando por debajo de una barrera levadiza y caminaron con sigilo buscando el próximo lugar donde esconderse.

Había casas grandes y lujosas a las que seguro no les faltaría ningún detalle en el interior.

Pasaron por la puerta de un colegio, una zona comercial, también cruzaron un parque con columpios, y siguieron andando hasta que se toparon con las pistas de tenis que se veían desde el exterior, se veía también que era una zona deportiva con todo tipo de instalaciones.

—No sabía que existían este tipo de lugares, es un pueblo para millonetis…

—¿Crees que puede estar ocupado? —preguntó Alyssa.

—Deberíamos buscarnos algo así. —Él se agachó para pasar por debajo de un árbol que necesitaba una buena poda.

Con sigilo, se adentraron en la zona deportiva buscando lugares seguros.

—Sigo pensando que quiero vivir aquí —dijo Erik observándolo todo.

—Menudo lujazo —murmuró Alyssa.

Levantó la mano para que él se agachase, se acercó a ella por detrás para ver lo que había descubierto.

—Un niño —señaló la mercenaria controlando los alrededores.

No había nadie más, el niño tendría unos siete años, estaba muy delgado y caminaba hacia la piscina.

—¿Se va a tirar? —susurró Erik.

La piscina estaba igual de abandonada que el resto por donde habían caminado, salían malas hierbas de todas partes y el agua estaba verdosa. Algo flotaba en el agua que posiblemente había estado vivo antes, tenía forma de animal.

—Es una trampa.

Erik asintió y ambos esperaron a ver si el niño se tiraba a la piscina putrefacta.

En aquel momento un gatito negro con el pelo de punta pasó cerca de Erik, se puso a ronronear y eso lo distrajo. Lo acarició con una sonrisa extraña. El gato debía tener un par de meses. Alyssa levantó una ceja mirando a su nuevo y desconocido amigo al que ahora le gustaban los gatos.

—¿Qué? Los gatos son mejores que los perros. —Erik se abrió la chaqueta y cogió al pequeño animal embutiéndolo dentro y subiendo la cremallera—. Tú tienes perros, yo quiero este gato —dijo amenazante.

—Que no te lo vea Jack. —Sonrió al recordar su exagerada reacción cuando vio al gato en la casa del pueblo.

—¿Qué pasa con Jack?

Negó con la cabeza y volvió la mirada hacia el niño, que se había sentado en el borde de la piscina con los pies hacia adentro y observaba lo que fuera que había en el agua.

—¿Salimos?

—¿Tienes alguna prisa? —preguntó Alyssa mientras él se acomodaba al gatito.

—¿No me cuentas lo de Jack? —insistió Erik.

Mientras esperaban para ver qué hacía el dichoso niño, la mercenaria fue escudriñando los alrededores. No muy lejos le pareció ver que algo se movía entre la maleza. Le hizo un gesto a su compañero, indicándole que mirara en sentido contrario.

Al llegar allí, los hermanitos del gato de Erik se estaban montando una fiesta con su madre, estuvo un momento mirándolos y luego se centró en el pequeño.

Al girarse vio que una mujer se había acercado y estaba inclinada junto al niño, le hablaba muy bajito, tanto que Alyssa no podía saber lo que decían y sus gestos eran cariñosos con el pequeño.

Un hombre con una escopeta salió de entre la maleza que daba al parque por donde habían llegado ellos.

—Vamos, no perdáis el tiempo en gilipolleces —soltó con arrogancia.

Alyssa los observó; parecían hostiles, por su forma de vestir y que siempre usaban armas de fuego; aunque no pudieran usarlas, eran más amenazantes.

Erik a lo lejos asintió mirándola y señaló hacia la derecha, el lugar donde habían estado antes.

Al mirar hacia allí descubrió a tres hombres más.

La espera había merecido la pena, cualquier otro hubiese salido para ver si el niño necesitaba ayuda, ellos ya habían vivido suficientes cosas como para saber que debían esperar para no caer en la trampa.

—Jefe, hubiera jurado que habían entrado dos personas —afirmó uno de los hombres, el otro que llevaba una gorra asintió.

—Sí, ha entrado alguien, pero tal vez no estén en esta zona.

—Venían hacia aquí.

Alyssa se movió buscando más posibles hostiles, dio la vuelta despacio y siguió el perímetro que se había marcado con Erik.

Los hombres se llevaron al niño y a la mujer saliendo de la zona de la piscina.

—Saben que estamos aquí.

—Hay que evitar las cámaras de vigilancia —susurró Erik señalando una de ellas.

—Tenemos que averiguar cuántos son y si tienen más armas —dijo Alyssa.

—También hay que descubrir si tienen munición, aunque lo dudo. Además, seguro que tienen rehenes. —Erik hablaba mientras acariciaba al gato.

—Es posible.

Ella empezó a caminar agachada y salió de la zona de deportes, vigilando las paredes y postes por si había cámaras.

