11. Promesas
Jack
A quella misma noche, Jack decidió subir a la habitación de Alyssa. Estaba apoyado en la pared frente a su puerta, esperando a que llegase, cuando Kim pasó junto a él con una sonrisa un tanto picarona.
—¿Son las doce? —le preguntó mientras se mordía el labio inferior para no reírse.
—Sí —respondió Jack, aún distraído mirando el reloj. De pronto, fue consciente de la indirecta de Kim y se dio una palmada en la frente—. ¡Qué estúpido soy! —dijo marchándose.
La risa de Kim se escuchaba desde las escaleras mientras iba a toda prisa hacia las pistas.
La encontró recostada, apoyada sobre sus codos, mirando hacia las estrellas, cuando Jack le habló desde atrás.
—Prométeme que no dejarás que me maten —suplicó.
El semblante de Alyssa era serio, el reflejo de la luna remarcaba su rostro entre sombras.
—No vas a morir.
«Sí, eso suena a promesa», pensó Jack mientras se sentaba.
—No quiero dejar solos a mis hijos. —Sabía que lo que decía sonaba cobarde, pero en esos momentos se sentía así.
—Mientras pueda, no dejaré que te maten —aseguró mirándolo a los ojos.
Jack la creía.
—Otra cosa que me tiene un poco loco es: ¿qué pasa con Tony? Suponía que erais amigos. —Estaba deseando preguntarle aquello desde que los vio abrazados de forma tan íntima en el gimnasio.
—Y lo somos.
—¿Y nosotros?
Alyssa le miró. En la penumbra no podía adivinar lo que pasaba por la cabeza de la mercenaria, a pesar de ello deseaba poder estar dentro de su mente, leer cada uno de sus pensamientos.
—¿Qué me estás preguntando?
—Dejaste de hablarme, te alejaste de mí después de besarnos.
No quería vivir con una idea equivocada con respecto a ella.
—Ahora mismo solo quiero centrarme en el ataque que vamos a organizar, y en buscar a tu hija y tu esposa —recalcó, haciendo hincapié en la última palabra.
Jack pensó en qué decir, qué responder a sus palabras, pero decidió quedarse en silencio. Ella había marcado distancia por Danielle. Le daría espacio y tiempo, sin embargo, no la dejaría escapar. Contempló su perfil mientras intentaba cambiar de tema, no quería seguir hablando del beso.
—Quiero entrenar más, no quiero que me dejéis al margen.
La muerte le perturbaba. Debía dejar atrás su lado cobarde, necesitaba aferrarse a algo para tener el valor y la fuerza necesarios y ese algo era ella.
—Está bien, entrenaremos más duro. —Alyssa desvió la mirada.
Jack atrapó su mano entrelazando sus dedos; estaba helada por estar apoyada en el suelo.
—Cuando se te ocurrió la idea de atacar el campamento hostil, ¿pensabas en el miedo que ibas a causar en la gente normalucha como yo?
Mientras una sonrisa arrebatadora aparecía en los labios de Alyssa, Jack sintió la suave caricia tranquilizadora que le estaba haciendo con el pulgar. Miró sus manos entrelazadas y el movimiento lento de los dedos acariciándole.
—Cuando lo dijo Erik, igual que ahora mismo, en lo único que pensaba era en sobrevivir. Así que solo apoyé su idea —respondió muy seria.
No había retirado la mano. Deseaba besarla de nuevo.
Se sintió atrapado por el movimiento de su pulgar en la piel, sus miradas se enredaron y su deseo se intensificó.
El apremio que le empujaba a volver a besarla era visceral.
Tragó el nudo que se había formado en su garganta mientras reflexionaba en las mil cosas que le hacía sentir. ¿Estaba enamorándose?
—Tú sobrevivirás, pero ¿los demás también?
—Ese es el plan. —Alyssa estiró su mano y apartó un mechón de pelo que caía sobre la frente de Jack. Una corriente de excitación recorrió todo su cuerpo con aquel simple contacto—. De momento es una idea. Hasta que no venga Ray, no podemos poner las cartas sobre la mesa.
¿Podría contenerse y no besarla? Empezaba a creer que no.
—Ray va a decir lo mismo que tú.
Jack tiró de sus manos entrelazadas y besó los nudillos de Alyssa. Ella no se apartó.
—Todo irá bien, me encargaré de ti, no pienso dejar que nos pase nada. Mañana empezaremos a entrenar más duro. ¡Prepárate para sudar! Debes apuntarte a todas las salidas que puedas, reconocer el terreno, pelear y proteger el instituto.
—Está bien, lo haré.
Alyssa se levantó para irse, aunque Jack no le soltó la mano.
—¿Me dejas darte un beso?
Sintió la tensión de ella y cómo había apretado su agarre.
—¿Qué…? —murmuró con voz temblorosa.
Jack se levantó y, sin soltarla, deslizó la mano libre por su mejilla acariciándola con suavidad hasta la nuca; luego la atrajo hacia él.
Alyssa se dejó llevar y eso le animó a seguir.
Estaban tan cerca que podía sentir su aliento en los labios.
El actor apoyó su frente en la de ella y cerró los ojos.
En ese momento supo que ella también quería besarle.
—Jack —pronunció su nombre tan bajo que pensó que no lo había dicho—, por favor, no.
Eso último sí que lo había oído. Sabía que ella quería besarle, pero sus labios, su voz, decían lo contrario; apretó la mandíbula, nervioso.
Rozó su nariz con la de ella y esperó unos segundos.
No podía apartarse en aquel momento, su cuerpo estaba tenso por la espera.
