Al pasado se lo llevaron las bombas 13. La casa del pueblo
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13. La casa del pueblo

Jack

U nos días más tarde, Tony y Erik llegaron para llevarse al hombre que falleció primero. La mujer no tardó en seguir sus pasos. Ambos fueron incinerados.

Jack temió por Alyssa. Se pasaba el día con ella, atendiéndola, acompañándola al baño…, aunque ella no era consciente de lo que estaba pasando.

Tony llevó a los perros, pero no les dejó entrar; pensó que tal vez Alyssa ya estaría mejor para verlos, por desgracia, no fue así.

Durante ese tiempo, el actor paseaba impaciente por el gimnasio.

Se sentía solo y atrapado ante la posibilidad de perderla.

Sabía que no se podía hacer mucho y que todo dependía de la fortaleza de ella para superar aquello.

Al menos, el doctor pronosticó que no le haría falta respirador y que parecía estar mejorando.

Ese mismo día, Kim y el actor bebieron cerveza caliente, sentados en el murete de la entrada.

—¿Has pasado miedo? —preguntó la chica llevándose el botellín a los labios.

—Aún sigo pasándolo.

Miraba a lo lejos. Las nubes jugaban con el sol haciendo que los colores se mezclasen de forma curiosa.

—A Aly le encantaría esta puesta de sol…

Jack apretó el botellín entre sus dedos y miró hacia la cama donde aún dormía.

—¿De dónde has sacado estas cervezas?

—De la casa que han preparado en el pueblo. Está caducada —dijo brindando con él y bebiendo.

—¡Qué bien! Igual pillamos diarrea.

Kim soltó una carcajada. Después de un largo silencio, se lo quedó mirando, el actor se sintió incómodo ante su escrutinio.

—¿Qué pasa? —se quejó.

Ella sonrió melancólica.

—Estaba pensando que debe de ser muy bonito ser amada por alguien como tú.

Jack sintió un vuelco en el pecho y la miró con el ceño fruncido.

—¿Cómo? —carraspeó.

—Te he visto coger su mano, arrodillarte en el suelo a su lado durante horas, pasear como un loco atrapado junto a su cama, ayudarla a moverse por el gimnasio para ir al baño, darle la medicación, quitarle el sudor.

No has dormido en días —enumeró Kim de carrerilla.

Jack apretó la mandíbula, no tenía nada que decir—.

La has cuidado como nadie lo habría hecho.

Además de todo lo que tienes que soportar sabiendo que tu esposa y tu hija están por ahí perdidas.

Se me enredan las ideas en la cabeza pensando en cómo debes sentirte —continuó ella.

Él inspiró con fuerza y luego terminó su cerveza.

—La quiero —declaró.

—Lo sé.

Unos días después, Alyssa pidió comida y todos respiraron al fin tranquilos. Jack no cabía en sí de felicidad. Kim fue corriendo a avisar a los demás de las buenas noticias. Y cómo no, Tony apareció para verla desde lejos.

Alyssa

Un día, Alyssa se levantó para ir al baño. Vio a Jack que estaba sentado en el exterior, con la mascarilla de protección bajada hasta la barbilla, Kim a su lado parloteaba mientras tomaban el sol.

Cuando salió del baño no tuvo ganas de volver a tumbarse, se fue directa a donde estaban sus amigos, aunque caminar la dejaba agotada.

—¡Mira quién ha salido de la cama! —exclamó Kim con alegría.

—Es todo un alivio verte mejor. —Él la miraba con una intensidad desconocida para ella.

Jack tenía las manos a cada lado de su cuerpo y se agarraba al murete con fuerza.

Alyssa sintió ganas de abrazarle, aunque se contuvo.

—Sí, estoy un poco embotada y débil, pero me encuentro bien como para estar por aquí —aseguró, aun así, su voz raspaba en la garganta y sonaba ronca.

—Me alegro. Tony y Ray nos han preparado una casita en el pueblo para terminar con la cuarentena; así ellos desinfectarán la zona y nosotros nos despejaremos un poco. Aunque creemos que ya no podemos contagiar a nadie, dice Jake que es lo mejor.

Mientras Kim explicaba la nueva situación, Alyssa y Jack no podían dejar de mirarse.

—Vale, unos días de vacaciones para terminar de recuperarme.

—¿Vacaciones de qué? ¿De sudar? —Su amiga parecía escandalizada y exageraba más de la cuenta.

—Considero que ya has sudado y tosido suficiente para todo el año; ni se te ocurra soltar ni una tos más. —Jack tenía el ceño fruncido, pero sus ojos verdes le decían que bromeaba.

El doctor se acercó a ellos por el otro lado de la mampara y les llamó.

—Podéis iros cuando queráis. Me alegro de verte de pie. Sé que ya no podéis contagiar a nadie, pero no está de más un poco de precaución.

—No te preocupes, Aly dice que quiere vacaciones —dijo Kim encogiéndose de hombros—. ¡No ha tenido suficiente con estos veintisiete días que ha estado tumbada sin dar ni golpe!

—Estaría bien desaparecer un tiempo —afirmó Alyssa en tono irónico.

—Llevas un mes desaparecida, ya dábamos por hecho que te gustaba estar acostada y tosiendo —soltó Jack.

Todos parecían aliviados de que estuviera recuperada, a pesar de sus pullas. Ella también lo estaba.

—Sobre todo tosiendo —resopló su amiga—, casi saca los pulmones por la boca.

—¡Oye! He estado enferma, chicos —se defendió, notaba cómo le ardían las mejillas.

