14. ¿Confías en mí?
Tony
E staba esperando a que Alyssa y Kim salieran de aquella casa diminuta mientras veía un gato comiendo una lata de carne bajo un árbol.
En aquellas chorradas tiraban la comida esas dos.
Caminaba impaciente de un lado a otro del porche cuando se abrió la puerta, Alyssa estiró la mano hacia atrás y Jack se la cogió.
«Esto es el colmo —pensó Tony, furioso—. ¿Acaso son pareja?».
—¿Me he perdido algo? —le preguntó a Kim.
Ella se encogió de hombros, le sacó la lengua y se encaminó hacia el bosque mientras le contestaba enfadada:
—Lo que me parece muy fuerte es que no me digas ni hola.
Alyssa en ese momento le abrazó y le dio un beso en la mejilla. Él la estrechó con fuerza riendo, pero al soltarla volvió a coger de la mano a Jack, «cómo no».
Tenía que ponerle freno a todo esto. Si no se movía deprisa terminaría perdiendo a Alyssa para siempre. No podía seguir viendo cómo iban cogidos de la mano y bromeando entre ellos como si nada. Se adelantó y se puso junto a Kim dándole con el codo para que le mirase.
—¿Están juntos?
—¿Me preguntas si han follado?
—¿Me contestas, por favor?
«Esta mojigata es insufrible», pensó Tony al ver que no recibía una respuesta.
—Pregúntale a ella —le sugirió irritada.
La pequeña rubia se alejó maldiciendo entre dientes. Nunca entendería a aquella mujer.
—Tony, ¿habéis estado entrenando? —preguntó Alyssa mientras se ponían a su altura.
—Sí, somos más de quince entre hombres y mujeres. La gran mayoría no se han atrevido por los niños, supongo.
—Tenemos que entrar allí y cargarnos a algunos antes del ataque. Así mermaremos sus filas, es una idea que he estado barajando. Si están borrachos o distraídos, se puede hacer.
—Si nos pillan, no lo contaremos.
—A Erik y a mí no nos pillarán.
Y tenía razón, aquella mujer era letal en combate. El único defecto que podía sacarle era que estaba enamorada de aquel cazavampiros.
—¿Vas a ir con Erik? —preguntó Jack entrando en la conversación.
—Estoy entrenada para ello, podré hacerlo bien, y Erik es casi tan mal bicho como los hostiles, lo bueno es que está de nuestro lado.
—No me parece muy bien todo eso —señaló Jack, preocupado.
Tony resopló y se adelantó para no verlos. Le daban ganas de vomitar, cogidos de la mano como si fueran novios.
«Maldito cabrón», gruñó enfadado.
Alyssa
Al llegar al instituto, Jack seguía sujetándole la mano. Hacía tiempo que no se sentía tan tranquila con alguien, estaba más cómoda de lo que le gustaría admitir. Mientras accedían al pasillo central, Jenn salió de pronto a su encuentro.
El actor tiró de su mano con fuerza soltándose de su agarre para que no les viera su amiga. Alyssa miró sus manos, ahora separadas, y a Jack con una postura tensa y algo sonrojado.
Aquella reacción la cogió por sorpresa. Un vacío empezó a abrirse camino en su interior, era como un relámpago doloroso que había empezado desde su mano y subió hasta asentarse a la altura de su pecho. «¿Qué está pasando, no quiere que nos vean juntos?», reflexionó algo indignada.
—Bien, bonita reacción —dijo Alyssa.
Él se giró hacia ella sorprendido por sus palabras. Bajó la mirada hacia sus manos, la de ella ahora apretada en un puño. Alyssa aprovechó para irse, intentó detenerla, pero ella se apartó esquivándole.
—¡Ya estás de vuelta!
La mercenaria miró a la pareja que se abrazaba en el pasillo central, él la seguía aún con la mirada.
Los perros la encontraron a punto de entrar en el pasillo, los llevaba Erik, que por su aspecto venía del lago; de hecho, los tres estaban algo mojados todavía.
Se apoyó en la pared para no ser embestida por Roxy y Ron que comenzaron a lamer y dar la bienvenida a su amiga. Los llenó de mimos mientras disfrutaba de su amor, les había echado mucho de menos.
—¿Al final no te has muerto?
Ya empezaba a conocerlo y sabía que estaba dándole la bienvenida a su modo.
—Ya ves, seguiré dándote guerra.
—¡Me halagas, preciosa! Sabes que solo te quiero por tus habilidades en combate, ¿verdad?
—Qué decepción —respondió con sarcasmo.
—Ya, claro…
—Tenemos que hablar, he tenido una idea. ¿Serías capaz de entrar en el campamento hostil para limpiar un poco antes de que el grupo vaya a la guerra?
Erik frunció el ceño y, después de pensarlo unos segundos, dibujó una fina sonrisa lobuna.
—¿Me estás diciendo de ir y matar a los despistados y borrachos mientras nos hacemos pasar por hostiles? ¡Pero qué planazo! Al final has terminado proponiéndome una cita. ¡Si es que soy irresistible! —Erik parecía emocionado, aunque, en él, todo resultaba demasiado inestable.
—¿Puedo fiarme de ti? —Lo miró con los ojos entrecerrados, pasando por alto el asunto de la cita.
—¿Cuándo te va a entrar en la cabeza que te quiero viva? Eres mucho más entretenida en el campo de batalla que tirada en una cuneta.
Erik se cruzó de brazos apoyándose en la pared, la ropa se pegaba a su cuerpo delgado por la humedad y su pelo empezaba a secarse de forma rebelde.
—¿Por eso me sigues a todas partes? —insinuó.
