12. El virus
Alyssa
L a voz de Jack llegó hasta ella dándole los buenos días.
Aquel maldito hombre había conseguido excitarla sin siquiera tocarla.
Se había pasado hasta las tantas dando vueltas en la cama sin poder pegar ojo y dibujando en una de sus paredes y su cuaderno.
Para colmo, Tony se rebeló contra cualquier tipo de relación que pudiera comenzar.
Si es que comenzaban alguna, ya que lo primero era encontrar a la familia del actor.
Sus sentimientos debían permanecer en segundo plano.
—¿Te has dormido? —preguntó Jack con tono alegre.
Recibió un gruñido por respuesta. Alyssa volvió a intentar abrochar el cinturón de seguridad de su machete y, vista su torpeza debido al sueño, se sentó en el escalón para hacerlo.
—Te noto algo… ¿torpe?
—¡Calla! ¡Todo esto es culpa tuya!
Ella le estudió por encima de las gafas de sol. Una lenta sonrisa se dibujó en aquellos maravillosos labios que no había conseguido saborear la noche anterior.
—¿Culpa mía? —La vio forzar las correas—. ¿Te ayudo con eso? —bromeó Jack.
Ella le fulminó con la mirada. El actor parecía divertirse.
—Voy a hacerte sudar tanto que no te van a quedar ganas de bromear.
Terminó con su pequeño lío de hebillas y se puso a correr casi sin avisar. Él la siguió de cerca.
Iban a toda prisa por una senda de matojos y árboles, esquivando y saltando algunos obstáculos. El actor murmuró un puñado de maldiciones mientras intentaba darle alcance. Alyssa sonrió al escuchar su frustración.
—¿Creías que íbamos a jugar a las casitas?
—¿Tal vez te ha irritado el no beso que nos dimos ayer? —se burló él.
—Tu no beso junto con el sermón de Tony me arreglaron la noche. —La distracción de la charla irritó a Alyssa, que aceleró más dejando atrás a Jack.
Después de veinte minutos de carrera, saltó un arbusto en medio de una pequeña curva.
Estaba mirando hacia atrás cuando de pronto, tropezó con otra persona y cayeron al suelo con un golpe seco.
Los gruñidos de alguien que no reconoció la asustaron.
El dolor por el golpe entre ambos la hizo temblar.
Se incorporó, un poco aturdida, para mirar quién había bajo ella, y el sudor en la cara de aquel hombre se lo dijo todo. El virus.
—¡Jack, para! No te acerques —le ordenó mientras se levantaba de un salto.
—¿Qué ha pasado? —indagó él, preocupado.
Alyssa miró hacia el suelo; el hombre con el que había tropezado tendría unos cincuenta años, muy delgado y demacrado; también había una mujer que estaba de pie y asustada. Un centenar de pensamientos se arremolinaron en su mente. Su estómago se encogió por el miedo.
—¿Se encuentra bien? —preguntó, olvidándose de contestar a Jack.
—Pues ahora mismo estoy más dolorido que antes, pero puede que tú estés en problemas. —El hombre tenía el ceño fruncido y respiraba entrecortado.
Sí, ya había valorado aquello; estaba segura de que podía haber cogido el virus; el aspecto de aquellas personas no presagiaba nada bueno.
—Jack, quiero que vayas al gimnasio y avises al médico. No entres al instituto. Aunque estás lejos tendrás que hacer cuarentena. Avisa a Jake de que no voy sola.
—¡Voy! —dijo poniéndose en marcha de inmediato.
Mientras acompañaba a aquellas personas al gimnasio sintió pánico; sabía que tenía muchas posibilidades de estar contagiada.
Les explicó que tenían una zona de curas y cuarentena donde se quedarían.
El hombre, Brian, estaba muy cansado. Alice, su esposa, tosía mucho y, por lo que le dijo, ambos tenían fiebre.
Había caído de pleno sobre el virus, nunca mejor dicho.
Al llegar al gimnasio todo estaba preparado, aunque Jack no estaba por ningún lado.
Después de seguir el protocolo, Alyssa les dio mantas y algo de medicinas para paliar los síntomas.
Jake no entraría en el gimnasio bajo ningún concepto.
El médico le había enseñado cómo ayudar en estos casos y todos habían llegado al acuerdo de encargarse si se complicaban las cosas, para que el doctor no arriesgase su vida.
Al terminar, fue a hablar con Jake. Descolgó el telefonillo rojo que comunicaba con su despacho y esperó la respuesta. Quería saber dónde estaba el actor.
—Le he pedido que entre en el cuarto de las colchonetas.
Aquel pequeño cuarto había sido un almacén de colchonetas que habilitaron para ocasiones muy puntuales.
Tenía dos puertas; una daba a la calle y por ahí podían pasarle comida, además de que podía salir si se sentía ansioso o ir al baño que había en el patio y que usaban solo para quien se quedaba en esa cuarentena.
El médico le dio algunas instrucciones para los contagiados y luego Alyssa fue a por una de las camas plegables y la arrastró hasta la habitación donde estaba Jack. Después de tumbarse dio unos golpecitos en la puerta que los separaba.
—¿Cómo estás?
Jack
—Arrepentido.
Agarró el pomo de la puerta con fuerza, tenía la frente apoyada en la fría madera mientras sentía un torbellino en su interior.
Deseaba abrir y abrazarla con tantas fuerzas, que le extrañaba estar aún en aquel lado y no en el de ella.
—¿Arrepentido? ¿De qué? —La voz suave de Alyssa le hacía temblar como un adolescente.