Los demás rieron al ver que estaba medio avergonzada.

—Es la primera vez que te vemos así y no nos ha gustado.

—Yo espero no volver a verlo nunca —reconoció el actor.

Se puso nerviosa al escuchar el tono en la voz de Jack.

—Bueno, marchaos, os han dejado una botella de vino en la nueva casa. —informó Jake guiñándoles un ojo.

—Me encanta la idea de irnos, pero… ¿en realidad es necesario, Jake?

—En teoría el virus ya no está, aun así, no quiero arriesgar al resto de gente que vive dentro. Os he dejado varios test allí para que os los hagáis y, cuando estemos cien por cien seguros, podréis volver.

De camino al pueblo, Kim y Jack siguieron las bromas metiéndose con ella. Hicieron varias paradas, ya que la mercenaria se agotaba con facilidad.

La casa era un adosado con jardín en la parte de atrás. Entraron y la exploraron, repartiendo las habitaciones y riendo por tonterías. Alyssa terminó tirada en el sofá, agotada, mientras sus nuevos compañeros de apartamento preparaban la cena.

—Es una casa bonita —murmuró Kim mientras ponía los platos en la mesa.

—Lo dice la que se ha cogido la habitación con balcón —bromeó Jack cogiendo el bol con la ensalada—. ¡Alyssa! Vamos a cenar.

La mercenaria arrastró los pies hasta la cocina y los miró desde la puerta, sus dos amigos se giraron al oírla llegar y le sonrieron.

—Creo que guardaremos el vino para una noche aburrida —dijo ella mirando a Kim con la botella.

Jack se la quitó de las manos y la puso en un estante alto.

—Estoy contigo.

Se sentaron a comer y le explicaron todo lo que había sucedido mientras ella había estado enferma.

—Lo que más echo de menos es a Roxy y a Ron.

—Y ellos a ti seguro que también —la animó Kim.

Por la noche salieron al porche trasero oculto a la vista de cualquiera que pasase cerca. En la oscuridad se habló de entrenar al día siguiente, todos quedaron de acuerdo. Tenían que empezar a prepararse.

Así empezó una rutina de ejercicios lentos y al ritmo de la mercenaria mientras terminaba de recuperarse. Con el paso de los días, fue Alyssa la que no le quitaba ojo a Jack; le notaba un poco lento con el entrenamiento, pero en ningún momento bajaron la intensidad.

—¡Tienes que espabilar, cazavampiros, esto no es un juego! —dijo Kim una mañana.

Un gruñido fue la única respuesta que recibió.

Por las noches, ya era costumbre, sentarse en el porche trasero y charlar entre murmullos. Kim solía desaparecer al poco rato y dejarlos solos.

—Gracias —murmuró Alyssa.

Él casi ni la oyó, así que se acercó un poco más a ella.

—¿Has dicho algo?

Su olor, movido por la suave brisa, invadió todo el espacio y Alyssa se puso nerviosa. Olía a jabón de afeitar, el que encontraron en la incursión en la casa del vecino, pero le gustaba.

—No entiendo cómo has podido estar casi un mes sin ver a tus hijos. Gracias por cuidar de mí.

Jack se reclinó en la mecedora, alejándose, y ella echó de menos su cercanía inmediatamente.

—Venían a verme casi todos los días; lo que echo de menos es abrazarlos. Están cuidando de tus perros.

—¡No! ¡Espero que no estén dándoles azúcar! —dijo algo molesta, sabiendo que algo habrían comido.

—Jenn y Tony vigilan que no pase.

Él estaba mirando a lo lejos mientras Alyssa le observaba. No tenía ganas de hablar, solo estaba deseando besarle, se mordió el labio cuando lo pensó y en ese momento Jack se giró hacia ella.

—Kim dice que eres una artista con el carboncillo.

—Exagera, solo lo hago por entretenimiento.

—Pues asegura que tienes un dibujo en la pared de tu cuarto bastante grande y bonito.

Sí, lo tenía; eran los ojos de Jack y la mano de ella entrelazada con la suya. No era un cuerpo, ni una figura, Kim no se había dado cuenta de que eran partes de él, momentos en los que habían estado juntos y ella había plasmado una parte de ellos en su pared.

—Algo hay.

—¿Dibujas personas?

Alyssa asintió y se balanceó en la mecedora, ambos quedaron en silencio durante un momento.

—¿Me dibujarás algún día? —continuó hablando Jack.

La mercenaria no pudo evitar reír.

—Ya lo he hecho —confesó, eso hizo que él se echara hacia delante, acercándose de nuevo; esta vez con solo inclinarse un poco podía besarle.

—¿Y no me lo has enseñado?

Alyssa se puso nerviosa y se levantó. Ir hasta sus dibujos era una buena excusa para no tocarle.

—Vamos, los tengo arriba.

Mientras hurgaba en su mochila, Jack dio una vuelta por el cuarto infantil que le había tocado, era de niña, en colores rosados de todas las tonalidades. Había unos cuantos juguetes amontonados en un rincón, un sillón pequeño y un escritorio, todo adornado con estrellas y unicornios.

—Es una locura dormir aquí, a veces creo que los unicornios cobrarán vida.

Jack soltó una carcajada.

—Yo estaba pensando que a mis pequeñas les encantaría. —Se entristeció recordando que una de sus hijas no estaba con él.

Alyssa lo supo en cuanto vio cómo se apagaba su mirada.

—La encontraré —dijo tendiéndole el cuaderno—. Kim sabe que no puedo vivir sin esta libreta y la puso entre mis cosas.