Al pasado se lo llevaron las bombas 16. Los preparativos #2
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16. Los preparativos #2

Frunció el ceño quedándose muy quieta, vio que a lo lejos un hombre los observaba con una sonrisa divertida.

Alyssa agarró la mano del hostil y con un giro rápido y con fuerza, le clavó su propio cuchillo en el estómago.

Le empujó haciendo que cayese al suelo. Se quedó de pie mirando al hostil que los observaba a lo lejos, controlando al mismo tiempo a algunos de los hombres que los rodeaban.

—¿Atacas a dos de mis hombres y pretendes irte? —El hostil que parecía el jefe empezaba a acercarse a ellos seguido de una comitiva de cinco más.

—Si vuelvo a ver otro cuchillo clavándose en mi piel, no tardará mucho en haber otro más en el suelo.

—¿Alegas defensa propia? —se burló.

Alyssa adoptó una pose chulesca cruzando los brazos sobre su pecho e inclinó la cabeza hacia un lado, sintiendo mucha curiosidad hacia aquel individuo.

—¿Eres abogado? —preguntó irónica.

El hombre sonrió. Llevaba una corbata sucia y un traje que había visto mejores tiempos, de un tono marrón algo oscurecido por la mugre, su pelo grasiento y pegado a la cabeza era bastante asqueroso. Alyssa no quería ni pensar en cómo olería.

—Soy lo que tú quieras que sea. —Su tono de voz pretendía ser seductor.

Erik dio un paso defensivo delante de Alyssa. Otro hombre lo agarró para apartarlo de ella y lo lanzó al suelo. Se quedó en el suelo quejándose por el golpe, simulando que era débil y cobarde. El del traje se acercó a Alyssa y le tocó la mejilla, ella apartó la cara con asco.

—No me interesas —dijo con firmeza.

El olor de aquel hostil le causaba náuseas, intentó contenerse apretando los puños con fuerza. El tipo arrugó la nariz y luego sonrió.

—¿Qué te hace pensar que a mí me importa lo que a ti te interesa?

—Agarró a Alyssa del pelo tirando un poco.

Ahora le tenía más cerca, la tentación de matarle fue tan intensa que esta apretó su puño con más fuerza para contenerse y sintió como su propia sangre resbalaba por sus dedos.

Estaba segura de que era el que mandaba, aquel hombre no debía morir aún.

—Puedo matarte en menos de tres segundos. —La voz de la mercenaria era letal, su rostro impasible ante el tirón.

Eso dejó paralizado a su anfitrión con sus palabras, que la soltó lentamente. Ella se frotó la mano en el pantalón, limpiándose la sangre sin apartar la mirada de aquel tipo.

—¿Así que queréis pasar la noche? —tanteó cambiando de tema y mirando a Alyssa, esta vez su mirada brillaba de admiración.

Un nudo se había formado en la boca del estómago de la mercenaria, era en parte miedo, en parte repulsión y en parte deseo de destrozarle la sonrisa a aquel despreciable.

—Estamos hartos de dormir entre matorrales y piedras.

El hombre asintió e hizo un gesto con la mano para hacerles pasar. Alguien ayudó a Erik a levantarse que aún seguía en el suelo.

—Veo que eres rápida, pero ¿qué haces con alguien como ese?

Erik resopló caminando más deprisa para ponerse a la altura de Alyssa.

—Yo voy con ella, no al revés. Es jodidamente buena, así me aseguro la supervivencia —refunfuñó. Estaba haciendo un gran papel.

—¿Y tú consientes eso? —dijo el hombre mirándola.

—Me hace compañía y folla bien.

El hombre rio con ganas y todos lo imitaron como papagayos, Erik también se unió al coro. Cuando las risas se apagaron el jefe le tendió la mano a ella que no se movió, así que su anfitrión se quedó con el brazo extendido, con una sonrisa estúpida, la bajó y carraspeó.

—No me gusta que me toquen.

Pareció aliviado con aquella explicación y asintió. La situación se había puesto más tensa. Luego él se metió las manos en los bolsillos y miró a la mercenaria con interés.

—Me llamo William.

—Yo soy Alyssa y él es Erik. Nos quedaremos solo a pasar la noche.

—Os quedaréis hasta la fiesta. Seréis mis invitados —ordenó con una amplia sonrisa.

Alyssa miró a Erik que de forma imperceptible asintió con la cabeza. Cuando llegaron a una de las celdas, William señaló hacia dentro.

—No. Quiero cuatro paredes y un pestillo. —No se atrevía a dormir en aquel lugar, aunque hacer aquella exigencia podía provocar un desastre.

William la miró. Era un hombre alto, de nariz torcida, y Alyssa supuso que antes de la guerra aquel personaje había sido un hombre de negocios, guapo y con mucho dinero, ahora era el jefe de unos asesinos.

—¡Charles! Llévalos a uno de los cuartos del piso de arriba. —El hombre bajito apareció tras William y asintió.

Fueron guiados hasta las habitaciones, que por los restos que aún quedaban, parecían haber sido despachos. Les entregaron una llave y los dejaron solos.

En la habitación, Alyssa suspiró aliviada, habían cedido en su exigencia. La mitad del trabajo ya estaba hecho, ahora solo quedaba sobrevivir.

—Tranquila —murmuró Erik.

—Me va a costar un poco.

—Lo has hecho muy bien —sonrió el militar.

Jack

Jack caminaba despacio por el pasillo central, Kim estaba parada en su camino con los perros de Alyssa. Cuando llegó donde estaba ella, la vio cabizbaja y parecía enfadada.

—¿Kim?

Se sobresaltó y al mirarle jadeó. Ella no lo había visto aún después de la pelea con Tony.

—¡Madre mía, Jack!

Sí, sentía el dolor en todo su cuerpo, no habían pasado ni dos días desde la paliza y tenía la cabeza a punto de estallar.

—¿Sabes si pueden darme algún calmante?

Kim asintió aún sorprendida por su aspecto.

—Sabía lo que había pasado, pero…

—Déjalo, no tengo ganas de hablar —la cortó Jack. Aunque más bien el dolor no lo dejaba hablar.

Ray pasó junto a ellos y se giró para subir por la escalera que tenían al lado.

—Os espero en media hora en la sala de reuniones.

Ella asintió. Jack miró hacia el pasillo donde estaba su habitación, sus hijos se quedarían esperándole si no volvía.

—Yo te llevo los calmantes a la sala de reuniones, tú ve a avisar a Richard y Lyssa. ¿Te llevas a los peludos? —Parecía haber intuido lo que Jack había pensado.

—Sí, vale. Gracias. —Jack silbó como pudo y los llamó.

Los perros miraron a Kim y esta los animó a irse, al final le hicieron caso y se encaminaron hacia la habitación.

A la media hora todos estaban en la sala. Los más nuevos parecían nerviosos. Ray estaba apoyado en la mesa que presidía la sala y los demás ocupaban los pupitres.

—Después de estos meses entrenando y aprendiendo, habéis mejorado mucho. Alyssa y Erik han ido al campamento enemigo, para allanarnos el camino —anunció Ray.

Jack sabía que ella tenía que irse, pero no le había dicho cuándo. Aquella noticia lo dejó sin aliento, no podía ser que se hubiera ido sin decirle nada. La tensión que provocó aquella noticia hizo que su cuerpo se quejase por el dolor.

Ray explicó lo que iba a pasar. Habían buscado un lugar más seguro donde la gente que no iba a luchar permanecería oculta hasta que la batalla terminase. Debían estar seguros de que no los seguían y los encontraban poniendo en peligro a los niños y las personas que se quedarían protegiéndolos.