Al pasado se lo llevaron las bombas 10. La decisión #2
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10. La decisión #2

Alyssa fue hasta donde estaba él y agarró los prismáticos que llevaba en las manos, rozando sus dedos al quitárselos, lo que hizo que una corriente eléctrica recorriese a Jack.

Tuvo que apretar los dientes para ahogar la sensación.

Después, el brazo de Alyssa le rozó accidentalmente y pensó: «¿Podría arderme la camiseta por el calor de su contacto? ».

—Tenemos que hablar —susurró Jack, ella no respondió.

—A mí sí que me gustaría una fiesta —afirmó Jenn.

—¿A qué viene el asunto de la fiesta? —indagó, aunque a él no le importaba si celebraban una.

—No habrá fiesta, antes hay que solucionar un millón de cosas —sentenció Alyssa.

Kim puso morritos; aquella chica era muy vivaracha y se notaba que apreciaba mucho a su amiga.

—Eres experta en fiestas, seguro que has ido a más de las que hemos ido toda la gente del instituto en toda nuestra vida, ¡y eso que tenemos actores en nuestras filas! Tu tía te obligaba a organizarlas y a asistir a ellas, ¡tenemos que hacer una que sea muy elegante!

—¿Te obligaba? —preguntó Jenn.

—Sí, me obligaba, creía que saber comportarme en sociedad y saber moverme me serviría para el futuro.

—Alyssa rebufó por la ironía de aquello.

Mientras miraba por los prismáticos, sus labios se movían con aquella voz dulce y baja que hacía que todos prestasen atención—.

Me obligó a saber caminar, sentarme, hablar idiomas, organizar fiestas, bailar…

y un largo etcétera. Y mi tío pensaba que aprender todo eso me ayudaría mucho con mis entrenamientos para ser mercenaria.

Jack no podía apartar la mirada de sus labios mientras hablaba.

—¿Tu tío? —Jenn parecía cada vez más confusa.

—Mi tío me enseñaba en secreto a descuartizar cadáveres. —Se giró hacia Jenn guiñando un ojo y con una sonrisa traviesa—. Lo hacía mientras mi tía me educaba. Eran tan distintos y se mentían tanto que daba miedo.

Jack observó de perfil a la mercenaria; hablaba con rencor, se notaba una pátina de odio en su voz que no le gustó. Cuando terminó, ella le tendió los prismáticos y miró a su amiga Kim que estaba cruzada de brazos y aún con cara de niñita caprichosa.

Le sorprendió que ella hablase de su pasado con ellos.

Alyssa

—¡Pues quiero fiesta! —insistió Kim dando una patada en el suelo.

Alyssa maldijo entre dientes, fue hasta su amiga y le dio un toquecito en la nariz.

—Ahora no es el momento. —Una vez dicho aquello se dio una vuelta por todo el borde de la terraza y volvió donde estaban los demás—. Habrá una reunión cuando vuelva Ray.

—¿Para qué es la reunión? —preguntó Jack.

Alyssa se puso frente a él; sus ojos verdes la ponían nerviosa, aunque pensaba que, más que sus ojos, era la forma en que la miraba desde que se habían besado. «¿Algún día me sentiré a salvo de esa mirada?».

—Aly cree que debemos exterminar al grupo de hostiles y dice que, si no lo hacemos, serán ellos los que nos encontrarán por sorpresa y terminarán con nosotros.

La mercenaria vio el miedo en las profundidades verdes de Jack, no pudo seguir mirándole y se volvió hacia el bosque.

—¿Estáis todos locos? —Jack agarró a Alyssa del brazo—. ¿No dijisteis que eran más de cuarenta? ¡Tengo hijos!

La voz del actor cambió con su última afirmación, tenía miedo. Ella se soltó de su agarre.

—Nadie te obliga a ir. Quédate con ellos cuidando de los que se queden.

Tanto si están Danielle y los demás allí como si no están, tenemos que hacerlo.

Somos nosotros o ellos, esa gente no entiende la simpleza de dejar en paz a los demás.

Terminarían encontrándonos y aniquilándonos, mejor pillarlos nosotros a ellos por sorpresa.

La expresión de Jack había cambiado, podía sentir su determinación.

—Si hay que hacerlo, lo haré.

—Queréis decir que… —Jenn estaba pálida y no terminó la frase.

Alyssa se giró de nuevo para no verlos. No necesitaba su miedo para sentirlo ella también.

—Quiere decir que o matamos o morimos —dijo Kim.

—Os pido que no comentéis esto con nadie hasta que venga Ray y podamos dejar todos los puntos claros. —La mercenaria no quiso ver sus reacciones, ya tenía suficiente.

—Tranquila, no queremos que cunda el pánico —soltó Jack, que sonaba hueco, lejano.

—Podéis iros a comer algo y descansar, nos quedamos Kim y yo aquí arriba —indicó Alyssa para deshacerse de ellos.

Él no se lo pensó, la puerta de hierro se cerró tras ellos de un golpe seco que resonó en la cabeza de la mercenaria como un martillazo.

Jack

Jack caminaba a paso rápido. Había dejado muy atrás a Jenn y esperaba llegar a su cuarto antes de que le alcanzase, no quería que se diera cuenta de que tenía tanto miedo.

—¡Jack! —lo llamaba con insistencia.

No podía seguir evitándola, así que se giró para enfrentarla.

—Si te veo preocupado, me preocuparé. Tienes que ser fuerte por los dos —le pidió Jenn.

—No puedo.

Vio como las lágrimas asomaban a los ojos de su amiga y sintió las suyas propias escociendo tras los párpados. La abrazó y la dejó llorar sobre su hombro un buen rato mientras él las contenía a duras penas.

No se sentía con fuerzas de ir a casa del enemigo y matarlos sin más, eso no era defensa propia. Por otra parte, lo que decía Alyssa tenía mucho sentido; tarde o temprano los encontrarían y los cogerían desprevenidos, causando mucho daño. Aquella posibilidad lo asustaba.

—Prométeme que harás lo que sea para mantenernos a salvo.

—No puedo prometerte nada, no estoy capacitado para meterme en una batalla así.

Jenn pareció entenderlo y asintió, luego pensó un momento y continuó hablando:

—¿Crees que están con ellos? Jared y Danielle, digo. ¿Estarán allí?

Jack puso las manos en las mejillas de su amiga, dejó un beso en su frente, la miró a los ojos y pasó los pulgares por las comisuras limpiándole las lágrimas.

—Esperemos que no. Te mantendré informada y recuerda no hablar de esto con nadie. Ahora vuelve con tus hijos.

Empujó con delicadeza a su amiga dirigiéndola hacia la habitación para entrar en la suya, necesitaba estar solo. Se deslizó por la puerta hasta sentarse en el suelo y lloró, dejando salir todo su miedo.