Al pasado se lo llevaron las bombas 20. Todo puede cambiar
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20. Todo puede cambiar

Jack

E rik volvió a por él; no sabía el tiempo que llevaba de rodillas en el suelo mojándose por la lluvia. Su cuerpo se quejó cuando tiró de su brazo para ayudarlo a levantarse.

—¿Está bien? —preguntó Jack con la voz rota.

—Están ayudándola. Aún no sé nada, he venido a por ti enseguida.

Gimió al ponerse a andar, no había sido consciente de que tenía el cuerpo tan magullado por la pelea hasta que empezó a salvarse a sí mismo. Mientras lo principal había sido Alyssa, el dolor pasó inadvertido, ahora solo tenía que seguir adelante para llegar al gimnasio.

Entraban por la puerta cuando el ojo hinchado de Jack ya no le dejaba ver nada más que siluetas. Aún no se había recuperado de la pelea con el mercenario y ya sumaba más golpes a su maltrecho cuerpo. Alguien lo agarró por los hombros y le zarandeó.

—¿Qué ha pasado? ¿Qué le has hecho? —gruñó Tony, furioso.

Gritaba acusándole de algo que no entendía. «¿Habrá muerto?», temió Jack, sintiendo que algo dentro de su pecho se rompía. El miedo lo detuvo anclándolo al suelo.

—¡Tony, suéltalo! —le advirtió Ray, empujándolo para separarlos.

Jack fue hasta una de las camas, miró a su alrededor y vio que todos parecían maltrechos; después de la lucha no se había fijado en el resto.

Erik revisó las heridas del actor mientras él observaba como Kim trabajaba sobre alguien que gemía de vez en cuando.

—Es Alyssa, se pondrá bien —afirmó Erik al ver que miraba hacia donde estaba ella.

Después de eso, le dio algo para beber y se quedó dormido.

Jack despertó en una de las camas del gimnasio; Alyssa estaba en la de al lado, tenía un gotero conectado y estaba dormida, aunque respiraba con normalidad.

Kim daba cabezadas en una de las sillas, siempre junto a su amiga. Al ver que Jack se levantaba se acercó a él. Puso la mano fría sobre su frente y luego le miró preocupada.

—¿Estás mejor?

—Estoy, que ya es algo —dijo él con la voz ronca por el sueño—. ¿Cómo está?

—¿Aly? Supongo que bien, pero vamos a esperar para ver cómo evoluciona. Estoy repitiendo las palabras de Jake.

—¿Richard y Lyssa? ¿Ya están en el instituto?

—Sí, los mandamos traer a todos el mismo día que volvimos. Están bien.

Jack volvió a quedarse dormido. Iba despertando a ratos, debía de tener fiebre por el dolor y el cansancio general. Miraba la cama de Alyssa y siempre la veía dormida. La preocupación le llenaba de ansiedad y miedos.

Unos días más tarde, Jack se sentó en la silla donde había visto a Kim. Se encontraba mucho mejor. Tocó a Alyssa para comprobar que seguía bien, era un gesto inútil, pero necesitaba tocarla.

—Ve a descansar, a ver a tus hijos y a cuidarlos, yo me quedaré con ella —le pidió Kim con su mano en el hombro del actor y una sonrisa dulce.

—Quiero estar aquí —afirmó, sin embargo, no sonaba muy convencido.

—Jack —habló Erik esta vez, pues acababa de entrar—, haz caso a Kim.

No pudo discutir más, no tenía fuerzas para hacerlo y querer cuidar de Alyssa, no pudiendo ni levantar los brazos, era absurdo. Además, tenía ganas de ver a sus hijos, lo necesitaba.

Entrando al instituto encontró a Jenn apoyada en la pared inclinada hacia su hijo pequeño, esta lo vio enseguida y fue corriendo a abrazarle, sus músculos se quejaron por la euforia del apretón.

—¿Cómo están Richard y Lyssa? —dijo Jack con voz cansada.

—Están en tu habitación.

—Voy para allá, estoy agotado.

—Los perros de Alyssa están allí. Cuando puedas hablamos un rato.

Jack asintió y se encaminó hacia su cuarto. Con cada paso que le alejaba de Jenn se sentía más cansado, más roto. Su cuerpo estaba tan magullado que no podía ni caminar sin sentir dolor, y eso que hacía ya algunos días de la paliza de aquellos hostiles.

Cuando llegó a su cuarto, los perros se abalanzaron a saludarle, felices.

Los niños, también llenos de alegría, saltaron sobre su padre, que se tuvo que apoyar en la pared para no caer al suelo.

Abrazó a sus hijos y los besó mientras los perros buscaban un hueco entre ellos para saludarle y lamerlo.

Cuando se acomodó en la cama con sus hijos, Roxy y Ron se subieron con él para hacerle compañía. Pronto se quedó dormido entre tanta carantoña.

Los viajes al gimnasio se convirtieron en una costumbre.

Alyssa entraba y salía de la inconsciencia.

El médico la estaba atendiendo pasado el peligro del contagio.

Jack se sentaba durante horas junto a ella, a no ser que Tony estuviera cerca, lo que hacía que se fuese y volviese en otro momento.

Una tarde, mientras estaba sentado junto a la cama, Alyssa despertó e intentó incorporarse.

Jack la retuvo para que no lo hiciera y ambos se miraron un momento.

—¿Te sientes mejor? —preguntó el actor acomodándole la manta.

—Como si me hubieran echado a una trituradora —reconoció ella con voz ronca.

—La trituradora se hubiera atascado con tanto hueso —bromeó él sonriendo. Luego se acercó hasta el telefonillo para llamar a Jake.

