Al pasado se lo llevaron las bombas 10. La decisión
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10. La decisión

Alyssa

E staban esperando los resultados de las pruebas. Alyssa pensó mucho en el beso que se habían dado en el baño. Tenía miedo por lo que sintió, y sobre todo de su reacción al devolvérselo. Ahora era difícil incluso mirarle.

Esa misma noche, mientras hablaba con Tony, este la abrazó. Estar entre sus brazos la hacía sentirse protegida. El mercenario la cogió desprevenida, en un momento de debilidad, y trató de besarla.

—¿Qué haces? —preguntó apartándose.

—Creía que… —Parecía confundido.

—Tony. No puedo, no podemos —dijo preocupada.

Decidida, se alejó de su amigo y fue a sentarse junto a Ray que estaba charlando con Erik. Allí también se hallaba Johanna, la mujer que habían rescatado y empezaba a sentirse cómoda con ellos, algo más tranquila.

Jack, tumbado en su cama plegable, la miró desde lejos con el brazo apoyado sobre la frente, tenía una rodilla doblada hacia arriba en una pose despreocupada. Aun así, Alyssa sentía como si la estuviera taladrando con la mirada. Los había visto, estaba segura, ¿qué estaría pensando?

Durante el tiempo que estuvieron encerrados en la cuarentena, averiguaron por Johanna que un grupo de hostiles vivía no muy lejos de allí.

Un atajo de borrachos devoradores de humanos que se dedicaban a matar todo lo que pillaban.

También les contó que violaban a las mujeres y si alguna daba a luz se comían al bebé.

Mientras escuchaba aquello, la bilis le subía por la garganta, tuvo tantas ansias de vomitar que no dejaba de tragar saliva.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Alyssa.

—No lo sé, pero me asusta —confesó Ray.

—¿Pasamos de ellos?

Todos miraron a Tony sorprendidos por su propuesta.

—Hay que matarlos. —Las palabras de Erik hicieron estremecerse a la mercenaria.

—Me jode decirlo, pero creo que tiene razón —apoyó Alyssa lo que había propuesto.

Jack no estaba cerca, había salido del recinto para tomar el aire. Agradeció su ausencia. Era mejor que no se enterase de aquellos planes hasta que no fuera un hecho.

Tony la llamó para hablar con ella, se sentaron en las gradas muy juntos como acostumbraban a hacer.

—Lo siento —dijo su amigo con la cabeza agachada.

—Olvídalo. —Rodeó sus hombros abrazándolo con fuerza.

Aquella fue la última noche de encierro. Dio gracias por ello; no podría soportar un día más entre esas paredes.

La vida seguía su curso. Por la mañana, Kim, Tony y ella fueron de exploración en busca de Danielle.

El bosque aún estaba dormido cuando salieron del instituto, las hojas mantenían el rocío en sus puntas y los verdes brillaban con intensidad.

Le encantaba todo aquello, la paz que se respiraba y el silencio.

Iban caminando mientras le contaban a su compañera lo que habían averiguado de los hostiles con los que estaba Johanna antes de su rescate.

—¿Me estáis diciendo que comen niños? —dijo Kim escandalizada simulando una arcada. A la mercenaria se le revolvió el estómago de nuevo—. El simple hecho de que se coman unos a otros ya me da bastante asco, pero que maten niños… eso es aterrador —siguió aún en shock .

—No entiendo cómo hay gente de esa calaña —respondió Tony, que caminaba unos metros por delante de las chicas.

Mientras Kim iba mirando su trasero apretado en aquellos pantalones negros, Alyssa sonrió al ver cómo actuaba su amiga, con las manos levantadas haciendo gestos como si fuera pellizcándole el trasero.

Subieron por una cuesta antes de llegar al claro desde donde tenían que empezar la búsqueda. Después había una zona bastante complicada que tendrían que recorrer con más sigilo, ya que era muy escarpada.

Tony seguía encabezando la marcha. Las piedras resbalaban y la tierra se movía bajo sus pies por la humedad, haciendo la senda más difícil.

Se detuvieron un par de veces para vigilar.

El silencio reinó hasta que salieron de la zona de peligro.

Alyssa suspiró al llegar y miró tras ella para comprobar que no les seguían.

—Cuando lo escuché la primera vez casi vomito. —Alyssa solo estaba pensando en voz alta, pero sus amigos gruñeron en aprobación a sus palabras, había estado rememorando la conversación mientras cruzaban la zona del barranco—. Me da la impresión de que, como dijo Erik, tendremos que matarlos.

—¿Qué? —Kim se había detenido y estaba a medio camino de sentarse en una roca—. ¿Por qué querría alguien como yo meter mi dulce culito en un avispero como ese?

—Porque o son ellos o nosotros —puntualizó Alyssa.

Tony, que se había apoyado en un árbol, agachó la cabeza al escuchar las palabras de su amiga y se cruzó de brazos.

—¿Tú piensas igual, Tony? —La expresión de Kim al preguntarle era una mezcla de miedo y confusión.

—No estamos preparados para afrontar algo así, ¿Cuántos dijo que eran? ¿Treinta? ¿Cuarenta? Nosotros solo somos cinco buenos, y si contamos a los nuevos, diez; más el patán del cazavampiros que hará que nos maten.

Alyssa resopló al escuchar cómo hablaba de Jack.

