9. El beso
Alyssa
H acía algunos días que no había visto a Jack.
Desde su vuelta al instituto se habían separado en la entrada y ella le evitaba como si tuviera el virus.
Mientras entrenaba con Tony y Ray aprovechaba para salir a correr y cuando él estaba corriendo, ella entrenaba.
Además, cenaba en las pistas mientras sus perros correteaban por todas partes. Así estaba más tranquila.
Aquella mañana, al levantarse para salir a correr a sabiendas de que todos estaban entrenando, se tropezó con Jack que la esperaba en la entrada.
Su corazón dio un vuelco al verle, estaba guapísimo con las gafas de sol y esa postura relajada apoyado contra la reja.
Se había acostumbrado a vestir de negro como ellos.
«¿Está más atractivo o solo me lo parece a mí?
», pensó mordiéndose los mofletes por dentro.
—¡Buenos días! Al fin coincidimos, ¿eh? —saludó Jack, irónico.
Alyssa sonrió sin poder evitarlo, aunque se negase a verle, estaba deseando encontrárselo. Mordió su labio inferior para poder contener su nerviosismo.
—¿No estabas entrenando con Ray?
Él se acercó a ella y con una voz provocadora murmuró:
—¿Me estás evitando?
Observó la reacción de ella y asintió satisfecho por su sonrojo.
«Claro que lo hago, si no lo hiciera estaría perdida», respondió para sí Alyssa. Un escalofrío le recorrió la columna al ver su sonrisa traviesa. Con los ojos ocultos detrás de las gafas era imposible saber lo que pasaba por su mente.
—No sé por qué dices eso.
—Porque hace unos días que no nos vemos.
Mientras salían del instituto sus brazos se rozaron. Ella se apartó con disimulo y se frotó el estómago para calmar esa sensación de hormigueo que aparecía siempre que él la tocaba. No podía bajar la guardia.
Jack empezó a correr dejándola atrás, cosa que nunca hacía. La mercenaria le siguió y le adelantó con facilidad, lo que provocó que él riera a carcajadas.
—Ríe, tú ríe, que en un rato estarás sin aire —dijo burlona.
El actor se atragantó con su risa tosiendo varias veces y ella sonrió al ver su reacción.
El lugar por el que corrían era conocido para ellos; no tardaron en relajarse.
Iban tranquilos cuando Alyssa escuchó unas voces y agarró del brazo a Jack, tirando de él para apartarlo y así ocultarse tras unos matorrales.
Se pusieron en guardia, observando a su alrededor hasta ver de dónde provenían.
Descubrieron unos hombres: un par de ellos recogían ramas; otro meaba contra un árbol; había uno más joven que vigilaba escopeta en mano y el último buscaba algo dentro de una mochila de espaldas a ellos.
Eran cinco hombres, desarrapados. Reían con fuerza y hablaban sobre una mujer que les esperaba en el campamento.
Alyssa se envaró sabiendo demasiado bien lo que eso significaba.
Cuando justo uno dijo que tenía ganas de metérsela hasta que suplicase que parase, la mercenaria entrecerró los ojos mirando hacia otro lado y la mano de Jack se aferró a la suya, ella lo miró y asintió despacio.
Se soltó de su agarre y se movió hacia otro árbol para estar más cerca, hizo un gesto para que Jack no se moviera y este apretó la mandíbula.
No pensaba ponerse en acción hasta que estuviera totalmente segura de que haría lo que le pedía.
Le vio relajarse y luego asentir. Alyssa se encontró libre de preocupaciones, sabiendo que Jack estaría quieto y no tendría que controlarlo.
Rodeó el lugar donde estaban para comprobar que no había más hombres. Aquellos cinco estaban solos. Se alejó un poco más mientras controlaba que ellos seguían en el mismo punto, vio dos tiendas, un fuego y un montón de basura.
Se estiró un poco para ver si había más hostiles, pero solo vio a una mujer, con el pelo tan enredado y la ropa tan desgastada que parecía una muñeca de trapo, vieja y demacrada.
Tenía la ropa sucia y desgarrada y la piel llena de moretones y arañazos.
Se estremeció procurando no imaginar lo que había pasado.
Ahora debía estar en calma, inspiró con fuerza para intentar infundirse tranquilidad.
Volvió con mucho sigilo hasta donde la esperaba Jack.
Los estudió un momento. Se preparó para el ataque, oculta tras un matorral, y lanzó su puñal con fuerza contra el hombre que estaba cerca.
Con agilidad fue hasta él para sacar el puñal de su carne, los demás descubrirían que estaban siendo atacados, así que cortó su yugular con un movimiento rápido y, mientras la sangre salía a borbotones, se dibujó una sonrisa torcida en su rostro y se levantó con el puñal en guardia.
—¿Algún voluntario?
Uno de los hombres empezó a reír mostrando sus dientes mellados, lo que provocó un estremecimiento en la mercenaria.
—¡Quiero a esa fulana con vida, me la voy a follar! —dijo el viejo.
Fue otro el que avanzó hacia ella. Con agilidad, Alyssa le atravesó el vientre hasta hundir la hoja por completo. Subió hacia arriba el metal y lo retorció en su interior admirando cómo su rostro cambiaba hasta mostrarle la mirada vacía de la muerte.