El médico la examinó y dejó que se incorporara un poco; también comentó que si le apetecía caminar, que fuese poco a poco, llevaba demasiados días en la cama.

Todos fueron a verla. Jack fue el único que no se movió de su lado.

Cuando las visitas terminaron, algunas de ellas más prolongadas de lo que a él le hubiera gustado, Alyssa agarró su mano y lo miró con tristeza.

—Quiero que me dejes sola. Necesito que cuides de tus hijos, yo ya estoy bien. Dijimos que lo que pasó en la cabaña se quedaba en la cabaña.

—No pienso irme. —Algo que no podía definir parecía que le estrujaba el pecho.

—Jack… —Alyssa estiró su mano y acaricio su barba—. Aféitate, cuídate y cuida de tus hijos, yo ya estoy bien.

Lo alejaba de nuevo, volvía a hacerlo. Otra vez lo empujaba para que se apartase. Aquello no podía continuar así, esto no se trataba solo de ella, él también tenía sentimientos y cada vez que lo rechazaba le hacía daño.

—Aly tiene razón. —Kim había entrado mientras ellos hablaban—. Ya me quedo yo con ella.

—¿Jack? Recuerda lo que hablamos antes de volver al instituto.

—Cuídate.

Se sentía dolido porque lo echasen de su lado.

Se resignó, aunque no iba a tirar la toalla, no pensaba alejarse ni olvidar nada de lo que había pasado en la cabaña, pero no era momento de discusiones.

Sus rechazos cada vez le dolían más. Entendía por qué lo hacía, aun así, era como una picazón en el pecho que cada vez soportaba menos.

Alyssa

Alyssa no volvió a ver a Jack por el gimnasio, aunque Kim le dijo que se había pasado a preguntar por ella varias veces.

Aquella mañana retomó los entrenamientos; Roxy y Ron estaban correteando por las pistas mientras ella entrenaba. Ahora tocaba ponerse en forma.

Durante los días en los que seguía recuperándose mientras hacía ya vida normal, ver a Jack por los pasillos ignorándola era lo habitual.

Evitaba los entrenamientos cuando ella estaba cerca, algo que era complicado, ya que Alyssa pasaba muchísimas horas en las pistas.

Habían llegado a un acuerdo, pero de ahí a que dejase de hablarle o incluso retirarle el saludo, le dolía.

Su cuerpo clamaba por estar de nuevo en la cama con él, sus sentidos reaccionaban cada vez que estaba cerca y había empezado a detectar su presencia, podía decir que se excitaba con solo verlo. Luego lo veía molesto o evitándola y se enfadaba con ella misma por haberle alejado de aquella manera.

Se puso en cuclillas para acariciar a Roxy y, mientras la rascaba detrás de las orejas, murmuró:

—¿Qué vamos a hacer con ese hombre irritable? Vamos a tener que encontrar a Danielle o terminaré volviéndome loca.

—¿Tanto te importa? —dijo Tony con los dientes apretados.

—¿De qué hablas? —Alyssa vio como su amigo guardaba silencio, así que siguió hablando—: Me he quedado esperándote estos días, no he tenido compañero de entrenamiento.

—Habérselo dicho a Jack —soltó con desprecio al pronunciar su nombre.

—¿Qué te pasa?

—¿Te crees que no sé que te acostaste con él?

—¿De qué vas, Tony? —Sus palabras le hicieron daño, más por su tono despreciable que por las propias palabras—. ¿Cuándo dejaste de ser mi amigo para convertirte en esto?

—¿Convertirme? Yo no soy quien se va follando a cualquiera. —Tony tenía los puños apretados.

—Te dije una vez que me respetases.

—Cuando traigas a la tal Danielle, ¿crees que ese hombre querrá meterse en tu cama de nuevo? Y si lo hace será para darse el gusto, no por amor. ¡Me das vergüenza ajena!

En el gesto de Tony se veía desesperación, sus palabras eran duras, pero tan reales para ella que le dolían.

Alyssa no tenía por qué aguantar aquello. Silbó para atraer a sus perros y se dio media vuelta dejándolo solo. Aquella conversación había terminado. Su amigo Tony ya no era tan amigo; solo la ofendía y atacaba.

Volvía a su cuarto cuando se cruzó con Jack, él le giró la cara y siguió su camino.

Le hubiera gustado tirarle algo a la cabeza, pero no encontró nada a mano.

Al verlo a lo lejos, deseó contarle lo que le había pasado con Tony.

Decirle que tenía miedo. Así que su rechazo la dejó más destrozada de lo que ya estaba por culpa del mercenario.

Caminaba despacio arrastrando los pies; estaba cansada, triste y decepcionada. Tenía ganas de gritarle a ese par de arrogantes que su vida era suya y que no era justo cómo la estaban tratando.

Al llegar al pasillo de su habitación, Kim estaba apoyada en la pared, cuchicheando algo con Erik.

—Gatita —ronroneó él bastante feliz, lo cual resultaba extraño—, te he visto esta mañana muy en forma, ¿los entrenamientos van bien?

—Sí, gracias. ¿Sabéis qué le pasa a Tony? Está frío, enfadado y un largo etcétera —preguntó Alyssa.

Kim se encogió de hombros y Erik le dio un beso rápido en los labios. Alyssa levantó una ceja mirando a su amiga algo intrigada.

—Os dejo para que charléis —dijo entrando en la habitación de la pequeña rubia—. Te espero, preciosa.

—¿Qué pasa? —preguntó su amiga.

—¿Con el loco? —susurró Alyssa.