—De no haberte besado anoche. —Al ver que tardaba en contestar, pensó que se había ido.
—No besarme fue lo más excitante que me ha pasado en mucho tiempo —dijo ella.
Hubo una pausa entre ambos, un silencio en el que Jack apoyó su mano en la puerta soltando por fin el pomo.
—Fue mi primer no beso —continuó la mercenaria.
Jack no pudo evitar sonreír, oyó a Alyssa moviendo algo metálico al otro lado, como si se removiera.
—Y el mío. Saldremos de esta. —Fue una afirmación llena de esperanza.
—Claro, siempre salgo de todas. Ha venido Tony, ahora vuelvo.
Jack fue hasta la cama y se sentó escondiendo la cara entre sus manos. No quería ni imaginarse que le pasase algo y que él no pudiera hacer nada por evitarlo. Tenía que ir todo bien, iría todo bien.
Alyssa
Mientras Alyssa se dirigía hacia las gradas se fijó en la postura furiosa y tensa de Tony, sonrió al llegar donde estaba y apoyó la mano en la mampara que los separaba.
—¿En qué cojones estabas pensando? ¿Qué demonios ha pasado?
Alyssa resopló y se fijó en la arruga entre sus cejas que se le marcaba cuando estaba preocupado.
—Tranquilo, solo he saltado un arbusto y me di de bruces con esa pareja, pero estamos bien.
—¡Qué alegría! —dijo irónico.
—¿Te pasa algo? —preguntó, cansada de notar ese tono.
—Estás atrapada y tal vez enferma, ¿qué crees que me pasa? —gritó.
—Tony, vas a tener que calmarte porque lo que está pasando no se puede borrar con un enfado, hay que asumirlo.
—¿Y por qué tropezaste tú y no Jack?
Sus brazos tensos pegados a los lados y la mandíbula apretada con tanta fuerza le anunciaron que aquel enfado no iba a ninguna parte.
—Venga, Tony, pasó como tenía que pasar; o lo dejas estar, o me largo a mi cama —dijo señalando el lugar donde iba a dormir.
Él miró hacia allí y resopló con brusquedad.
—Ese cazavampiros va a conseguir que te maten o que termines destrozada por su culpa.
No esperó respuesta y se fue dejando a la mercenaria con un palmo de narices.
Mientras miraba cómo salía del gimnasio, vio que se cruzaba con Kim, que intentó decirle algo, pero él se apartó de malas maneras. Alyssa esperó a que su amiga llegase hasta donde estaba.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó preocupada.
—Tony es… es… —titubeó Kim.
—¿Imbécil? —la ayudó Alyssa para sacarla del atasco.
—Sí, un poco —dijo pasando su mano por la mejilla de forma brusca para limpiarse una lágrima—. ¿Te gusta?
—¿Qué? —se sorprendió Alyssa por la pregunta.
—Se os nota muy uniditos , como si no tuvierais nada mejor que hacer, ¡estoy harta! —exclamó atropelladamente.
—¡Oye! No me gusta. Tú sabes quién me gusta y está detrás de aquella maldita puerta —cortó las palabras de su amiga señalando con un gesto hacia donde estaba el actor.
—No puedo más…, vivo siempre pendiente de ese maldito hombre musculoso insoportable y él no me hace ni caso.
—Tranquilízate, Kim. Deberías fijarte más en los flacuchos tarados.
Kim se volvió y clavó la mirada en su amiga.
—Tú estás muy loca, ¿verdad? Me pregunto… ¿en qué momento has perdido el juicio? —Sus ojos eran dos rendijas finas.
—Kim, tienes a Erik babeando por ti y tú pendiente del musculitos .
—¡Está mucho más bueno, Aly! Además de que no está loco, claro.
—Claro…, me imagino cómo os divertiríais tú y el loco si estuvierais juntos.
Kim dio una palmada en el cristal para atraer su atención.
—No, rotundamente no.
—Vive el momento, ese es tu lema. Y que te quiten lo bailao — canturreó Alyssa imitando a su amiga.
Kim rio y levantó los dos pulgares.
—Va a ser difícil sacarme al grandullón de la cabeza. Antes tengo que decirle lo que siento, para que me dé la patada y así sentir que estoy fuera de su vida. Lo necesito.
—Te va a dar la patada —repitió las palabras de Kim.
Su amiga se encogió de hombros y suspiró con ganas.
—Qué le vamos a hacer. ¿Y tú? Con Jack, digo.
Alyssa resopló y miró hacia la habitación en la que se encontraba encerrado el actor en aquel momento.
—Es un amor. Es tal como imaginaba que era cuando lo veía en la tele, en las presentaciones en público y en los programas a los que asistía.
Kim empezó a reír con ganas, Alyssa la miró con el ceño fruncido y luego estalló en carcajadas con su amiga.
—Mujer, guapo lo que se dice guapo, pues no es, pero ¿por qué no te dejas llevar por lo que sientes?
—Está casado —resopló.
—¡Bah! Alyssa, al pasado se lo llevaron las bombas; podemos morir en cualquier momento. Hay que aprovechar el presente.
—Qué fácil es decirlo .
Después, Kim miró a su amiga durante un momento y cambió de tema.
—¿Tienes miedo por lo de esa pareja? ¡Te tengo dicho que no te acerques a las personas sudorosas!
—¿Tampoco puedo hacer el amor? —bromeó Alyssa.
—¡No, tonta! Haz el amor con quien quieras, eso es sano —contestó guiñando el ojo—, hablaba del miedo a lo que está pasando con esos enfermos. —Las dos miraron las camas ocupadas.
—Mucho.