21. Volvemos al camino
Alyssa
E l suelo de la ciudad empezaba a calentarse por el sol cuando ellos llegaron. Caminaban entre coches atascados. Erik dio un salto como si fuera un gato y se subió al capó de una camioneta.
Habían estado en guardia todo el trayecto, era una zona nueva para ellos y no hablaron hasta pisar la ciudad.
—¿Vas a necesitar que le mate? Puedo hacerlo, ya sabes, sin remordimientos —dijo él poniendo su mano a modo de visera y mirando a lo lejos.
Sabía que hablaba de Tony, pero no contestó.
—Estoy pensando en lo fuerte que eres. Para mí siempre has sido una de las mejores, incluso mejor que yo. He llegado a odiarte por ello… —confesó, aunque dejó la frase a medias mientras reflexionaba en lo que había dicho. Soltó una risita entre dientes.
—Erik, no estoy de humor.
—Lo raro sería que lo estuvieras. —Saltó a otro coche soltando un gemido por el impacto antes de poder seguir hablando—. ¿Puedo preguntarte algo?
—¿Puedo evitar que lo hagas? —Alyssa esquivó un montón de basura soltando una maldición entre dientes—. ¡Qué asco!
Aquellas grandes ciudades solían estar llenas de basura y apestaban a muerte. En los pueblos todos habían huido por el miedo, refugiándose en el campo, y estos quedaban medio vacíos, así que no era tan evidente que la muerte había pasado por allí.
—No, no puedes —dijo Erik con una risa burlona, y después de una pausa para otear a su alrededor, continuó—: ¿Cómo dejasteis que aquellos hombres os dieran esa paliza?
Bien, el cambio de tema era mejor, no podía seguir pensando en Tony.
—Nos pillaron desprevenidos, cansados y hambrientos, creo que tenía algo de fiebre también. —Alyssa se agachó para pasar por debajo de un poste volcado.
—¿Estás de coña? ¿Desprevenida tú? —Él la agarró del brazo para que se detuviera.
Exasperada por la faceta charlatana de su compañero, suspiró cansada.
—Nos estábamos besando.
—¡Joder, ya era hora! —soltó, luego adelantó a Alyssa y siguió caminando.
—¿Qué quieres decir con eso?
—¿Follasteis? Porque tengo que decirte que hasta que no lo hagas vais a estar insoportables los dos.
—Erik… Ya vale, empiezo a cansarme de tu cháchara.
—Ok —cedió, poniendo punto final a su conversación e iniciando una carrera en dirección al hospital.
Alyssa se quedó rezagada, pero el silencio de estar sola le gustaba mucho más que aguantar las chorradas de aquel hombre.
Al llegar al hospital, él salió a su encuentro para decirle que estaban solos. Se dedicaron a asaltar la enfermería y algún que otro armario. Mientras completaban la lista que les había dado Jake, se olvidaron por completo de vigilar la retaguardia.
—Puede que tengan un generador de luz conectado a alguna nevera. He visto placas solares arriba. —Alyssa pensaba en la insulina del pequeño, ya estaban usando otras alternativas, pero si pudieran encontrar algo en condiciones les iría muy bien.
De pronto una sombra les sorprendió, al darse la vuelta para ver quién era, se encontraron con una mujer delgada en el vano de la puerta.
—¿Quiénes sois? —La mujer les apuntaba con una pistola y llevaba una mascarilla cubriéndole la boca.
—Erik —dijo presentándose con teatralidad, y señalando la pistola, preguntó—: No tienes ni una bala, ¿verdad?
—¿Quieres que lo comprobemos? —respondió la mujer estirando su brazo.
—No, solo queremos que bajes el arma y nos digas quién eres. Yo soy Alyssa.
La mujer parecía dudar. Los dos se apoyaban contra el estante que tenían detrás. Alyssa se cruzó de brazos y él esperó paciente a que les dijera algo más. No parecía una amenaza para ellos, pero tampoco sabían si estaba sola. Decidieron actuar de forma tranquila.
—A ver, esto se va a hacer eterno, estamos recogiendo medicinas para los nuestros. ¿Y tú? —quiso saber la mercenaria, cansada.
—Estoy recogiendo medicinas para mi grupo.
—Vamos avanzando —bostezó Erik, aburrido.
Alyssa decidió hablar con ella sobre su búsqueda. Para enfriar un poco los ánimos.
—Estamos buscando a Jared y Danielle, ¿los conoces? —interrogó.
La mujer inclinó la cabeza hacia un lado, parecía bastante nerviosa. Su gesto cambió un poco. Imperceptible para cualquiera, pero Erik rio entre dientes al darse cuenta de lo que Alyssa había descubierto con su pregunta.
—Los conoce, gatita —dijo con tono cantarín.
—¿Y qué si los conozco? —preguntó irritada.
