Al pasado se lo llevaron las bombas 13. La casa del pueblo #2
49%

13. La casa del pueblo #2

Ambos se sentaron en la cama uno junto al otro, sus cuerpos se rozaban. Él la miró con una media sonrisa que la retaba a moverse para dejar de tocarse. Luego abrió el cuaderno de dibujo.

—Esta vez no te has apartado, ¿eh?

Jack no esperó respuesta, la miró fugazmente y se centró en los dibujos, los ojos a carboncillo de Erik lo miraban con un poco de locura en el trasfondo.

—Lo has clavado —afirmó Jack, descubriendo una sonrisa en ella—. ¡Has sabido dibujarle hasta la psicosis!

En la hoja siguiente, Tony recién rapado, con una postura tensa y de combate, se estremeció al verlo y pasó la página.

La siguiente era su hija, Lyssa, rozó el dibujo con reverencia. Pasó a otro y encontró a su hijo, deslizó sus dedos por su pelo rebelde, el pantalón rasgado y la camiseta grande. Sonrió con ternura, en la siguiente encontró a sus hijos y se quedó paralizado.

—¿Cómo lo haces? —Estaban plasmados Lyssa y Richard. Ella se encogió de hombros.

Fue pasando páginas: un hombre trabajando el campo, el lago en todo su esplendor en tonos grises y negros, el huerto del instituto, su rostro con la mirada en el infinito, Ray en su peor día, con ojeras y barba demasiado larga.

Jack se quedó un momento mirando uno de los dibujos.

—¿Son Erik y Kim?

Alyssa soltó una carcajada.

—Sí. Bueno, creo que a Erik le gusta muchísimo Kim y pienso que hacen buena pareja.

Él asintió y al pasar la hoja encontró un dibujo de Jenn dando clases a sus pequeños, otro de sus hijos frente a él, Jack estaba en cuclillas de espaldas pasando la mano por el pelo de su hijo, Lyssa miraba hacia el infinito con las manos entrelazadas en la espalda y algo nerviosa.

—¿Me lo das?

Alyssa asintió y él arrancó la hoja y la puso a un lado.

En la última, al quitar la que estaba con sus hijos, se encontró con una pareja, ¿eran ellos?, él apoyando la frente sobre la de ella, sus manos entrelazadas y sus cuerpos casi rozándose.

Al mirar a Alyssa la encontró evitándole con un sonrojo exagerado, Jack rio entre dientes al ver su reacción.

—Es mi favorito. —Dejó el cuaderno a un lado y el dibujo que él iba a llevarse encima, se acomodó mirándola de frente y rozó su mejilla con los nudillos—. Estás preciosa cuando te sonrojas así.

—¡No digas tonterías, yo no me sonrojo!

Jack se inclinó acercándose demasiado y ella le rechazó levantándose de la cama.

—Te deseo, Alyssa, te necesito. —Había sonado demasiado ansioso—. He pasado tanto miedo por perderte…

Hubo un momento de tensión, casi se podía cortar el aire con un cuchillo. Alyssa se apretaba abrazándose a sí misma mientras sentía un torbellino en su interior que odiaba sentir. Estaba segura de que él no la deseaba tanto como ella.

El actor se levantó y la atrajo hacia él pegando su espalda contra su pecho.

—Solo quiero estar contigo —susurró, haciendo que su aliento rozase la piel de su cuello—. Últimamente, solo me siento feliz cuando estamos juntos.

—¿Cómo puedes decir eso? —murmuró, sus palabras hacían flaquear sus rodillas.

—Es la verdad.

—Estás casado, tienes hijos. —La resistencia de Alyssa empezaba a caer—. Cuando las encuentre…, tú…

Jack escondió la cara en su cuello haciéndola callar. Su contacto le provocó un estremecimiento y se dejó llevar, apoyando su cuerpo contra el de él. Una lluvia de besos enredados entre su pelo y su cuello hizo que ella suspirase. Él apartó un mechón y siguió trazando un camino con sus labios.

—Cuando las encuentres yo seguiré deseándote, querré estar contigo igual que lo anhelo ahora —aseguró, sus promesas sonaron roncas por el anhelo.

Se giró entre sus brazos para mirarle y él la estrechó con cariño. Continuó devorando su cuello y subió hasta la barbilla dándole un delicioso mordisco en la cicatriz que cruzaba su mentón.

