Al pasado se lo llevaron las bombas 14. ¿Confías en mí? #2
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14. ¿Confías en mí? #2

—¡Mira! ¿Ves? A Tony le hubiera gustado escuchar eso último —se mofó Kim mientras entraba en una tienda para empezar con las compras.

Alyssa sentía ganas de darle un puñetazo a aquel hombre, y con mucho gusto lo hubiera hecho.

—¿Vas a dejar que me explique?

—¿De verdad crees que necesito una explicación a algo que me quedó tan claro?

—Vamos, Alyssa, ¡necesito explicarme!

Se dio la vuelta, no quería escuchar nada más.

Tenía ganas de gritar, pero no le daría el gusto.

La volvió a agarrar del brazo, tiró de ella y la apretó contra su cuerpo en un fuerte agarre.

De pronto se inclinó y la besó. Ella, sorprendida, se resistió empujándolo y le asestó un pisotón que hizo gemir al actor.

En el momento en que escuchó aquel gemido, se agarró con desesperación a su cuello y se dejó llevar por la excitación del momento.

Cuando al fin controló sus emociones pudo pensar en lo que estaba haciendo. Le mordió el labio hasta que Jack se quejó y la soltó, apartándose y limpiándose la boca con la manga para ver si le había hecho sangre.

—¡Imbécil! —dijo alejándose de él.

Jack soltó una carcajada y la siguió con pasos largos y rápidos. Echó un vistazo atrás y justo antes de que entrase en la tienda cerró la puerta para que él tropezase, cosa que no hizo.

—¿Lo dejáis ya? Parecéis críos, no es ni el momento ni el lugar.

—¿Qué te pasa, Kim? —preguntó el actor, ella estaba hurgando en uno de los cajones.

—Que Tony es imbécil.

—¡Mira! Como tú… —soltó la mercenaria señalando a Jack.

Había descubierto que meterse con el cazavampiros le gustaba.

—No, multiplícalo por cien. Tony es mucho más imbécil.

—Gracias por la parte que me toca. —Jack se frotó la nuca y se alejó un poco de las chicas.

Salieron de la tienda algo cargados de conservas y pasta.

Caminaban por la avenida principal en busca de alguna tienda más cuando pasaron junto a una de vestidos de fiesta.

Alyssa se volvió para mirar uno que había en el escaparate, el cristal estaba sucio, solo se apreciaba el color rojo fuego.

Kim se giró y se acercó para limpiar un poco el vidrio.

—Tiene brillantitos —murmuró al verlo—. Los tirantes son tan finos… y el escotazo es de vértigo.

—¿Por qué no entráis y os los probáis? —Las dos miraron a Jack, él las animó con las manos empujándolas hacia la puerta—. En serio, yo voy a por esto —dijo cogiendo la lista que llevaba ella en el bolsillo trasero.

Ella gruñó al notar su mano apretándose dentro del bolsillo, al sacar la lista, le dio una palmada y Alyssa soltó un jadeo.

—¡Jack! ¡Qué narices…!

—Calla y entra en la tienda, vuelvo en una hora. —No la dejó replicar y se fue con su «lista de la compra».

—¿Qué os ha pasado a vosotros dos? —preguntó su amiga mientras sacaba el vestido rojo del maniquí.

Estaba tan confusa con sus sentimientos que se enfadó consigo misma. Necesitaba a ese hombre, pero ¿a qué precio?

—Pues que le parece bien meterme mano en una habitación a solas, aunque luego no quiere que vayamos cogidos de ellas delante de Jenn. Si hubieran sido sus hijos lo hubiera entendido, pero ¿su amiga?

—Te ha dolido. —Siempre la entendía.

Kim la ayudó con el vestido. Era de seda, una hilera de botones adornaba la parte de atrás hasta el final de la cola. Los escotes, tanto el de atrás en uve, como el delantero drapeado, rozaban lo indecente.

—He visto unos zapatos a juego.

