16. Los preparativos #3
Tras eso, dio instrucciones sobre el ataque a los hostiles. Y, por último, organizó salidas en busca de víveres.
Después del discurso, todos abandonaron la sala cabizbajos y murmurando. Antes de que alcanzasen la puerta, Ray gritó:
—¡El que quiera abandonar, ahora es el momento!
—Esperó a que todos se fueran y se encaró con Tony señalando a Jack mientras decía—: ¿Crees que puedes ir dando puñetazos a los de tu equipo?
Estoy tan confundido con tu actitud que no sé qué pensar de ti ahora mismo.
Vas a hacer guardias de terraza hasta que salgamos a atacar a los hostiles, así tendrás tiempo para meditar.
Tony se cruzó de brazos y miró a Ray con aire engreído y sin decir una palabra.
—Tú, Jack —siguió diciendo Ray—, recupérate rápido, porque en cuanto vuelvan Erik y Alyssa, vamos a la guerra.
—Sí, señor.
—Kim, saldremos de caza, estamos escasos de víveres; en una hora nos vemos en la puerta.
Jack dio un paso hacia atrás dispuesto a marcharse, pero Tony le agarró del brazo para retenerlo mientras los otros dos salían de la sala.
—Tuviste suerte de que aparecieran Erik y Ray y te salvasen la vida.
—Supongo que la tuve, y más ahora sabiendo que querías matarme —dijo desafiándolo con la mirada.
—Aléjate de Alyssa —ordenó el mercenario.
—Eso es algo que tiene que decidir ella. —Jack tiró de su brazo para soltarse y apretó los dientes con fuerza por los aguijonazos de dolor que sintió al hacerlo.
Aquel maldito fanfarrón era un desgraciado. Se creía con derecho de hacer lo que le diera la gana. Comprendía lo que sentía por Alyssa, era imposible no sentirse atrapado por el carisma de aquella mujer, su temperamento y el hoyuelo que se marcaba cuando sonreía.
Jack llegó a su cuarto y se tumbó en la cama, con el brazo sobre la frente.
La imagen nítida de Alyssa se formó en su mente, la recordaba saliendo del lago con la ropa mojada; corriendo delante de él; o cuando vio cómo luchaba contra los hostiles, aunque lo que más se había grabado en su memoria fue su mirada oscura reconociéndolo el día que le salvó la vida…
—¡Cómo te necesito!
Roxy saltó sobre la cama y se acomodó contra su estómago enroscándose, mientras la acariciaba con suavidad se quedó dormido.
Alguien llamaba a la puerta insistentemente.
Se estiró en la cama sintiendo un peso sobre su muslo, al mirar tenía a Ron echado sobre su pierna y a Roxy tumbada a su lado estirada contra su cuerpo.
No entendía cómo Alyssa podía dormir con ellos.
Los golpes de la puerta sonaban más exigentes esta vez.
—¡Pasa! —gruñó Jack incorporándose para ponerse cómodo.
—Llevas todo el día durmiendo.
Jenn sostenía una bandeja que llevaba algo de comida. Se acercó hasta él depositándola sobre sus muslos después de hacer bajar a los perros de la cama.
—¿Dónde están los niños?
—Se han ido a las casas de seguridad que han montado los nuevos mercenarios, como los llama Ray.
—¿Mercenarios?
«Suena bien, ¿ahora yo también soy un mercenario?», pensó Jack.
—Sí, dice que todos tenemos que mudarnos allí, así que estamos trasladándonos poco a poco. —Agarró la mano de su amigo y le miró a los ojos—. Necesito que vuelvas con vida.
—Jenn…
—No, Jack, solo di que harás lo posible por volver.
Jack no quería prometer nada que no pudiera cumplir. Cogió el vaso de zumo que había en la bandeja y bebió mientras pensaba qué decir.
—Lo intentaré.
—Tony se ha pasado. ¿Alyssa fue el motivo? —cambió de tema su amiga, algo más tranquila por su respuesta y soltando su mano.
—La llamó zorra. Aunque de todas formas me hubiera pegado igual. Me tenía ganas.
—¿Estás enamorado?
—Estoy tan enamorado que soy capaz de dar mi vida por ella.
—Ella siente lo mismo —afirmó Jenn—. ¿Qué harás cuando vuelva Danielle? No sabemos ni cómo volverá. Tal vez te necesite.
—Lo único que me importa es mi hija, encontrarlas a las dos es una prioridad, pero no voy a seguir con ella.
—Estoy contigo, debes dejarla. Aunque no tuvieras a Alyssa, vuestra relación estaba muy tocada por todo lo que ella te ha hecho. Pero ten en cuenta que puede que a su regreso no sea la misma. No hagas nada que no quieras hacer.
—Es la idea.
—Me llevo a los perros; esta tarde nos mudamos a la zona segura.
—Perfecto. Cuida de todos, por favor.
Mientras veía a Jenn abandonar la habitación, imaginó cómo podía ser una vida en aquella nueva realidad junto a Alyssa. Sí, podía ser perfecta. La deseaba tanto que le dolía no tenerla, ¿o tal vez era por lo magullado que le habían dejado?
Ahora ella estaba en territorio enemigo, aquello era una incógnita continua, ya que solo podía pensar en las posibles cosas que podrían salir mal mientras ellos estaban en la boca del lobo.
¿Cómo sería su vida juntos? Saliendo a buscar víveres o tal vez haciendo ejercicio, sentados en el comedor exterior del instituto junto a sus hijos, riendo por alguna tontería.
Sintió cómo su pecho se hinchaba de felicidad, cómo reaccionaba a todos aquellos pensamientos, y cerró los ojos con una sonrisa en los labios.
Jack fue consciente de que cada vez que se imaginaba feliz, se imaginaba con ella.