—El muchachito ha aprendido mucho, no te pongas en plan prepotente, lobo —saltó Kim en su defensa.

—¿Muchachito? —Tony resopló con la palabra—. Es más viejo que Ray.

Las dos lo miraron. Kim levantó una ceja y Alyssa asintió.

Tony soltó una carcajada al ver la reacción de ambas. Se acercó a la mercenaria y le pellizcó la mejilla, ella sacudió la mano para pegarle y que se apartase. Su amigo rio y ella se sonrojó. Kim no les quitaba ojo, su ceño se había fruncido; como ella la conocía, dejó la broma enseguida.

—¡Ese actor está todo buenórrimo! Aunque… Ray tampoco desmerece mucho —contestó Kim mirando hacia otro lado, haciendo ver que no le importaba nada lo que pasaba entre ellos.

Los tres quedaron en silencio, pensativos. Durante un momento solo podía oírse el trinar de los pájaros.

—¿En serio tienen la misma edad? —continuó Kim, aún dando vueltas a la edad de Jack y Ray.

Alyssa miró a su amiga que estaba luchando con algo que había dentro de su zapatilla. Los tres se habían quedado charlando en el claro.

Pensó en Jack peleando contra los hostiles; no sabía si le gustaba la idea de que él luchase a vida o muerte, pero le necesitaban para seguir sobreviviendo.

—Pongámonos en marcha. Necesitaremos algo más de diez hombres. Ray tendrá que pedir ayuda a la gente que vive en el instituto porque vamos a llenarnos de mierda hasta las cejas —dijo la mercenaria algo enfadada mientras salían del claro.

Tony la agarró del brazo para detenerla y que lo mirase.

—¿Te preocupa el cazavampiros?

—Me preocupa que vayamos a dejar a alguno con vida y que luego venga a por nosotros. Va a ser una batalla épica.

—Sea como sea, terminará muriendo alguien —dedujo Kim, levantándose para ponerse en marcha.

Jack

Aquella mañana, Jack había salido a correr solo, con mucho cuidado y miedo de no tropezar con algún hostil. No había podido dejar de pensar en Alyssa. Ahora estaba en la terraza vigilando la zona. Vio volver al grupo de la mercenaria que había salido a hacer la ronda de búsqueda de sus compañeros.

El actor cerró los ojos un momento y volvió a recordar el beso, un beso lento y provocador que aún le hacía temblar.

Desde que la había besado, empezaba a pensar que se estaba obsesionando, ya que se le hacía imposible sacársela de la cabeza.

Negar la evidencia era absurdo; le encantaba aquella mujer.

Apretó la mandíbula con fuerza para frenar sus pensamientos.

Cuando Tony había estado a punto de besarla en el gimnasio, le faltó poco para saltar de la cama y darle un buen puñetazo.

Tal vez ese hombre le hubiese dado la paliza de su vida, pero se habría quedado a gusto.

Fue a levantarse para interponerse entre ambos, aunque vio que ella se lo quitaba de encima.

No se le había acercado en toda la cuarentena. La notó distante. Ahora no sabía por qué lo había evitado; ¿sentiría algo por su amigo? La reacción no había sido la misma con él que con Tony. Eso le daba que pensar.

Estaba enfadado con ella por evitarlo. Tendrían que hablar de aquello en algún momento.

Jenn apareció por la puerta de hierro con dos vasos grandes. Le tendió uno a Jack y bebió del suyo.

—¿Es aburrido esto de vigilar? —preguntó su amiga.

Jack estaba bebiendo, pero asintió como pudo. Le había traído un café tan rebajado con agua que casi no tenía sabor. Ahora un café era un lujo que casi nunca tenían.

—Se hace pesado porque no hay nada que hacer.

—Hablando de cosas que hacer, se está organizando entre la gente del instituto unas clases para los pequeños.

Habrá turnos entre los padres y voluntarios para enseñarles cosas que puedan serles útiles.

Somos ocho de momento, así los niños tendrán cosas que hacer por la mañana y los demás, tiempo libre.

—Me parece perfecto.

—¿Cómo les va con la búsqueda? —dijo Jenn señalando a Tony que se había quedado rezagado, las chicas ya no estaban con él.

—Supongo que mal porque vienen con las manos vacías. Se baraja la idea de que estén con ese grupo de hostiles.

—Espero que no.

Jack pensaba como ella, pero no dijo nada. Jenn lo observó y con una sonrisa pícara le señaló con el dedo.

—Me acabo de dar cuenta de que tienes algo diferente en la mirada. Es como un brillo.

—¡Déjate de tonterías!

Jenn lo conocía demasiado bien; ahora estaba escudriñándole buscando un resquicio, una grieta para leer sus pensamientos.

—Dime, ¿qué ha pasado? —preguntó con cariño.

En ese momento entró Alyssa seguida de Kim. Jenn observó a las chicas, luego le miró a él, y Jack supo que su amiga ya sabía lo que pasaba.

¿Tanto se notaba que le gustaba Alyssa? Se giró hacia el bosque para seguir vigilando mientras las chicas parloteaban sobre algo. No podía mirarla. Sus sentimientos estaban a flor de piel. El simple sonido de su voz lo volvía loco.

—¡Aly, porfiii! —dijo Kim alargando la última i hasta el infinito.

—No me apetece nada una fiesta.