La pequeña rubia salió del probador y volvió con ellos, sacudiéndoles el polvo, una horquilla para el pelo de piedras rojas y unos pendientes del mismo color acabados en plata. Cuando terminó de arreglarla, la dejó sola de nuevo y volvió con un vestido dorado que le había gustado.

Ambas se daban los últimos retoques cuando apartó la cortina para estar más cómodas y vio que Jack estaba sentado en una de las sillas de la tienda. Su cara era un auténtico poema cuando las vio.

—Estáis preciosas —dijo, tragando con fuerza.

Kim se miró el vestido dorado, largo y entallado, con un corte desde la ingle. Se había puesto unas medias oscuras y unos bonitos zapatos a juego.

La mirada de Jack cambió, el enfado que había sentido Alyssa un momento antes parecía haberse disipado, se acercó y él se levantó para verla mejor. El momento fue mágico.

Apoyó la mano en su cintura, ella se dejó llevar y le rodeó con los brazos, la besó en la base del cuello haciendo que cerrase los ojos. Era demasiado cómodo estar entre sus brazos.

—Deberíamos irnos —murmuró sin abrirlos.

—Ya tengo la compra hecha, si queréis probaros otro no hay problema.

La pequeña rubia arrugó los labios rosa chicle mirándose en el espejo.

—Quiero una fiesta elegante.

Durante un momento Kim la miró a través del espejo. Se tomó un momento recordando aquellas fiestas a las que le obligaban a asistir. Al final, sus palabras salieron casi sin permiso.

—Hagamos la fiesta.

Su amiga dio un saltito y se dio la vuelta.

—¡Me voy a poner este vestido! Nadie tendrá ropa de este tipo, igual hacemos el ridículo. Aunque me da igual, seguro que somos la envidia del baile, va a ser un bombazo. ¿Pondremos luces de colores? —Giró sobre sí misma mirándose en el espejo.

—Estáis demasiado guapas como para hacer el ridículo —fue lo único que acertó a decir Jack.

Alyssa se soltó de él a regañadientes y volvió al probador. Mientras ambas volvían a ponerse la ropa de combate Kim murmuraba ideas sobre la fiesta.

—Quiero que todos puedan llevar ropa elegante y beber champán.

—Hablemos con la gente del instituto y a ver qué decidimos, yo me encargo de que tengamos todos los lujos posibles.

Se llevaron la ropa y los complementos, luego cerraron la tienda para que nadie pudiera entrar, con la esperanza de volver otro día.

Mientras volvían al instituto Alyssa y Jack se quedaron rezagados, ella iba un poco cabizbaja.

—Creo que sí quiero una explicación. —Tenía miedo, pero no saberlo le hacía más daño.

Él agarró su mano para que se detuviera y apartó un mechón de pelo de su cara metiéndolo tras la oreja, aquel gesto hizo que sintiera sus rodillas aflojarse. Era un hombre cariñoso y eso le gustaba.

—No sé por qué lo hice. Durante todo el tiempo que estuvimos en aquella casa, pensé en contarle a Jenn que estábamos juntos, es mi amiga. Mi instinto fue apartarme para poder contarle primero lo que estaba pasando.

—No tenemos nada, no había nada que contarle, aunque confieso que me muero de ganas.

Jack se adelantó para besarla, pero ella puso dos dedos sobre sus labios para evitarlo.

—Podemos estar juntos —murmuró rozando los dedos de Alyssa con sus palabras—, aunque voy a encontrar a Danielle, y si luego decides que sigues queriendo estar conmigo, serás bienvenido. Hay demasiadas incógnitas en nuestras vidas, no voy a añadir que tú me dejes cuando aparezca ella.

—¿No confías en mí?

Alyssa le miró un momento, luego retiró sus dedos, dio un paso atrás y se giró para seguir caminando.

Notaba la mirada de Jack a sus espaldas. Sus palabras resonaban en su cabeza una y otra vez. ¿Confiaba?