Al pasado se lo llevaron las bombas 19. Tú y yo
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19. Tú y yo

Jack

C orría detrás de Alyssa con el estómago revuelto.

El hedor de la muerte unido a la sensación de matar a alguien era superior a sus fuerzas.

Durante la batalla ni lo había pensado, tenían que morir ellos o les terminarían matando.

Sin embargo, cuando fue consciente de que todo había terminado, aquel olor metálico a sangre, junto con otros olores en los que prefería no pensar, le hizo reaccionar ante la realidad de lo que había pasado.

Ahora era un asesino. Se detuvieron en un riachuelo y aprovecharon para lavarse.

—Creo que voy a vomitar.

Ella no le contestó, seguía frotándose los brazos y la ropa con el agua, el riachuelo le llegaba por los tobillos y estaba inclinada recogiendo agua con las manos y limpiándose la sangre.

Terminó quitándose la camiseta, observó a su alrededor y se desembarazó de los pantalones.

La ropa interior que llevaba Alyssa le hizo olvidarse del malestar.

—Estás preciosa —murmuró mirándola.

Levantó la vista hacia Jack y le lanzó la ropa mojada, luego se lavó la cara y se frotó el pelo con brusquedad. Jack estiró las prendas sobre unos arbustos. No hacía sol, ya que la tormenta había dejado el día enrarecido, pero algo haría el viento. Aun así, terminarían pillando un resfriado.

Jack decidió imitarla y quitarse de encima todos los restos de sangre que pudiera. Dejó las botas junto al arroyo y, mientras iba quitándose los pantalones, avanzó hacia el agua.

Cuando se inclinó para lavarse los brazos y frotar los pantalones, ella se los quitó de las manos y se puso a limpiarlos.

Él continuó con la camiseta y fue a tenderlo sobre los arbustos. Al girarse para hablar con ella, la tenía tan cerca que se le cortó la respiración. Todo su cuerpo se erizó en respuesta.

—¿Es normal que me sienta tan mal?

—Muy normal.

Los dedos de la mercenaria rozaron la piel mojada y erizada de su brazo.

—Estoy vivo. —Reconocer aquello hizo que se sintiera más vivo aún.

En ese momento, como si el universo supiera que tenían frío, las nubes se apartaron y algunos rayos de sol las atravesaron, Alyssa levantó el rostro para que el sol lo calentase. Su mano se aferró a la cintura de Jack tirando de él para atraerlo contra su cuerpo.

Tenerla tan cerca era algo cruel. Lo estaba volviendo loco y cada músculo de su cuerpo se tensó. Su erección era más que evidente y una bomba de relojería se había instalado en su estómago. La adrenalina presionaba por desbordarse.

El conjunto negro que llevaba puesto era suficiente para hacerle desear arrancárselo, no recordaba haberse sentido tan excitado.

—Alyssa… —Jack puso su mano en la espalda de ella—. Me estás provocando, así no hay manera de contenerme.

Un brillo de deseo acentuó la mirada oscura de la mercenaria.

La mano que tenía aferrada a la cintura de Jack se crispó.

Con la otra apoyada en su pecho, lo empujó hasta un árbol que había tras él.

Se estiró y mordió la base de su cuello.

Deslizando sus dedos, en busca de su entrepierna.

Jack soltó un gruñido al sentir su mano fría, agarrándolo con firmeza dentro de la ropa interior.

Por un momento, Alyssa se giró para mirar tras ellos, sin dejar de acariciarle.

Jack clavó los dedos en su espalda, se inclinó y mordió uno de sus pezones por encima del sujetador, un gemido ronco brotó de la garganta de Alyssa provocándole un latigazo de deseo. Aquello era como música para sus oídos.

Fue salvaje y posesiva, Alyssa terminó subida a sus caderas.

Los dos de pie contra aquel árbol. Los movimientos de ambos eran lujuriosos y desesperados.

Sentir los gemidos de ella contra su cuello era puro éxtasis.

Le mordisqueaba por donde podía. La lengua de ella se deslizó en su boca absorbiendo cada gemido.

Estar dentro de aquella mujer era mucho más que placer, sentía que formaba parte de él. Que ambos podían llegar a ser uno.

Todo había sucedido demasiado rápido. La adrenalina del momento los había llevado al clímax y ambos jadeaban abrazados.

El viento de tormenta volvió a levantarse. Alyssa estaba exhausta, su cuerpo descansaba apoyado contra él y Jack la sujetaba, agarrándola de los muslos, mientras recuperaban el aliento. Sintió como ella se estremecía por el frío.

—Tenemos que buscar un lugar para calentarnos —susurró Jack, arrepintiéndose de inmediato por haber roto el momento.

Alyssa sonrió con los labios pegados a su cuello mientras besaba suavemente su piel.

—Conozco una cabaña aquí cerca.

Jack apretó sus muslos entre los dedos, luego soltó una mano y le dio una palmada en el trasero.

—¿Y piensas decirme dónde está o nos quedamos aquí congelándonos?

—Vamos —dijo, perezosa, mientras se deslizaba para soltarse.

Recogieron la ropa aún mojada y se vistieron, lo que hizo que ambos tuvieran más frío.

Jack agarró a Alyssa de la cintura atrayéndola hacia su cuerpo, frotó su piel para hacerla entrar en calor, pero no funcionaba, así que se pusieron a correr para llegar antes a su destino.