—Jack Miller y Jenn nos han enviado a buscarlos —contestó Alyssa algo cansada de la situación.
La mujer suspiró aliviada y se rascó la cabeza con el cañón de la pistola.
—¡Gracias a Dios! Me llamó Judith. —Y los dejó solos desapareciendo por el pasillo.
Ellos la siguieron, llegaron a una sala donde alguien tumbado en una camilla se retorcía de dolor. La mercenaria se acercó para descubrir a un hombre blanquecino y sudoroso, sujetado por Jared, compañero de reparto de Jack.
Al ponerse Erik al otro lado de la camilla, el actor se giró a mirar a su compañera que se encogió de hombros y le explicó lo que pasaba. Parecía sentirse aliviado con que los hubieran encontrado.
—No me puedo creer que tengáis a mis hijos —afirmó Jared con voz entrecortada.
Se le veía emocionado. Alyssa solo deseaba que Danielle y Any estuvieran con él. Su calvario estaba a punto de terminar.
De pronto, el hombre de la camilla pareció sentirse algo más aliviado. Judith les explicó que tenía dolores en el costado, que desaparecían y volvían.
—Supongo que deberíamos llevarlos con Jake —apuntó Erik.
Saquearon el hospital, o al menos lo que tenían a mano en su salida hacia el lugar donde vivía el grupo. Jared les explicó que la hija de Miller estaba con ellos, pero que Danielle había desaparecido después del ataque de esa gentuza, les contó que era muy posible que se la hubieran llevado ellos.
—La gentuza deben de ser los hostiles —apuntó su compañero como si ella no entendiera de lo que hablaban.
—Creo que aún no he perdido mis capacidades, Erik… —aseguró la mercenaria provocando una risita cínica en él.
Alyssa sintió una opresión en el pecho, aquello era una mala noticia. Al menos la mitad del trabajo ya lo tenían hecho, pero su peor pesadilla aún no había terminado.
El grupo de unas nueve personas se puso en marcha, había cuatro niños entre ellos. La hija de Jack se enganchó de la mano de la mercenaria, haciéndole millones de preguntas, al saber que conocía a su padre.
Encontraron una casa en medio del bosque y decidieron hacer una parada.
Para acceder al amplio porche de entrada, había unos cinco escalones, la mercenaria y Erik se quedaron sentados allí vigilando el exterior. En la casa, la gente estaba refrescándose gracias a un pozo que habían descubierto. El murmullo era reconfortante.
—Va a llover, a mares —señaló Erik mirando hacia el cielo.
—¿Sugieres que nos quedemos aquí? Ese hombre puede recaer en cualquier momento.
—Serán piedras en el riñón o algo de eso.
—Habló el médico… —ironizó Alyssa.
—Voy a ir al instituto y me llevaré al enfermo. Los niños solo entorpecen. Vosotros os quedáis aquí hasta que yo vuelva —le indicó él, que se levantó frotándose las manos en los pantalones.
—Vale, ten cuidado.
Desapareció dentro de la casa y volvió a salir con el enfermo, que parecía en peor estado.
—Si no vuelvo esta noche, volveré mañana. Avisaré de que preparen el gimnasio para la cuarentena.
Alyssa no contestó; Erik le señaló el camino a su acompañante para que se pusiera en marcha y se despidió con la mano sin mirar atrás.
—¿Estarán bien? —preguntó Jared desde la puerta.
—Erik es el mejor. No les pasará nada.
—¿Y a nosotros?
—Lleváis tres años sobreviviendo.
Después de un momento de silencio, Jared cambió de tema.
—¿Jenn está con alguien? Me pregunto si habrá rehecho su vida con otro hombre. —Él bajó hasta donde estaba ella sentada y se acomodó de frente apoyado en la otra barandilla.
—Hasta donde yo sé, no.
Ese hombre miró distraído tras Alyssa, observando los árboles que rodeaban la casa y la vegetación que había invadido todo.
—¿Y Jack? —Jared la miró.
—Cuando llegues, pregunta a tus amigos —dijo, y luego cambió de tema—. De lo que sí tendríamos que hablar es de Danielle, tengo que encontrarla.
—Tienes razón —asintió—. Tuvimos un encuentro bastante rápido con esa gentuza. Cuando pudimos, salimos corriendo, pero Danielle lo hizo en dirección contraria. Sé que nos seguían, supongo que a ella también.
—¿Cuántos eran?
—Unos diez o doce, tal vez más. No me paré a contarlos.
—¿Sabes hacia dónde fueron después de vuestro ataque? —presionó Alyssa con las preguntas.
—Hacia el norte rodeando la ciudad. No los volvimos a ver.
—Ya veo. Habéis sobrevivido por pura casualidad.
—¿Te estás burlando? —Jared parecía molesto con sus palabras.
Se levantó sin responder. Entró en la casa para avisar de que se avecinaban lluvias y que pasarían allí la noche.