Uno de los hostiles jadeó por la impresión y dio un paso al frente.
—¡Maldita zorra!
Otro de ellos se le acercó por el lateral.
«¿Dos al mismo tiempo? Puedo con ellos», pensó mientras daba una patada al aire contra el que venía por la derecha.
Giró sobre sí misma, encontrándose con un golpe seco que la lanzó al suelo.
Apoyó la mano para levantarse, meneando la cabeza, y se sujetó el costado mirando a sus atacantes.
Cogió aire para lanzarse hacia uno de ellos y le clavó el cuchillo en la garganta, luego subió la hoja hacia su cabeza, provocando que la sangre saliera a borbotones mientras el hostil trataba de decir algo que se convertía en un gorgoteo de sangre.
Alyssa le dio un empujón para sacarlo de su filo y se giró en busca del siguiente que ya lo tenía casi encima.
Estaba agotada, pero debía seguir. Por Jack.
El cuchillo del hostil atravesó su piel y el hombre rio al ver que había logrado herirla.
Se inclinó sobre sí misma para coger aire, luego se incorporó a la vez que la pierna del atacante salía disparada hacia ella.
Aprovechó para agarrar su tobillo y tirar de él con fuerza mientras estiraba el otro brazo para clavarle el cuchillo en el estómago.
Al soltarlo, él saltó hacia ella; con eso, ella pudo clavar el filo de su arma, cortando la carne al clavarse entre las costillas, rasgando su pulmón.
Tiró de él para tenerlo más cerca y sacó el cuchillo, clavándoselo una y otra vez, atravesando su estómago mientras su contrincante solo tosía y trataba de soltarse.
Al dejarlo caer al suelo convulsionando por la falta de oxígeno, Alyssa miró hacia su última víctima apretando los labios en una fina sonrisa.
Jack
Mientras Alyssa se alejaba, Jack sintió un escalofrío recorriendo todo su cuerpo. Tenía miedo. La impotencia de no poder hacer nada, lo tenía atado a aquella roca.
Ella se movía entre los hostiles con tanta agilidad que impresionaba.
Iba matando sin piedad. Por su mirada tal vez ni pensaba en lo que hacía.
Su cuchillo debía estar bien afilado porque no parecía tener que ejercer fuerza para clavarlo.
Jack solo deseaba salir de su escondite y lanzarse en su ayuda para matar a esos hijos de perra.
Pero sabía que si lo hacía interrumpiría la concentración en la que estaba inmersa.
La sangre, el hedor a muerte y las convulsiones de aquellos hombres en sus últimos alientos le provocaron arcadas. No quería vomitar; no dejaría que Alyssa lo viera como alguien débil.
Le quedaba uno. Mientras se giró hacia su última víctima, sonrió; ese gesto le provocó un estremecimiento, no le gustaría tenerla como enemiga. Cuando se abalanzó sobre ella, Jack estuvo a punto de saltar para quitárselo de encima.
Durante un buen rato ambos se dieron puñetazos, algún corte rasgó la ropa y la carne de ambos, hasta que Alyssa levantó el brazo y con todas sus fuerzas clavó el cuchillo en el hombro de su atacante.
Lo movió hacia la izquierda y rasgó la carne de su cuello, luego empujó al hostil con fuerza lanzándolo al suelo.
Se quedó de pie, como hipnotizada con lo que tenía delante.
La observó mientras esperaba a que recuperase el aliento, luego salió de su escondite y vio que seguía como en un trance. Soltó el cuchillo que cayó con un golpe seco sobre la tierra, se giró hacia donde estaba Jack y él vio su rostro salpicado de sangre.
—¿Qué hago? —preguntó Jack.
El sudor de Alyssa brillaba con los reflejos del sol, su piel estaba por completo manchada de sangre y su respiración se notaba fuerte y errática.
Se llevó la mano al costado donde parecía tener la herida más profunda y sacó algo de su bolsillo para luego levantar la camiseta y pegarse una especie de apósito a la piel.
—Esto no aguantará mucho rato. Ve a por ayuda, hay una mujer unos metros hacia el este —dijo señalando el camino.
—Ahora vengo.
—No entres en el instituto, puedes estar contagiado —ordenó.
Jack la escuchó desde lejos, pero sabía lo que tenía que hacer.
Había sentido la necesidad de ir hasta ella y comprobar que no estaba herida, abrazarla y apretarla con fuerza entre sus brazos para cerciorarse de que no le habían hecho nada. En cambio, había apretado los dientes con fuerza y estaba de camino al instituto a toda velocidad.
Al llegar estaba sin aliento. Fue por la parte exterior de la reja hasta llegar a las pistas. Erik estaba haciendo una llave a Kim, cayendo sobre ella a horcajadas.
—¡Erik! Alyssa ha encontrado unos hostiles —gritó Jack desde la reja—. Los ha eliminado, pero me ha pedido que viniera a buscar ayuda.
Vio que Tony se asomaba a la terraza y le miraba haciendo visera con la mano para cubrirse del sol. Erik ya se había levantado.
Al mirar de nuevo hacia arriba ya no había nadie. Jack fue a la entrada principal con el rubio. Todos se reunieron allí en un momento.
—Kim, quédate a vigilar —ordenó Ray.