No quería hacer algo de lo que pudiera arrepentirse. Se negaba a moverse.
—Sé que no quieres que lo haga, aun así, también sé que lo deseas —dijo sin abrir los ojos.
La mano con la que estaba acariciando su nuca, se deslizó por su hombro, bajando hasta su espalda, acariciándola con lentitud sin apartarse ni un milímetro de ella. Dio un paso hacia atrás, tiró de sus manos aún entrelazadas y besó de nuevo sus nudillos haciendo una pequeña reverencia.
Jack dejó a la mercenaria plantada en las gradas.
Mientras se alejaba, un torbellino de emociones y excitación se arremolinaban en su estómago haciéndolo casi estallar.
Apretó los puños y aceleró el paso. «Tal vez una ducha no me iría nada mal, o algo más», pensó mientras seguía caminando.
Ella le deseaba igual o más que él, pero iba a respetar lo que pedía.
Cuando encontrasen a Danielle, haría lo posible por conseguir que Alyssa formase parte de su vida.
Ahora sí que podía decir con total seguridad que se había enamorado.
Tony
Detrás de la escalera de incendios, Tony maldecía el no haberse adelantado a todos aquellos acontecimientos. Alyssa estaba tan pegada a ese patán que sentía náuseas solo con verlo.
Estaba enamorado de ella casi desde que se conocieron en el instituto.
Haber tenido el privilegio de acostarse con ella de vez en cuando. Era a lo que aspiraba y algo de lo que ya no disfrutaría, tal vez nunca más.
Quería contarle lo que sentía, pero después de los acontecimientos de las últimas semanas, ya era imposible. Ella estaba enamorándose de aquel tipejo; el cazavampiros se había metido en medio como una sanguijuela y ella estaba abriendo sus brazos a lo que él pudiera ofrecerle.
Se iba a convertir en la otra; sería la amante de aquel famosillo mientras su mujer le calentaba la cama, esperando que volviera de algún polvo fugaz con Alyssa entre la maleza.
En aquello se convertiría si él no ponía remedio pronto. Impediría que aquel tipo se aprovechase de ella y de lo que sentía por su ídolo; solo era eso, un sentimiento disfrazado. Ella estaba enamorada del cazavampiros, no de Jack Miller.
Observó a Jack alejarse; no la había besado.
Era un maldito cabrón, ¿a cuántas se habría beneficiado mientras estaba su mujer esperándole en casa con sus hijos?
Tony se agarraba al frío hierro de la escalera; sus nudillos estaban blancos por la fuerza que estaba ejerciendo. Decidió salir de su escondite y fue hasta su amiga que seguía de pie mirando hacia donde se había ido el actor.
—Supongo que te has quedado un poco frustrada.
Él miraba hacia donde lo hacía ella con los brazos cruzados sobre el pecho. Su voz sonó irónica y dolida, se maldijo por ello.
—¿Qué quieres decir?
—No sé, tan cerca de besarte y que no lo haya hecho. —Tony se encogió de hombros y la miró—. Yo podría darte todo eso y más, sin ataduras a otras mujeres.
—Tony… —Alyssa parecía estar buscando las palabras—. ¿Desde cuándo te metes en mi vida?
—Desde siempre, soy parte de ella. He estado enamorado de ti toda mi vida —confesó con más serenidad de la que sentía, abriendo su corazón al fin.
—Tú y yo no podríamos tener nada. Lo intentamos, pero no funcionó. No me gustaría que nuestra relación cambiase. —Se la veía muy convencida de ello.
— Tú y yo es lo mejor que podría pasarnos nunca. Jack solo te va a perjudicar; cuando su esposa aparezca, o bien serías su amante de turno o te sacará de su vida —aseguró dolido.
No pensaba dejar que aquella relación diese frutos. Alyssa levantó la barbilla desafiándolo.
—Si tengo que equivocarme, lo haré yo solita. No te metas, Tony.
Estaba esperando una réplica, pero Tony tenía una daga clavada en su pecho en aquel momento y no podía ni respirar. Ella puso la mano sobre su mejilla y sonrió con mucha ternura, algo que removió la daga en la herida, hurgando más profundo.
—Te quiero mucho, Tony, pero no de la forma que tú deseas. Nuestro pasado juntos no fue un camino de rosas; eso no puede volver a pasar. Nuestra amistad, así como está, es perfecta.
Alyssa retiró su mano, se puso de puntillas y le dio un suave beso en la mejilla. Tony agarró su muñeca antes de que se apartase y la retuvo un momento. Ella no se movió ni un milímetro; podría besarla, pero no lo hizo.
—Te quiero. Estoy enamorado de ti. Eso no lo va a cambiar nada, ningún discurso ni ningún cazavampiros.
—¡Shhh! —La mercenaria puso un dedo sobre sus labios—. No continúes, por favor, te necesito en mi vida, aunque no de ese modo. Si seguimos con esta conversación, todo terminará mal y no podría soportar perderte.
Alyssa dio un paso atrás para irse y Tony abarcó su cintura con uno de sus brazos reteniéndola contra su cuerpo. Ella apoyó la mano sobre su pecho para poner distancia.
—Ya no puedo ser tu amigo, no si tengo que soportar ver cómo te enredas con ese cazavampiros —reconoció con rencor y los dientes muy apretados.
—Pues lo siento —contestó dolida.
Se vio obligado a soltarla. No soportó el frío que llegó hasta él al escuchar aquella última frase. Alyssa aprovechó para marcharse.
—¡Maldito cazavampiros! Voy a terminar contigo —prometió cuando ella ya no podía oírle.