Se encontraron en una calle más limpia, césped cortado, se notaba que era donde vivían. El olor a comida llegó hasta ellos provocando que sintieran hambre, hacía días que no comían nada decente.

Unos hombres estaban de guardia vigilando el perímetro, los niños correteaban por una zona controlada por algún adulto. A Alyssa le pareció raro que hubiera niños con los hostiles, miró a Erik y este se encogió de hombros.

Un vigilante se acercó por donde estaban escondidos, ella contuvo la respiración un instante. Cuando lo tenían encima, se giró y se alejó oteando la zona.

Entonces, un grupo de personas salió de una de las casas, reían y llevaban comida en unas bandejas; otros estaban poniendo unas mesas en línea, en el centro de la calle.

—¿No deberíamos dejar la fiesta para mañana? Nick ha visto entrar a dos intrusos —preguntó uno de ellos que estaba cerca de las mesas.

—No os preocupéis. —El del pelo cano, que tendría unos setenta años, levantó la mano para calmar a su gente—. Nick dijo que no habría problemas porque no tenían armas de fuego; si nos ven sabrán que no somos malas personas, tal vez quieran unirse a nosotros y comer algo caliente.

Erik miró a la mercenaria y negó con la cabeza para que no saliera.

Todos organizaban la mesa con flores, platos, vasos, botellas de vino y carne recién asada, Alyssa sintió que su estómago se retorcía, lo peor fue al llegar hasta ellos el olor a pan recién hecho.

—Salgamos —dijo Erik, y sin esperar a que ella respondiera, sacó al gato de su chaqueta y lo arrulló entre sus brazos mientras caminaba hacia la gente.

Un grupo de personas armadas apuntó a la cabeza de Erik. Él torció su sonrisa más malévola y se detuvo.

—¿Me disculpáis si no levanto las manos? —afirmó, elevando un poco al gato.

Alyssa esperó un momento.

—Aly, cielo, aquí nos invitan a cenar, después de cuatro días sin probar un bocado decente… Veo esa comida y no puedo evitar hacer locuras, como exponerme a un tiro en la cabeza —hablaba Erik, tranquilo y con un punto chulesco, como siempre.

—Nadie va a dispararos —aseguró el anciano.

Hizo un gesto con las manos para que sus hombres bajasen las armas.

Alyssa salió de entre las sombras con las manos en alto.

—Estamos buscando a una mujer, llevamos días haciéndolo, pero no hemos encontrado ningún ser vivo en más de cuarenta kilómetros —explicó con las manos levantadas.

—Gran hazaña en un mundo tan complicado —respondió el anciano—. Comed, bebed y luego podéis seguir vuestro camino o quedaros a pasar la noche, no hay prisa.

El niño delgado volvió a aparecer, esta vez sentado en la mesa junto a la mujer de la piscina.

Ella le ofrecía un pedazo de pan, pero él negaba, con la mirada vacía y perdida.

Los demás parecían felices y cómodos con la situación, Alyssa pensó que el niño quizá tuviera algún problema. ¿Quién no lo tenía en aquellos tiempos?

Erik agradeció la invitación a comer, volvió a meter el gato en la chaqueta y se sentó cerca del niño, Alyssa lo hizo frente a su compañero y se dispusieron a disfrutar de un rato de tranquilidad junto a unos extraños.

—Confiar en alguien hoy en día es complicado —afirmó el anciano al que todos llamaban Robert, parecía el jefe de aquel lugar.

—Es casi imposible, aun así, nosotros buscamos gente buena y la reunimos en un instituto donde tenemos agua de manantial y la luz nos viene del sol y del viento mediante molinos y placas solares. Ya somos más de treinta familias —relató Alyssa.

El hombre parecía sorprendido.

—Como nosotros…

—Solo que vosotros vivís entre lujos, nosotros en la montaña —contestó Erik.

—Eso también es un lujo, hay animales para cazar —valoró Robert mientras mordisqueaba la cena.

—Sí —respondió el militar, que le daba un pedacito de carne al gato que encantado se lo quitó de los dedos—, la caza abunda por allí.

—¿Por casualidad no conoceréis a un tal Charly? —preguntó la mujer que estaba sentada junto al niño delgado. El pequeño la miró con desesperación—. Este muchacho perdió a su padre hace unos meses. Lo encontramos solo y nos cuesta hacer que se alimente, no sobrevivirá si sigue así.

—Tenemos un Charly, pero no nos ha dicho nada de tener hijos —respondió Erik acariciando al gato.

—Cuando regresemos hablaremos con él —sugirió Alyssa.

La comida fue agradable, el viejo les pidió que le acompañasen a su casa para tomar una copa y su compañero de viaje no pudo rechazar la invitación.

Mientras les servía el licor, les contó el sistema de seguridad del que disponían. Alyssa no quiso beber, necesitaba seguir alerta, demasiado bonito era todo aquello.