18. No me dejes soñar #2
Para Alyssa, pensar que Jack estaba arriba desprotegido era superior a ella, como un pellizco en el pecho que la atenazaba.
Podía perderlo en cualquier momento. Sacudió aquellos pensamientos, no era momento para eso, ahora necesitaba estar atenta al peligro que tenía delante.
Hasta ese momento, había resultado más fácil de lo imaginado, pero no había acabado.
Erik abrió la celda de los niños, esta vez no estaban libres jugando, sino que se encontraban asustados y arrinconados.
Alyssa los tranquilizó con palabras suaves, su tono de voz siempre había servido para estos casos.
Al cabo de un rato, él salió de allí a toda prisa seguido por dos de los niños y su compañera detrás con el resto.
—¿Eran cinco? Creo que dijiste que había más.
—No lo recuerdo —mintió.
Estaba segura de que él había mencionado unos diez. ¿Serían la cena de la fiesta a la que no habían asistido? ¿Tal vez le había dicho que no lo recordaba porque no quería que ella pensase en eso en aquel momento?
Al salir al patio, lo primero que vio fue a Jack luchando con un hostil que le doblaba el tamaño. Corrió hacia ellos justo a tiempo de ver como él mataba al hostil y lo lanzaba hacia atrás de una patada.
Más tranquila viendo que se las apañaba bien, fue en busca de Kim para sacar a los niños de aquel lugar, Alyssa les seguía de cerca casi a la carrera, dejando atrás la batalla de nuevo. El grupo fue hasta el pabellón donde debían estar las mujeres.
—No recuerdo cuántas eran, pero sí dónde estaban —dijo la mercenaria mientras corrían.
Llegaron al lugar y entraron apresuradas, no había vigilancia.
—¿Venís a salvarnos? —tanteó una de las mujeres, la que parecía estar más lúcida que el resto.
—¿Estáis drogadas? —preguntó Kim.
—Sí, así les resulta más fácil… —no terminó la frase.
—Cómo no… —murmuró su amiga.
—¿Por qué no teníais vigilancia? —Alyssa estaba desatando a una de ellas.
—Porque se ha llevado a Carol.
Kim ya había soltado al resto. Salieron y la pequeña rubia se quedó con ellas y los niños escondidos tras unos matorrales.
Alyssa corrió buscando al guardia con la mujer que faltaba, al verlo con ella empujándola para penetrarla le asestó una patada detrás de las rodillas haciéndole caer.
Tiró de su pelo con fuerza y le apuñaló varias veces en el costado.
La mujer no se tenía en pie, estaba tan drogada que no se enteraba de nada.
Cogió su mano tirando de ella para que caminase, casi llevándola a rastras y guiándola hasta el grupo.
—¿Podrás llevarlos a todos contigo?
Kim miró a aquel puñado de mujeres desorientadas y se encogió de hombros. Los niños estaban atendiendo a algunas.
—Mándame a alguien al punto de encuentro.
Era un montículo de rocas frente a la prisión, cerca de la carretera. Ya habían hablado de ella entre todos, se reunirían allí si pasaba algo.
Alyssa asintió y se fue corriendo en busca de más pelea.
Justo antes de entrar vio a uno de sus compañeros que le señaló el lugar donde tenía que ir. Cuando entró por la puerta ya había terminado todo.
—Vamos a dar una última vuelta para ver si queda alguien con vida —dijo Ray, aún con la postura tensa por el combate.
Eso significaba registrar cada rincón de la prisión para eliminar al que quedase.
Ray distribuyó a todos por plantas y se pusieron en marcha.
Jack y Alyssa subieron a la segunda y registraron celda por celda.
Al salir a la escalera vieron a Tony que bajaba con Erik y Tesa, una de las nuevas, del piso de arriba y a Charly y Alex que venían de la terraza.
—Nada —señaló Tony, empujando a Jack con el hombro para que se apartase.
«Estos dos no van a llevarse bien nunca», pensó.
John salía de la primera planta. Iba con tres de los nuevos y al llegar abajo se reunieron con el resto.
—Dentro no hay nadie —confirmó.
Ray dio la orden de salir de la prisión y quemar todo lo que quedase.
Durante un rato estuvieron organizando el lugar para que ardiesen hasta los cimientos.
Después del trabajo duro, volvieron a la entrada y Tony encendió la mecha.
Habían puesto algunos explosivos que encontraron almacenados allí mismo y unas botellas de alcohol que habían recuperado, harían que el fuego se extendiera más rápido.
—Ya sabéis lo que tenéis que hacer, dispersaos de dos en dos. Si encontráis algún hostil por el camino os deshacéis de él sin contemplaciones.
Tony
A Tony no le dio tiempo a reaccionar, Alyssa había salido corriendo hacia el norte con Jack pisándole los talones. Maldijo para sí mismo. Podrían seguirlos.
Mientras admiraba las llamas, Ray le llamó para que se fuesen juntos. Apretó los dientes. Estaba furioso.
Kim se unió a ellos, no muy lejos de Erik. Él iba pensando en la batalla, al menos solo habían perdido a tres hombres. Seguro que Alyssa no se había dado ni cuenta, antes era en lo primero en que se fijaba.
Tony se giró para mirar la comitiva que llevaban al instituto.
Las mujeres iban hasta las cejas de alguna droga, aquellos malnacidos no tenían límites.
Si las mantenían adormecidas no se quejaban; así era más fácil.
¡Qué asco! Al mirar a Erik vio que llevaba una botella de whisky entre las manos y frunció el ceño.
Lo vio echar un trago y se la guardó en la cintura del pantalón, que le venía demasiado grande.
Aquel tipo siempre se llevaba algún souvenir de las batallas.
La rubia se acercó a él y le agarró de la camiseta para que esperase, la miró con una ceja levantada.
—Tenemos que hablar.
—No es el mejor momento.
—Hace semanas que intento hablar contigo. El mejor momento es el que pueda usar, me parece que es ahora. —Kim parecía enfadada. Ella nunca se enfadaba, era raro verla así.
No quería oír lo que iba a decirle, pero ahora no tenía escapatoria.
—Habla —gruñó, a sabiendas de lo que escucharía y hubiera querido evitar a toda costa.
—Hace mucho tiempo que empezaste a gustarme.
Tony comenzó a decir algo, pero Kim le asestó un pellizco en el brazo que le hizo gruñir de dolor.
—Cállate, por favor. Sé que estás enamorado de Alyssa y sé que no sientes nada por mí.
—Entonces, si sabes cuál es la situación, ¿por qué me vienes con estas tonterías? —Tony se detuvo para mirarla a la cara.
—Tenía la esperanza de que quisieras que… tú y yo intentásemos algo —titubeó ella al hablar, buscando las palabras—, para ver si así… puedes olvidar a Aly.
Él soltó una carcajada brusca y luego puso su mano en la cabeza de esa mujer como si fuera una niña pequeña; para él, lo era.
—Pequeña, el «tú y yo» no va a existir nunca.
Dicho aquello se desembarazó de Kim y caminó algo más rápido para alcanzar a Ray.
Tony miró por el rabillo del ojo y vio que la pequeña rubia se había quedado paralizada y que Erik la abrazaba.
Había sido brusco, pero tenía que serlo para ahuyentarla, aún no lo tenía todo perdido con Alyssa y no pensaba ponerse a jugar a lo que fuese que Kim le propusiera. Aquella mujer era una molestia.