Al pasado se lo llevaron las bombas 12. El virus #2
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12. El virus #2

—Todo irá bien —afirmó Kim, que apoyó su mano en el cristal, Alyssa la puso sobre la de ella.

—¿Me cuidas a Roxy y Ron? —Alyssa sintió que se le secaba la boca al pensar en sus perros.

—No lo dudes —dijo Kim, luego le dedicó una última sonrisa y se despidió.

Se metió en los vestuarios, necesitaba quitarse la sensación de estar enferma. Desde que habían vuelto y después del ritual de desinfección, seguía sintiendo que necesitaba otra ducha.

Mientras se refrescaba, no podía dejar de pensar en Jack.

Su sentimiento de culpa cada vez que era feliz con el actor, agudizaba su instinto de alejarse de él.

Lo que hizo su madre con su amante, abandonando a su familia, la había marcado. Ahora ella era la mala, podía terminar haciendo que Jack se alejase de sus hijos.

Alyssa sonrió con amargura mientras se miraba en el espejo de las duchas.

—Lo dices como si estuvieras segura de que él abandonará a Danielle en cuanto vuelva. —Rio sin ganas y se apartó del espejo para no ver su propio reflejo.

Que a Jack le gustaba era algo seguro, pero de ahí a que se enamorase de ella y dejase a Danielle para estar juntos, era otra historia.

Debía dejar de machacarse, ya lo hacía Tony por ella y además bastante bien.

Al salir, pasó por donde estaban los enfermos, evitando acercarse mucho. Como no estaba ya lo suficientemente pringada hasta las cejas, creía que iba a salir indemne de aquello solo con no acercarse a ellos. Seguro que ya estaba contagiada.

Ambos dormían, aunque el hombre respiraba con mayor dificultad. Después de hablar con Jake y hacer lo que le dijo, se dirigió a su cama y se echó en ella, demasiado cansada.

—Jack —murmuró más para ella misma que para que la escuchase.

—¿Ya has vuelto?

—Pensé que estarías dormido. —Alyssa se había acostado de lado, mirando hacia la puerta que los separaba y con la punta de los dedos rozaba la madera.

—Te estaba esperando —aseguró Jack, se escuchaba muy cerca.

Jack

—¿Sabes? Kim me ha dicho que al pasado se lo llevaron las bombas y que podríamos morir mañana.

Jack había dejado caer una almohada en el suelo y estaba sentado de espaldas a la puerta escuchando el murmullo apagado de Alyssa.

La realidad de aquella frase lo hizo tensarse.

Sabía que cualquier cosa podía pasar en cualquier momento.

En aquel mundo que les había dejado la guerra, todo valía y todo terminaba demasiado rápido.

—Pienso como ella. Todo lo que estamos viviendo es demasiado difícil, puede ocurrir cualquier cosa.

—¿Como tropezar con unos enfermos?

—Como no besarte y luego arrepentirme. —Jack sonrió con tristeza, apoyó la cabeza contra la puerta y miró al techo.

—Me hubiera gustado que lo hubieras hecho.

Se giró hacia la fría madera, como si pudiera ver a Alyssa al otro lado.

—Lo sé y lo haré. Algún día te besaré de nuevo. Estoy esperando que tu miedo no sea más fuerte que tu deseo.

Jack estuvo en silencio esperando que ella dijera algo, al otro lado no se oía nada. Cuanto más rato pasaba más deseaba echar abajo aquella puerta y estar con ella.

—Creo que me he enamorado de ti. —No hubo respuesta, recogió la almohada y fue a tumbarse en la cama.

Por la mañana un ataque de tos incontrolado despertó a Jack, que se levantó de un salto y fue hasta la puerta para golpearla.

—¿Alyssa? Alyssa, amor, ¿estás bien? —No obtuvo respuesta, la tos cesó y oyó unos jadeos ahogados—. ¿Tienes fiebre? ¿Has sido tú la de la tos?

—Sí, y creo que a las dos cosas, sí —habló de forma entrecortada.

Alyssa

Se levantó y fue al baño a lavarse la cara. Mientras se secaba la nuca tuvo náuseas, estaba empezando a sentirse como si un camión la hubiera atropellado.

Se acercó para ver cómo estaban sus invitados y se inclinó sobre la mujer para preguntarle si necesitaba algo, llevaba una mascarilla para respirar mejor. Su marido había terminado entubado y tal vez muriese, pero de momento seguía respirando.

—¿Se encuentra mejor? —preguntó Alyssa.

La mujer apretó los ojos y negó, luego se bajó la mascarilla para hablar.

—Tú estás enferma, ¿verdad?

Alyssa le dio el termómetro y Alice se lo puso.

—Eso parece, no se preocupe por mí y recupérese, es lo más importante ahora mismo.

Algo más de cuarenta de fiebre, luego le tomó la temperatura a su marido, casi lo mismo.

Fue hasta el telefonillo rojo para hablar con el doctor. Estaba segura de que estaría allí bebiendo una de esas copas de whisky que tanto le gustaban y que ella se aseguraba que nunca le faltasen.

—¿Estás bien? —preguntó Jake.

—Quiero que traigan a mis perros, ¿puedes avisar a Kim? Y necesitamos algo de comida —dijo, sintiendo que la garganta se le destrozaba al hablar.

El médico asomó la cabeza para saber por qué pedía que trajeran a sus perros, al ver lo pálida que estaba y su frente perlada de sudor lo supo.

—Tienes que empezar a tomarte la medicación. —Jake desapareció detrás de la puerta.

Después de un momento apareció con unas medicinas que le pasó por una bandeja que había a sus pies.

—Avisa a Kim para que los traiga. —Se sentía mareada y no tenía ganas de hablar.

—Ya lo he hecho, tranquila. Ve a la cama y te avisaremos.