Al pasado se lo llevaron las bombas 18. No me dejes soñar
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18. No me dejes soñar

Alyssa

S ubió a su habitación pensando en Roxy y Ron. Al entrar en el pasillo, Kim estaba apoyada frente a la pared de su cuarto, con Jack a su lado.

—Buenas noches, no te había visto aún —saludó Alyssa.

Kim agachó la cabeza y Jack le apretó el hombro.

—Te estaba evitando —refunfuñó su amiga.

Alyssa sabía de lo que estaba hablando.

—No me odies por haber estado con Tony; hace mucho tiempo de eso.

—No me molesta el hecho en sí, lo que me molestó es que no me lo contases —se quejó.

Ella estaba con la cabeza inclinada hacia el suelo, mirándose la punta de los pies. No le gustaba haber traicionado a su amiga, sabía que ella se sentía así.

—Kim, no voy contando a la gente con quién me he acostado, y si pienso que fue un error menos todavía. Lo nuestro no funcionó ni funcionará nunca.

—¿Qué pasó? —La miró a los ojos.

—Tuvimos una relación, tendría unos dieciséis. Digamos que fue mi primer amor. Pero para él yo era su competidora y a ratos, una molestia; siempre había algo mejor que hacer: amigos, entrenamientos… Una vez quedamos y lo estuve esperando tres horas.

El pasillo se quedó en silencio, Jack observaba a Alyssa apoyado en la pared, estaba muy callado y pendiente de lo que decía.

—¿Y eso fue todo? —preguntó Kim, inclinando la cabeza hacia un lado. La luz reflejó sus labios brillantes por el pintalabios.

—Cuando terminó la guerra… —continuó, luego se instaló en la pared frente a ellos y apretó los dientes sabiendo que aquello que iba a contar no era la mejor etapa de su vida— recuerdo que muchos días se basaban en mantenerse con vida. Matabas o te mataban. Un día la desesperación me superó.

El silencio volvió a llenar el espacio, Jack carraspeó y Alyssa levantó la mirada hacia él. Parecía que le infundía fuerzas para continuar y eso es lo que hizo.

—Fue instinto. Mi alma se estaba secando con cada muerte, me sentía enferma, vacía.

Terminamos acostándonos en cualquier rincón.

Luego se convirtió en una mala costumbre.

Hacerlo con él me hacía sentir viva de alguna manera, durante un instante.

Me di cuenta cuando os conocimos de que no estaba actuando bien, que lo que hacía no era sano para ninguno de los dos.

Una relación más seria con él estaba totalmente descartada.

Había desnudado su alma. Todo lo que había vivido era como una mezcla de actos descontrolados.

Aquel mundo era demasiado complicado. Después de contarlo se sentía más ligera, pero, a la vez, temía lo que su mejor amiga pudiera pensar y lo que él sintiera al respecto.

Durante un momento demasiado largo, Kim y Jack enmudecieron.

—Este mundo es difícil y mantener atadas nuestras emociones también lo es —dijo el actor rompiendo el silencio.

Kim se abalanzó sobre Alyssa para abrazarla. El abrazo fue largo y reparador, como si una capa de protección recorriera su cuerpo.

—Os dejo, voy a descansar —se despidió, apartándose de Alyssa.

Ambos le dieron las buenas noches a Kim y se quedaron de pie en el pasillo, en silencio.

—Sois grandes amigas.

—Me hace ver la vida un poco más bonita. Su forma de querer a la gente es muy admirable.

—Es difícil mantener la cordura con esta vida que nos ha tocado vivir.

Durante un momento ambos quedaron atrapados en la mirada del otro.

Abrió la puerta de su habitación y le hizo un gesto invitándole a entrar.

Nunca había estado allí, era su espacio, el lugar donde sacaba a su yo artista y dibujaba cosas que se le habían quedado grabadas en la memoria durante el día.

Jack estaba admirando sus propios ojos dibujados en una de las paredes, junto con unas manos entrelazadas, y estaba segura de que ya había deducido que eran partes de ellos.

Alyssa se había sentado en la única silla de aquel pequeño cuarto, no había muchos muebles. Él se sentó a los pies de la cama, frente a ella.

—Me gusta estar contigo —susurró.

Jack sonrió al escucharla y estiró su mano para coger la de ella.

—Podríamos estar juntos si quisieras. Yo quiero.

—No. Me muero por estar contigo, no te voy a mentir, mis paredes no mienten, pero no puedo hacerlo.

—Sabes que los dos deseamos lo mismo. En algún momento, cederemos a lo que sentimos.

Se levantó y agarró la mano de Jack para levantarlo. Sin mucha cortesía lo acompañó hasta la salida. Le dio un beso rápido en los labios y lo empujó sacándolo de su habitación. Él soltó una carcajada desde el otro lado al ver cómo lo había despachado y Alyssa apoyó la espalda en la puerta.

Era muy posible que terminase cediendo, de hecho, no tardaría mucho.

Sabía que podía estar con él si así lo deseaba y, aun así, el miedo a lo que pudiera pasar cuando volviera Danielle la estaba mortificando.

Saber que podía ser quien alejase a Jack de sus hijos tampoco le gustaba.

