Al pasado se lo llevaron las bombas 12. El virus #3
46%

12. El virus #3

Alyssa caminó lenta hasta su cama y tiró de ella como pudo para alejarse de la puerta, lo que hizo que él la llamase desde el otro lado.

—Estoy bien, Jack, no te preocupes, estoy infectada y me estoy alejando para no contagiarte.

Estaba tan débil que tropezó y casi acabó en el suelo.

Escaló hasta la cama de forma torpe y se quedó tumbada y tapada hasta las cejas.

Jack

Se sentía impotente y acabó dando un puñetazo en la pared que fue devuelto con dolor, estaba frotándose los nudillos cuando sonó un telefonillo que había junto a la puerta.

—Jack, Alyssa ha empeorado. Lo siento —anunció el doctor.

—Pero ¿quién va a cuidar de ellos?

—No te preocupes, yo me encargo —escuchó a la pequeña rubia que estaba hablando con el médico.

Discutían sobre quién entraría al gimnasio para cuidarlos.

—¿Pero estamos todos locos? —masticó Jake las palabras.

—Si no entra ella, entro yo sin el traje. Si Alyssa necesita ayuda no pienso dejarla sola —les advirtió apretando el teléfono con fuerza entre sus dedos.

—¿No os dais cuenta de que un simple error y terminaríais contagiados? —recalcó Jake.

—A mí me da igual, es mi amiga y no pienso dejar que se pudra de asco.

El médico colgó. Jack estaba seguro de que Kim había cogido las riendas y de que haría lo correcto. El actor quería ayudar a Alyssa; los niños eran lo único que lo retenía tras la puerta. Ella y sus hijos eran lo más importante para Jack en aquel momento. Tenía que ser prudente.

Se preguntaba cuándo había empezado a sentirse así por ella. En qué momento las cicatrices en el rostro de Alyssa le habían despertado ternura. ¿Cuándo los miedos de aquella mujer habían sido más relevantes que sus propias necesidades? Ahora, el temor a perderla le estaba volviendo loco.

—¡Jack! Tómate la temperatura. —Era Kim que ya estaba poniendo orden al otro lado—. Jake dice que tienes un termómetro en la mesilla.

—¿Has traído a Roxy y Ron? —preguntaba Alyssa desde el otro lado.

—Déjate de perros que estás para el arrastre, reina, igual necesitas un trasplante de cerebro —refunfuñó Kim.

Jack sonrió por las ocurrencias de la pequeña rubia, aliviado al fin por escuchar la voz de Alyssa.

En aquel momento la tos de la mercenaria dejó a Jack sin aliento. Frunció el ceño apretando los puños, aquello iba a ser duro.

Alyssa

La tos volvió de nuevo, se agarró el pecho sabiendo lo que venía y se incorporó. Vio a una especie de astronauta pululando a su alrededor, creyó que era por la fiebre y volvió a dormirse.

Despertó de nuevo, no sabía si habían pasado horas o tal vez minutos.

Se apoyó en los codos y miró a lo lejos, a las camas de las dos personas que estaban al otro lado.

En un momento de lucidez, supuso que el astronauta era alguien con traje de protección.

Alyssa se sentó a un lado, intentando entender lo que hacía, sin embargo, no acababa de distinguir la realidad del delirio.

La brisa que entraba por la enorme puerta le estaba sentando bien.

Vio a Roxy y Ron a lo lejos atados con las correas, los llevaba alguien que también llevaba el traje.

Sintió las lágrimas resbalando por sus mejillas. Alguien se acercó a ella y la puerta se cerró dejando que la enfermedad se siguiera concentrando allí dentro.

—¿Aly, estás bien? —Kim estaba detrás de la mascarilla, las gafas y la pantalla de plástico, llevaba un traje desechable blanco, guantes y zapatos especiales.

De pronto, unos golpes en la puerta donde estaba Jack llamaron la atención de ambas. Kim fue hasta el lugar de donde venían los golpes y escuchó a Jack exigir un traje de protección. Ella se negó y volvió con Alyssa.

—¡O me dais un traje o salgo tal cual! —amenazó.

Kim se envaró. No dudó más y salió hacia el despacho del médico a toda prisa.

Alyssa se deslizó de lado en la cama y volvió a dormirse. Para cuando se despertó, habían juntado otra cama a la suya y Jack estaba tumbado a su lado con el traje de protección, sujetando su mano.

—¿Necesitas algo?

Ella solo pudo sonreír y pronto volvió a dormirse.

Jack

Alyssa seguía entrando y saliendo de la inconsciencia.

Kim iba y venía al gimnasio siempre protegida, para llevar medicinas y comida.

Jack no la había dejado ni un momento sola.

El doctor tenía preparada una segunda cuarentena para cuando saliera de la enfermedad.

Aunque, al menos, Alyssa no había necesitado respirador.

Eran insufribles los días, desde que habían entrado en aquel bucle de tos y fiebre.

Tony se asomaba a la enorme cristalera varias veces al día. La primera vez que lo vio, él se acercó para decirle que todo estaba bien, que había mejorado. Como respuesta, dio un puñetazo en la mampara que la hizo tambalearse. Jack no volvió a acercarse para hablar con él.

Se notaba que Tony sentía algo por Alyssa, que no le parecía nada bien que estuvieran juntos, pero a Jack le daba igual, lo único que le importaba en aquel momento era verla recuperada.

Ya haría lo posible para que ella estuviera con él.

Tony era secundario; si se metía por medio tendría que pararle los pies.