La vigilancia fue tediosa y húmeda. Jared la controlaba de cerca con el ceño fruncido.
Erik tardó cinco horas en volver, estaba empapado y cabreado, así que Alyssa decidió no hablarle hasta que él le dirigiese la palabra.
—Vigilo yo ahora, mañana saldremos temprano —afirmó Erik, que no la miró.
—¿Ha ocurrido algo en el instituto?
—Kim no estaba, más bien no había casi nadie de los nuestros.
Sonrió al ver que lo que le tenía enfadado era no haber podido ver a Kim, le gustaba la pareja que hacían, estaban hechos el uno para el otro.
A la mañana siguiente, salieron hacia el instituto. Los niños ralentizaban mucho el viaje, como había dicho Erik, pero iban a buen paso.
Al llegar al gimnasio, la sorpresa fue inmediata. Los demás estaban llegando al mismo tiempo, entre ellos Jack.
Jared se lanzó a saludar a su amigo y preguntarle por los suyos, mientras tanto, Any se había escondido detrás de Alyssa y miraba recelosa a su padre, que se había cortado el pelo muy corto y afeitado.
Estaba guapísimo, sin barba, y el corazón de Alyssa le dio un vuelco. Al ver dudar a la pequeña, se acuclilló a su lado y apoyó la mano en su hombro, la niña la miró con el labio inferior algo tembloroso, parecía que estaba a punto de llorar.
—¿Qué pasa? ¿Es que ya no quieres abrazar a tu padre?
—Miró al actor que las observaba con atención, pero no se movía.
Se notaba en sus facciones la emoción que sentía en aquellos momentos.
Apretaba los puños como si sujetase sus sentimientos.
Tal vez no quería asustar a su hija y esperaba paciente a que ella fuese hasta él.
—Es que… —La pequeña estaba muy nerviosa y empezó a morderse el labio.
Jack estiró sus brazos esperando un abrazo y llamó a Any, esta le miró con los ojos brillantes de alegría y se lanzó corriendo hacia él.
—¡Por fin, Any! Soy el hombre más feliz del mundo —dijo Jack mientras abrazaba a su hija.
Su mirada brillaba por la emoción. Sus labios se movieron dándole las gracias a Alyssa, luego cerró los ojos con fuerza estrujando a la pequeña con mucho cariño.
—¿Nos vamos? —le preguntó Alyssa a Erik, pero este se negó a irse sin ver primero a Kim, así que tuvieron que entrar en el gimnasio para cerciorarse de que estaban todos bien.
Jack se quedó un buen rato hablando con su hija mientras todos buscaban tras el cristal de la cuarentena alguna cara amiga. Los reencuentros estaban siendo bastante lacrimógenos y la mercenaria quería irse.
Después de un buen rato de arrumacos entre Kim y Erik, al fin se soltaron.
Tony se acercó a ella para disculparse, levantó una mano hacia la mercenaria y Alyssa retrocedió.
No escuchaba lo que él le estaba diciendo; sus palabras eran cacofonías extrañas en sus oídos.
Sus rodillas temblaban y solo pudo dar otro paso atrás, muy asustada.
Kim se interpuso entre los dos, respaldada por Erik que le hizo una advertencia silenciosa con la mirada.
—¡No te acerques a ella o te juro que…! —amenazó la pequeña rubia.
—¿Ha sucedido algo? —preguntó Jack mientras se acercaba.
—¡Díselo, cielo! Bueno, si lo prefieres se lo puedo decir yo, no me cuesta nada.
Kim había puesto un tono de voz muy chulesco mientras miraba a Tony, lo que hizo que Jack frunciera el ceño.
—Dímelo.
Dio un suave apretón en el brazo de Alyssa para llamar su atención y que lo mirase. Ella se sobresaltó al sentir su contacto y se giró hacia él.
—No tengo nada que decirte. —La mercenaria agarró a Kim de la mano y tiró de ella para que le prestase atención—. Tú tampoco tienes nada que contar a nadie, no te metas en mis asuntos. Lo destrozaría —susurró al final para que lo dejase estar.
Alyssa se desembarazó de todos y salió a la calle para encaminarse hacia donde le habían dicho que podía estar Danielle; no le hacía falta ni Erik ni nadie.
Estaba cansada y enfadada, quería que se borrase de su mente todo lo ocurrido con Tony, pero sabía que aquello no pasaría nunca. Si Jack se enteraba de lo que había vivido, no sabía lo que podía llegar a suceder, pero si peleaban de nuevo, el mercenario lo machacaría; tenía todas las de perder.
Reencontrarse con él la había dejado destrozada, avivando lo que pasó aquella noche. Ahora solo quería terminar con todo aquello, encontrar a la dichosa Danielle y pasar página.
Si todo salía mal, tal vez se iría, buscaría otro grupo. Lo que tenía claro es que no podía permanecer en el mismo lugar que Tony.