Alyssa ahogó un gemido echando la cabeza hacia atrás y él aprovechó para capturar sus labios.

El beso fue arrebatador y arrasó con todas las barreras que había levantado contra él.

Perdió el control, lo empujó y ambos cayeron sobre la cama en una pasión espontánea que los enredaba haciendo que sus cuerpos pareciesen uno.

Las manos de él acariciaron la piel bajo su camiseta hasta encontrar sus pechos; las de Alyssa se deslizaron para desabrochar el pantalón. Mientras ambos luchaban con la ropa del otro, algo despertó el miedo en la mente de la mercenaria y se tensó deteniéndose.

—No…, no… —Alyssa titubeó intentando apartarse.

Él rodeó su cintura con las manos sujetándola un momento. Ambos se miraron con intensidad. El deseo llenaba la mirada de Jack, que empezaba a ser remplazado por la decepción.

—¿No? —La pregunta estaba cargada de reproches—. Tu cuerpo no piensa como tu mente.

Mientras terminaba la frase deslizaba una de sus manos entre los muslos de ella. Sintió el calor al rozarle con los dedos entre las piernas. El fuego ardía en su interior. Alyssa cerró los ojos y se mordió el labio inferior al notar aquella caricia tan íntima que no la dejaba pensar.

—No me hagas esto.

Escondió la cara en su cuello, dejándose caer sobre él, sintiendo su cuerpo temblar por el deseo.

—Yo tenía razón, me deseas —susurró, retirando la mano muy lentamente.

Él acarició su espalda despacio, tranquilizándola, con los pantalones a medio bajar y la camiseta de Alyssa tirada en el suelo. Los cuerpos casi desnudos rozándose, deseando más, pero ella temblando por la duda y el deseo a partes iguales.

Cuando se calmó, Jack la empujó un poco, pero ella evitó su mirada.

Él se estiró, agarró la camiseta del suelo y se la puso.

Ella terminó de bajarla, recolocándosela, todavía evitando la profundidad de sus ojos.

Las caricias tranquilizadoras que le hacía en las caderas hicieron que le mirase por fin.

—Lo siento —afirmó ella.

—Sientes miedo. ¿En algún momento entenderás que quiero estar contigo?

Alyssa puso dos dedos sobre los labios de Jack, no quería escuchar nada más, pero él continuó:

—Danielle y yo hace mucho que no somos nada.

La mercenaria abrazó a Jack, furiosa consigo misma por no poder seguir adelante. Él la acariciaba mientras ella recuperaba la calma.

Al levantarse, Jack cogió el dibujo, arrancando también el suyo con la mercenaria para llevárselo. Ella no le dijo nada cuando el actor la miró interrogante, enseñándole su nuevo tesoro.

En el momento en que recuperó la calma, bajó a la cocina para beber un poco de agua. Eran algo más de las dos de la madrugada; al llegar, encontró una vela encendida y a Kim sentada en un taburete de la isleta.

—¿Te estás bebiendo el vino? —sorprendió a su amiga.

Kim levantó la copa a modo de brindis y fue a servir otra para ella.

—¿Ya te lo has tirado? —preguntó su amiga con picardía, luego sopló en la copa para limpiar el polvo y se dispuso a llenarla.

—¡Kim! Por el amor de…

—¡Venga ya, mojigata! —interrumpió la pequeña rubia—. ¿No irás a decirme que nunca te has acostado con nadie?

Alyssa se mordió el labio, no podía decirle que había tenido relaciones con Tony. Aunque hacía mucho tiempo que ya no lo hacían. No había tenido demasiadas historias sentimentales.

—A ver, con alguien sí me he acostado, la cuestión es: ¿quiero que Jack se acueste conmigo estando casado?

; ¿quiero que su mujer vuelva y él me dé la patada?

; ¿quiero alejarle de su mujer antes de que vuelva y que luego no quiera ni verla?

y ¿cuántas combinaciones posibles hay sobre estar con un hombre casado y que luego te lleves el palo?

—¿Has terminado? —se mofó Kim. Al ver que Alyssa asentía, continuó—: Ese hombre está como un queso. No sé si eres tonta o te lo haces. El mundo ha cambiado mucho, ¡muchísimo!

—Los matrimonios siguen siendo matrimonios.