Al pasado se lo llevaron las bombas 13. La casa del pueblo #3
51%

13. La casa del pueblo #3

—¡Claro! Pero si antes un matrimonio ya no era para siempre, no esperes que lo sea en un mundo donde la guerra nos ha dejado en las últimas y la media de vida es entre media hora y diez años, o toda una vejez respetuosa. ¡Tus valores son humo! ¡Los matrimonios son paja!

—Kim… Mis padres se separaron por una tercera persona, conoces la historia. Terminé viviendo con mis tíos y no supe más de ellos.

—¡Calla! Ese hombre ha saltado todas las barreras por ti, con dos hijos ahí y, aun así, salió de su cuarentena segura ¡solo para cuidarte!

—¿Crees que voy a cambiar mi opinión y mi decisión por tu discurso?

—¡Mierda! Tanto gastar saliva para nada. —Kim levantó la copa para brindar con la expresión muy seria—. Te repito lo que siempre digo: al pasado se lo llevaron las bombas, cada día puede ser el último.

Las dos amigas bebieron tras un brindis por sus palabras. Cuando dejaron las copas sobre la mesa, unos golpecitos en la puerta las hizo mirar hacia atrás.

—¿Os estáis bebiendo el vino sin mí?

—¿Cuánto tiempo llevas ahí? —preguntó Alyssa sonrojada.

—Acabo de llegar, ¿estabais hablando de mí o qué?

Kim hizo un sonido de aprobación exagerado.

—Hablábamos de tu culito firme y de tu espalda ancha y provocativa. Bueno, Alyssa ha dicho algo de miradas cautivadoras.

Las dos amigas rieron al ver la cara de Jack que levantó una ceja y entró en la cocina moviendo el culo de forma exagerada y de un lado a otro.

—Bueno, si hablamos de mi culo entonces tiene derecho a estar presente.

Los tres estallaron en carcajadas. Se sentó con ellas y Kim le pidió que contase alguna anécdota del rodaje de su serie. Alyssa escuchó con atención memorizando sus gestos, su sonrisa y sus palabras.

Mientras hablaba, él puso la mano sobre el muslo de la mercenaria, ella entrelazó los dedos y la estrechó con cariño.

Jack

Bajaba por la escalera cuando escuchó a Kim y su discurso.

Se sentó en el último escalón. No quería cotillear, pero estaba conociendo algo más sobre los miedos de Alyssa.

Supo que tenía a Kim de su lado y eso le gustó.

Al presentir que la charla entre amigas había terminado, llamó a la puerta y las vio agarradas a la botella de vino.

Después de un momento de bromas, Jack se sentó junto a ellas.

Mientras se explayaba contando cosas y sin apenas ser consciente de ello, apoyó su mano en el muslo de Alyssa, pero lo más sorprendente fue que la mercenaria entrelazó los dedos con los suyos.

No la soltó en todo el tiempo que estuvieron en la cocina charlando, de vez en cuando su pulgar le rozaba en una caricia suave.

Deseaba acostarse con ella, tenerla entre sus brazos. Cada vez se sentía más atrapado. Había pasado tanto miedo con su posible muerte, que ahora no tenía ganas de perder el tiempo.

Durante el resto de días en la casita del pueblo, Alyssa estuvo cariñosa y cercana.

Aun así, cada día se iba a dormir temprano y sola. Una noche, incluso, Kim y Jack se quedaron solos en el porche, ya que Alyssa evitaba quedarse con él a solas.

—¡Ten paciencia, machote! Ella te quiere, pero entre lo que hay en su cabeza y Pepito grillo, alias Tony, pues… — resopló.

—Kim —dijo interrumpiéndola—, para Alyssa voy a tener toda la paciencia que haga falta.

En ese momento algo saltó por detrás de Kim. Se pusieron en guardia levantándose de golpe. El silencio lo invadió todo y ambos miraron en todas direcciones buscando el origen del ruido.

Mientras observaban entre los matojos en la oscuridad, algo se encaramó a la baranda, Jack dio un paso atrás y soltó un grito, luego levantó la mecedora y la usó a modo de escudo.

—¡Vete, zape ! —gritó ahuyentando al gato pardo que los miraba con atención.

Al oírlo, Kim se giró y se encontró con las patas de la mecedora y a él oculto detrás, en cuanto vio el miedo dibujado en el rostro del actor, se puso a reír con ganas.

Lo que hizo que Alyssa, sorprendida, bajase y se asomase para llamarles la atención.

Jack volvió a gritar lo de zape , espantándolo con la mecedora.

Alyssa

Kim se agarraba el estómago por la risa doblándose hacia delante. Miró al gato y luego a Jack que había dejado la mecedora en el suelo y estaba en la parte más alejada del porche, apuntándole con un palo. La mercenaria se mordió el labio para no reírse y se acercó al gato.

La pequeña rubia no podía parar de reír, a ella le costaba seguir intentando evitarlo.

Ver a Jack tan asustado por un simple gato era muy raro.

Agarró al animal y lo llevó a la cocina, abrió una lata de albóndigas que había en el armario y se la puso en el suelo.

Mientras miraba cómo se la comía, su amiga se apoyó en el vano de la puerta.

—Creo que no deberías adoptar un gato si a largo plazo quieres estar con ese machote —se mofó, y empezó a reír de nuevo—. ¡El actor les tiene miedo a los gatos! —exclamó sorprendida.

Kim volvió a reír y desde arriba les llegó la voz ahogada de Jack.

—¡Déjalo ya, Kim, es algo superior a mí!

Lo que hizo que la pequeña rubia riera con más ganas.

A la mañana siguiente, Tony los esperaba en la puerta, la cuarentena había terminado.