Con la que estaba cayendo, los hostiles no estarían paseándose por el bosque.

El lugar estaba desierto, aquella cabaña parecía no haber sido usada en años. Jack cerró la puerta tras él. Alyssa apartó una cortina para que entrase la poca luz de la tarde, vio que la cama estaba deshecha y todo lo demás seguía polvoriento, menos una silla y la mesa.

—Estuve aquí con Erik cuando fuimos a investigar la cárcel.

Sintió una punzada de celos. Aquellos dos parecían haber encontrado un punto medio entre su odio mutuo y el trabajo en equipo.

Al girarse, vio que se estaba quitando la ropa. Saltó a la cama y se tapó con las mantas, quedando solo sus ojos a la vista. Él se quitó los pantalones y al acercarse a la cama la observó. En su mirada había una chispa de temor, algo que ya había visto antes en ella.

—¿Quieres que duerma en otro sitio?

—Ven —murmuró tendiéndole la mano.

Jack se deslizó entre las mantas y se acomodó, ella se pegó a su cuerpo helado, sintiendo como el frío quedaba en segundo plano, sustituido por el deseo.

—Siento tantas cosas… —susurró Alyssa—, es una mezcla de miedo y ansia por volver a estar contigo.

—Yo ahora mismo solo deseo estar contigo.

No hubo más palabras, únicamente tenían el anhelo de sentir.

Las caricias, esta vez suaves y lentas, calentaban la piel a su paso, devolviéndoles el calor.

Ambos dedicaban todos sus sentidos al otro.

Sus manos se deslizaban por su cuerpo, memorizando cada rincón. Capturando sus pechos y torturándolos.

Jack quiso disfrutar de su cuerpo con lentitud, llevarla al placer de la forma más deliciosa. La amaba. En aquellos momentos, estaba viviendo algo tan perfecto que temió que fuera un sueño. Decidió que si lo era iba a vivirlo con toda intensidad.

Dejó una lluvia de besos desde el cuello de Alyssa hasta uno de sus muslos.

Estaba preciosa, echada de espaldas en la cama, con los ojos cerrados y los dedos aferrados a la almohada.

La observó un momento desde abajo, un segundo antes de devorar su sexo.

El gemido ronco de Alyssa le hizo sonreír, la saboreó con suavidad al principio, deslizando sus dedos en su interior y acariciándola con una lentitud tortuosa.

Sus caderas se levantaban suplicando más.

Jack se entretuvo todo el tiempo que pudo en aquel lugar, hasta que vio cómo su cuerpo se tensaba por el deseo.

Entonces intensificó sus caricias. Su maravilloso cuerpo empezaba a estremecerse y a temblar por el placer.

Las manos de Alyssa presionaron su cabeza contra su sexo, exigiendo más.

Subió por su piel lamiendo y besando cada rincón. Atrapó su pezón con los labios y se deslizó entre sus muslos para penetrarla. Ella elevó sus caderas, buscándole. Ambos se miraron un momento y empezaron a moverse al mismo ritmo. Con movimientos lentos y excitantes.

Las uñas de ella se clavaron en la piel de Jack y los envites se intensificaron. Entre gemidos y placer, ambos llegaron al clímax al mismo tiempo. Ella, estremeciéndose y ahogando los gemidos entre sus labios; Jack, jadeando y dejándose llevar.

Cuando Jack despertó, Alyssa ya no estaba en la cama. Se levantó de golpe, pero al hacerlo la vio tocando la ropa, para comprobar si estaba seca.

—Buenos días —dijo Jack con la voz pastosa por el sueño.

Se acercó a la cama aún desnuda, con una sonrisa dibujada en los labios y se inclinó sobre él para besarle.

Jack tiró de ella haciéndola caer sobre su cuerpo y la besó con ternura. Quería disfrutar de cada segundo. Estaba seguro de que, de un momento a otro, ella diría basta y se alejaría de nuevo.

Alyssa

¿Aquello era un sueño? Parecía algo irreal que estaba viviendo. El cuerpo de Jack, fuerte y poderoso, sus movimientos bruscos y sensuales. Sí, era un sueño.

El sexo con él en el bosque había sido impresionante, aún notaba la electricidad del placer recorriéndola. Aunque luego, en la cabaña, habían hecho el amor tan despacio y con tanta pasión que notaba la resaca de los movimientos entre sus muslos.

Cuando se despertó ya era de día, salió para controlar los alrededores, se había puesto algo de ropa, pero aún seguía húmeda. Al entrar, la tendió de nuevo en las sillas y se quedó mirándolo con ternura.

Se notaba algo extraña, un poco mareada y cansada, el día anterior había sido demasiado duro. Y con el frío posiblemente tenía fiebre.

Jack la saludó y no pudo evitar volver a la cama con él. Cuando la besó, la electricidad volvió a recorrer su cuerpo haciendo que se excitase, sentir sus manos recorriéndola era como un regalo que el universo le había concedido. Jack Miller acariciando su piel, besándola, haciéndole el amor.

Alyssa gimió cuando él empezó a acariciarla entre los muslos, buscando e indagando hasta el último rincón. Le hacía temblar de placer, sus caricias eran puro fuego. Atrapó sus gemidos besándola mientras llegaba al orgasmo. Se aferró a él con fuerza, abrazándole para que no se apartase de ella.