Descartó aquellos pensamientos, tenía que descansar.

El día siguiente iba a ser largo y horrible, ahora solo deseaba que todo pasase y que su nuevo equipo saliera indemne de todo este lío en el que se habían metido.

La mañana ya presagiaba desgracia. Estaba nublado y con un viento que anunciaba tormenta. De camino a la cárcel donde estaban los hostiles, el grupo de poco más de diez personas encabezado por Ray iba preparado para la guerra.

Erik era el más capaz y el único del que no tenía que preocuparse.

Alyssa pensaba en Kim que, aunque también era una pequeña salvaje en combate, sabía que a veces se despistaba un poco y podía terminar herida.

Tony era demasiado fuerte, pero su amistad siempre le había hecho estar pendiente de él, y por último estaba Jack, su gran temor.

Ella miró de reojo al concentrado cazavampiros, estaba muy serio e iba cavilando sobre algo, tal vez en su muerte.

Alyssa se acercó a Tony y le tendió la mano.

—No quiero seguir enfadada contigo.

Él la estrechó con fuerza.

—No puedo enfadarme, aunque quiera.

«Aunque estos días parece que no hace otra cosa».

—Estoy preocupada, demasiado novato.

—Dijisteis que no había más de treinta, ¿no? Será pan comido.

La mercenaria se mordió el labio, luego miró a Kim que sonreía mientras hablaba con Erik y volvió a mirar a Tony.

—¿Me vigilarás a Kim?

—Y a ti, siempre lo hago.

La tormenta empezó pronto, aunque la marcha siguió más rápida de lo que Alyssa había imaginado.

Erik y ella habían zigzagueado tanto que su viaje se había alargado más de un día, ahora, en media mañana ya estaban a un par de kilómetros de la cárcel.

Jack le agarró de la mano cuando no faltaba mucho para llegar y la retuvo para quedarse los últimos, Ray pasó junto a ellos y les dirigió una leve sonrisa.

—¿Me prometes que no moriremos?

La mercenaria puso su mano en la mejilla mojada del actor, la lluvia arreciaba con fuerza y estaban empapados, aunque ese era el menor de sus problemas.

—Te prometo que haré lo que pueda.

—Si pasase algo…

—No va a pasar nada —cortó Alyssa.

—Pero, si pasase, cuida de mis hijos y busca a Any. —Jack tenía la mirada oscura, se podía percibir su miedo.

El beso llegó de repente, él la estrechó con fuerza, casi con desesperación.

Su lengua se deslizó entre sus labios, buscándola, tropezando con la suya propia.

Ella apretó sus manos contra la espalda de Jack, lo anhelaba tanto que no podía soportarlo.

La adrenalina que tenían en su interior en aquel momento estaba llenándoles de deseo.

Alyssa ahogó un gemido apartándose con lentitud y mirándole a los ojos.

—Todo irá bien —prometió ella separándose con pereza de su abrazo—. Vamos, nos están esperando.

Ver a Jack con la ropa mojada. El agua deslizándose por las puntas de su pelo mientras la miraba con tanto deseo… era como un sueño para ella. Aquella visión le provocó un hormigueo por toda su piel. Cedería ante aquel hombre, estaba segura de que lo haría.

Apretó los ojos con fuerza y siguió con la marcha. Tenía que centrarse, cuando todo pasara ya recordaría a aquel dios empapado y atractivo. Aquella imagen no se borraría de su recuerdo con facilidad. Resopló y aceleró el paso.

La entrada en el campamento hostil fue tan brutal que Alyssa casi no tuvo tiempo de pensar.

Uno de los suyos cayó justo en la puerta.

Ella se encargó de uno de los guardias, que la reconoció de inmediato; por el olor que despedía estaba segura de que aún seguía borracho.

Erik entró en busca del jefe. La mercenaria remató al hombre y lo siguió con pasos rápidos para alcanzarle.

Tras ella, se quedaron los gritos y la sangre.

Antes de perder de vista a los suyos, se dio la vuelta para cerciorarse de que todo estaba bien.

—¿Están borrachos? —preguntó Alyssa.

—Para nuestra buena suerte, sí —respondió Erik con una sonrisa torcida.

Ambos llegaron al lugar donde tantas veces habían hablado con el jefe y lo sorprendieron tras su escritorio.

Sus ojos estaban desorbitados por el miedo.

Alyssa se encargó del hostil de la puerta mientras veía a su compañero saltando sobre el escritorio para matar a aquel apestoso sin mucho esfuerzo.

Una puerta junto al escritorio se abrió y apareció un hombre apuntando a Erik con una pistola.

Sin embargo, la mercenaria se hizo cargo de él lanzándole el machete al estómago.

Les robaron las armas y la munición que era poca, pero aún tenían algo.

El militar embutió una botella de whisky en la cintura de sus pantalones y ambos salieron corriendo hacia la parte más profunda de la prisión, en busca de los niños.

Por el camino, algún hombre intentaba cortarles el paso.

Ambos se deshacían de los hostiles como si fuesen muñecos de entrenamiento.

Más de uno estaría borracho; ellos, en cambio, eran rápidos y letales.