—Olvídalo. Lo hablamos con Ray. Quiero conocer su opinión.
Erik se fue sin dejarle contestar. Ella cogió a sus perros y entró en su habitación lanzándose de cabeza sobre la cama. «Cómo echaba de menos mi cama», se dijo.
A la mañana siguiente, al bajar a la sala de reuniones, se encontró con Tony por las escaleras, iba malhumorada y él se dio cuenta enseguida.
—¿Pasa algo?
—¿Te puedes creer que ayer, cuando llegamos, Jack se apartó de mí como si tuviera la peste? ¡Para que no nos viera Jenn cogidos de la mano! —Alyssa no lo pensó dos veces, siempre se lo contaban todo.
—Te tengo dicho que es un hombre casado, ¿qué esperabas?
Un «ya te lo dije» se dibujaba en sus ojos.
Ambos se detuvieron un momento para mirarse. No podía soportar un sermón más.
—¿Sabes que le gustas a Kim? —dijo cambiando de tema.
Apretó los dientes enfadada ahora también con su amigo. Rebufó y se dio la vuelta para entrar en la sala. Todos los nuevos estaban sentados en pupitres. Ray tenía la cadera apoyada en la mesa que presidía el aula mientras decía algo. Al entrar, todos se giraron a mirarla y aplaudieron su llegada.
—Vale, vale…, chicos —titubeó, mordiéndose el labio algo nerviosa; su estómago se apretó al recibir tanta atención.
—¡Nos alegramos de verte bien! —exclamó Ray guiándola hasta la mesa grande.
—Bueno, ya veo que somos muchos. Tengo un plan para el ataque.
En ese momento, Erik entró y se acercó hasta donde estaban Ray y ella. Caminaba de forma chulesca y despreocupada. Los tres se encararon hacia los nuevos y ella les explicó el plan.
Después hubo una discusión acalorada sobre quién debía o no debía ir. Al final irían quienes ella había pensado. A Ray parecía no gustarle la idea. Aunque ahora tenían más refuerzos, se le notaba preocupado.
—Bueno, primero creo que debemos entrenar un poco más; también necesitamos víveres y medicinas, vamos muy justos de algunas cosas —señaló el jefe sacando una lista.
Erik se la quitó de las manos y la leyó en voz alta.
—Bien —siguió Erik—. Alex, John y Charly, vosotros iréis con Kim, Jack y Alyssa al hospital de la ciudad.
Mientras repartía las tareas, la mercenaria vio al actor entrando y sentándose junto a Tony.
Si ya estaba tensa por la atención que todos le estaban prestando, verle en aquel momento no la ayudó.
Alyssa no había escuchado nada del reparto de las tareas, pero no importaba.
Solo tenía ojos para aquel sinvergüenza, que parecía que sentía algo por ella y, en cambio, ahora se escabullía como una lagartija.
Recordar lo que había pasado la estaba cabreando, así que se centró en lo que estaba ocurriendo a su alrededor y lo apartó de su mente.
Al terminar, los más nuevos se dirigieron a las pistas para entrenar y Erik le pasó la lista de tareas mientras salían. Kim y los demás la siguieron para dirigirse a la ciudad.
—Yo iré con vosotros —anunció Tony uniéndose al grupo.
Kim le empujó con el hombro para apartarlo.
—Mejor no, no tengo ganas de verte —gruñó.
El mercenario miró a la diminuta mujer con el ceño fruncido y Alyssa se encogió de hombros, dejando a su amigo atrás y emprendiendo la marcha.
Evitó acercarse a Jack; él lo intentó varias veces, pero ella no quería que le hablase.
Caminaban por una senda entre árboles, cogiendo solo atajos. La vigilancia era menos exhaustiva porque estaban semiocultos, pero, aun así, no podían dejar de controlar: sonidos, pisadas, voces.
El silencio era primordial y suponía que por eso el actor no había insistido. La tensión cada vez que salían, atenazaba sus nervios. Apretó los puños para controlar el ansia y siguió adelantándose a todos para ver si había alguien más allá.
Cuando llegaron a la ciudad un par de horas después, Jack la agarró del brazo para detenerla; la mirada verde y enfadada de él la hizo estremecer. Su contacto la puso nerviosa y se enfadó consigo misma por reaccionar así.
—¿Qué quieres? —preguntó con los dientes apretados.
—Lo siento.
Alyssa resopló. Se soltó de su agarre y partió en dos la hoja con la lista de la compra. Una se la tendió a Alex y la otra se la quedó ella.
—¿Queréis ir vosotros al hospital?
Antes de que Alex pudiera coger la hoja, Charly se la arrancó de un tirón.
—Nos vemos aquí en dos horas.
—Tres —contestó ella, Charly asintió y se marcharon.
Jack volvió a cogerla de la muñeca haciendo que volviera a mirarle.
—Dime algo.
—¿Qué quieres? Dime, ¿qué quieres de mí? No, espera, no me digas nada —gruñó, estaba demasiado enfadada como para escuchar sus mentiras—, ya me lo dijiste todo con tu actitud del otro día.
—¿Me he perdido algo? —dijo Kim cruzándose de brazos.
—Sí, te has perdido que este patán es un hombre casado coqueteando con una mujer quince años más joven que él.
¡Qué hazaña, sí señor! —Sentía tanta rabia que ya no sabía ni lo que decía—.
Pero, cuidado, ¡no vaya a ser que su amiguísima Jenn lo pille haciendo manitas!
—Se había dado cuenta de que estaba gritando, así que se acercó hasta que sus cuerpos casi se rozaron—. Menos mal que no me acosté contigo.