Al pasado se lo llevaron las bombas 15. La fiesta
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15. La fiesta

Alyssa

P asaban los días y los entrenamientos eran cada vez más duros. A dos semanas de salir a la batalla, Alyssa, Kim y Jenn se preparaban para la fiesta. Volvieron a la ciudad a «comprar» más ropa para los demás.

Alyssa cargaba una caja repleta de guirnaldas de flores artificiales. Habían encontrado una floristería y trajeron flores secas para decorar; algunas personas del centro hicieron unas guirnaldas preciosas. Ahora faltaba ponerlas.

Aquel fin de semana celebrarían una fiesta temprana para que a la puesta de sol todas las luces estuvieran apagadas.

En la noche se intentaba no encender las luces de las salas que estaban de cara a la calle, así que contando la cafetería y las salas de profesores todo lo demás era zona segura.

En la planta de arriba los baños y los pasillos dejaban a cubierto el resto de lo que ahora se usaba como habitaciones.

Kim había conseguido candelabros y Alyssa, utilizando todo lo que había aprendido por su tía, realizó unos centros de flores secas preciosos.

Tony trajo manteles de colores suaves; quedaban perfectos. Ray encontró licores, cosa difícil en aquellos tiempos y algo de chocolate, lo que hizo saltar de alegría a la cocinera. Al final sería una auténtica fiesta.

—¿La cuelgo aquí? —Jenn tenía entre sus manos una lámpara de aceite dorada, encontraron seis y estaban poniéndolas como parte de los adornos.

Mientras ellas tres montaban todo el escenario, el resto preparaban la comida y arreglaban la ropa.

Alyssa tocó el brazo a Kim con la caja que llevaba en las manos, las flores rojas y amarillas sobresalían por arriba.

—Me he dejado una caja en el gimnasio, ¿puedes ir a por ella? —Luego se giró a mirar a Jenn mientras dejaba la caja en una de las mesas—. Sí, cuélgalo ahí; el otro lo pones en aquella esquina.

Kim asintió y se marchó dejándolas solas, esta se bajó de la escalera y se acercó a la mercenaria para ayudarla.

—¿Le amas? —le preguntó con cautela.

Alyssa no la miró, se puso a ordenar las guirnaldas con mucho cuidado sobre la mesa meditando la pregunta. «¿Le amo? Sí, ahora sé que sí, pero decirlo en voz alta es otro tema».

—¿Y esa pregunta?

Jenn cogió la otra lámpara de aceite y se subió a la escalerilla para colgarla.

—Me gustaría ver feliz a Jack, me da la sensación de que él siente algo por ti, aunque no me lo dirá hasta que no esté seguro de sus sentimientos y de los tuyos.

Alyssa dejó lo que estaba haciendo y se giró hacia ella, sorprendida. La actriz bajó la escalera y cogió una de las guirnaldas para colgarla cerca del farol y la observó esperando una respuesta.

—¿Antes no era feliz? —Volvió a evitarla con otra pregunta.

Jenn sonrió, tal vez notando su miedo, pero se encogió de hombros y se puso a colgar la guirnalda.

—Al principio de su matrimonio eran la pareja perfecta. —La actriz apretó con fuerza la grapadora y luego se giró para que le pasase otra guirnalda—. Cuando tuvieron a Any, su primera hija, Danielle cambió. Por decirlo de alguna manera.

—¿Cambió? —repitió con curiosidad.

—La fama de Jack, la suya propia, la inseguridad que le causaban las fans de Jack y lo que le hacían sentir los suyos propios.

La estoy poniendo como si no fuera culpa suya, pero no tiene excusa.

Se acostaba con cualquiera que se le pusiera por delante menos con Jack.

Se reconciliaron y tuvieron a los gemelos.

él soportó todo tipo de humillaciones y luego…

—Jenn bajó de la escalera y vio a Alyssa sujetando otra guirnalda mientras la escuchaba.

—¿Luego?

—Pasó todo esto de la enfermedad, la guerra y ellos siguieron juntos, más por supervivencia que por amor, supongo.

Kim entró maldiciendo y echando chispas hasta por las orejas. Alyssa la miró con los ojos muy abiertos. Se había escapado de responder a Jenn, ¿le amaba? No iba a poner en palabras sus sentimientos.

—¿Nos vas a contar lo que te ha pasado? —preguntó la mercenaria.

—El imbécil de Tony —gruñó haciendo un puchero—. Le he dicho que necesitaba hablar con él y me ha dicho que no tenía tiempo para tonterías. ¿Cómo he podido querer tanto a alguien tan…? Lo peor es que aún le quiero —gimoteó.

Alyssa rodeó a su amiga con sus brazos y ella se echó a llorar, Jenn dio unas palmaditas en la espalda de la pequeña rubia y fue a la cocina dejándolas solas un momento.

—Vale, sé que él está enamorado de ti, pero necesito sacarme la espina y en vez de eso lo que hago es clavármela más.

—Te repito que tienes a alguien que bebe los vientos por ti.

—¡Déjame!

Jenn volvió con una taza humeante y se la tendió.

—Toma, te sentará bien, es tila. De la poca que queda.

Comenzó a beber su tila a sorbitos. La actriz las miró con gesto interrogante.

—Cosas del amor, últimamente todo es lo mismo. Antes matabas a un par de hostiles, salvabas a alguien, te acostabas con el primero que pillabas y te quedabas de lo más a gusto. Ahora, todo ha cambiado y follar conlleva un sentimiento.

—Alyssa, cielo, follar siempre ha conllevado un sentimiento, al menos para mí. Tú es que estás hecha de algo indefinido que te hace ser una asesina en todos los sentidos, incluso en el amor —replicó Kim, ofendida.

—Yo no veo a Alyssa de ese modo. Con los niños es cariñosa y muy divertida, con Jack es dulce. Tú eres una gran amiga para ella y te cuida mucho —dijo Jenn sorprendiendo a las dos mujeres.

—¡Guau! Ahora yo. ¿Cómo me ves a mí? —Kim parecía algo más despejada.

Jenn sonrió y se giró con una de las guirnaldas para continuar con su decoración.

Los trajes, el color y las luces que iluminaban la sala, hacían que se respirase el ambiente a fiesta, con los hombres apiñados junto a la comida que escaseaba.

La gente reía. La música sonaba de fondo y unos pocos salieron a bailar.

Alyssa, tiesa como una estaca, lucía su vestido rojo, unos zapatos de más de diez centímetros de tacón y los abalorios en tonos rojo y negro.

Kim se había maquillado con brillos y purpurinas, destacaba moviéndose al ritmo de la música en el centro del salón mientras ignoraba a Tony, que reía a carcajadas junto a Ray.

Jack aún no había aparecido, sus hijos jugaban con los demás niños en un rincón mientras los adultos bebían algo.

De pronto, la música cambió y un vals empezó a sonar.

Una mano fuerte se apoyó en su hombro; al girarse, el actor estaba inclinado en una reverencia y con una mano la invitaba a bailar.

Ella sintió que sus rodillas se aflojaban.

Estaba guapísimo con aquel traje negro y camisa blanca, sin corbata, pero no le hacía falta para robarle el aliento.

—Un pajarito me ha dicho que bailas muy bien. —Su voz era ronca y Alyssa se estremeció.

—Qué pajarito tan chismoso —se burló, aunque se moría de ganas por bailar.

Aceptó su mano y ambos se lanzaron al centro de la pista.

Se movían con pasos seguros y perfectos, ella reía encantada por lo bien que bailaba su acompañante. El olor del jabón que usaba Jack los rodeaba; todos los sentidos de Alyssa estaban centrados en la fuerza, el carisma y el olor de aquel hombre. La atracción era tan fuerte que solo deseaba besarle.

Se mordió el labio mientras él la hacía girar sobre sí misma. Soltó una carcajada de pura felicidad.

—Me gusta verte así, creo que nunca te había visto riendo de esta manera —susurró Jack en su oído, haciendo que sus cuerpos se pegasen en un movimiento íntimo.

Alyssa se apartó un poco y le miró a los ojos.

Las manos firmes de Jack tiraron de ella para inclinarla y luego enderezarla de nuevo.

Giraron un par de veces más y la música cambió a algo más marchoso.

Los dos abandonaron la pista y se acercaron a la mesa de las bebidas riendo por lo bien que lo habían pasado.

—¡Bailáis muy bien! Este hombretón podría enseñarme algún día —exclamó Kim dándole con el codo a Jack en las costillas.

—¡Cuando quieras! Por cierto, estás guapísima, Kim.

Kim se sonrojó y se mordió el labio, algo tímida, luego descartó su comentario con un gesto de la mano y los dejó solos.

Alyssa observó a Tony desde el otro lado del salón, le hubiera gustado que se acercase a ellos, pero se había vuelto distante y gruñón en los últimos días.

Tony

Miraba con rabia la pista, aquellos dos bailaban como si fueran profesionales. Daban asco.

A medianoche, saldría a la pista y le diría a él cuatro cosas, no podía soportar ver cómo seguían tonteando como dos tortolitos. Tal vez si hablase con ella la haría entrar en razón, la apartaría del actor de una vez por todas.

Apretaba los puños con fuerza. La rabia no le dejaba respirar con normalidad y decidió abandonar el baile.

Jack

Caminaba deprisa tras Alyssa; ella no le había visto y estaba subiendo a la primera planta donde estaba su habitación. La mercenaria se dio la vuelta y dibujó una sonrisa en sus labios al darse cuenta de su presencia.

—¿Te vas a quitar los tacones? —bromeó saltando los dos últimos escalones.

—Voy a por Roxy y Ron.

—Mejor, los tacones te quedan muy bien.

Se puso a la altura de ella que, al llegar a su cuarto, soltó a las fieras y se encaminaron juntos hacia las pistas para que los perros correteasen a sus anchas.

—¿Te vas a sentar en el suelo con ese vestido?

—Cierto personaje no me ha dejado quitarme los tacones, tampoco tenía sentido quitarme el vestido.

—Todo depende del contexto. Tal vez podría haberte ayudado a quitártelo —volvió a bromear.

Alyssa rio mientras se sentaba en las gradas y veía como sus peludos corrían por las pistas persiguiéndose. Se había sonrojado, así que él intentó cambiar de tema para que no empezase a sentirse incómoda.

—Has bailado muy bien. Y la fiesta ha quedado preciosa.

—¡Uf! Mi tía hubiera estado orgullosa de todo lo que he montado ahí dentro con el poco material que teníamos. Era un auténtico sargento, algunas cosas que me inculcó ya no pueden borrarse, supongo.

Jack entrelazó sus dedos con los de ella. Notó el frío en su palma, así que la llevó a sus labios y depositó un beso en ella.

—Voy a robarte un beso. —Sintió la tensión entre sus manos.

—No sería un robo. Bésame.