8. Atracción #2
—Cuando se encarga mi chica, siempre va todo bien. —Lo miró con la barbilla levantada.
Había remarcado las palabras «mi chica» y luego sonrió con suficiencia.
—La vi muy cansada y no sé nada de ella desde que recogió a Roxy y Ron, debió de ser agotadora la cuarentena.
—Nada que no conozcas ya.
Tony parecía receloso con la conversación, sus respuestas eran tirantes y secas; luego se cruzó de brazos, lo que marcó sus músculos contra la camiseta.
Era un hombre muy fuerte y los tatuajes que llevaba le daban un aire duro.
Se había dejado bigote en los días que no lo había visto.
Jack se rascó una ceja un par de veces, algo nervioso.
—Sí…, supongo. —Le daba la sensación de que seguir con esa conversación era absurdo.
—Creo recordar que lo viste todo desde el tejado. Se te veía desde lejos —soltó entrecerrando los ojos de forma amenazante.
—Bien, me alegro de que seamos más, supongo. Ya nos veremos.
Jack no esperó respuesta e intentó desaparecer lo más rápido posible.
No soportaba la actitud de Tony. Se volvió para entrar en la cafetería, sabía que el mercenario se había quedado observando desde donde estaba.
Se le clavaba la sensación de su mirada en la nuca.
Al llegar al final del pasillo, no pudo evitar girarse, pero ya se había ido.
Jenn y los niños estaban en una de las mesas del fondo en el comedor interior.
Un lugar amplio y cómodo. Cogió algo de comida en una bandeja que le ofreció Clara.
Estaba llenando una vitrina con comida fría para que los que fueran a comer se sirvieran ellos mismos.
Jack le dio las gracias y la cocinera le sonrió.
Se dio la vuelta para encaminarse hacia la mesa donde le esperaban sus hijos y su amiga.
—¿Sabes algo de Alyssa? —preguntó ella.
Jack negó y se sentó con ellos. Mientras charlaban y terminaba su plato, sintió que alguien se acercaba.
Erik había estado enseñándole algunas cosas y una de ellas era estar alerta todo el tiempo, lo practicaba en cualquier sitio.
Se giró para ver quién era y se tropezó con la mirada inquisitiva de Alyssa.
Los hijos de Jack se removieron en sus asientos algo recelosos, los de Jenn se lanzaron sobre ella para saludarla, que se agachó y les abrazó. Ya no parecía querer esconder su debilidad por los pequeños.
—¡Qué recibimiento tan maravilloso! —murmuró ella mientras los aplastaba contra su cuerpo en un buen apretón.
—¿Papá? Nosotros también queremos saludar a Alyssa, pero no queremos que nos coma —dijo Richard con voz quejicosa.
Alyssa soltó una carcajada y fue hasta donde estaban para abrazar a los dos a la vez y besuquearles la cara. Los niños estallaron en risitas y se dejaron hacer.
—Intentaré no comeros, aunque si mis perros comen chucherías…
—¡Vale, Alyssa! —Los niños no le dejaron terminar la frase hablando a la vez.
—No les daremos comida si no nos das permiso —añadió Richard.
—¿Has estado entrenando? —preguntó dirigiéndose a Jack.
Sus hijos la adoraban y los animales la amaban. Era imposible no fijarse en su forma de ser.
—Sí, Erik me ha enseñado algunas cosas. —Alyssa levantó una ceja, muy típico en ella cuando algo la sorprendía.
—¿En serio? Todo lo que puedas aprender de ese loco te irá bien. Espero que no te haya enseñado locuras —bromeó—. Me extraña que se haya ofrecido a entrenarte.
—Creo que puedo decir que se ha portado muy bien conmigo, mejor que Tony.
Alyssa resopló incrédula. Jack notaba algo de hostilidad por parte del mercenario y no le gustaba, aunque empezaba a pensar que ella no se había dado cuenta.
—Si quieres puedo entrenarte yo esta tarde.
—Me parece perfecto, la verdad es que me gustaría entrenar más horas —dijo Jack animado, sintiendo un hormigueo de anticipación en la boca del estómago.
Alyssa puso su mano sobre el hombro del actor antes de irse y una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo.
—Nos vemos en una hora en las pistas, hasta luego —señaló antes de despedirse del grupo.
Jenn miró cómo se marchaba y luego a su amigo.
—¿Todo bien, Jack?
No podía decirle a su amiga que le gustaba, no podía contarle que sentía la gran necesidad de alejarse y de acercarse a ella al mismo tiempo.
—La mejor entrenando es ella, así que si me ofrece media hora, aunque sea, no voy a perder la oportunidad.
Una hora después estaban en las pistas. Charly se les acercó y los observó un momento. Alex y John llegaron un poco después uniéndose a su amigo.
—¿Podemos unirnos al entrenamiento? —planteó Charly.
Ray le dio una palmada en la espalda para darles la bienvenida.
Después de media hora de golpes, Alyssa estaba entrenando con Erik y soltando maldiciones como un camionero.
—¡Vale ya! —gritó frustrada mientras se frotaba la mandíbula—. Voy a correr un poco.
No se dirigió a nadie en especial, aunque algunos se quedaron mirándola. Erik dibujó una sonrisa torcida y triunfante por haberla cabreado. Jack se enfureció al verlo y fue tras ella.
Cuando Alyssa llegó a la puerta se paró a atarse el machete al muslo, luchaba con las correas aún enfadada.
—¿Puedo acompañarte?
Asintió y los dos salieron del instituto. Corría delante de Jack mientras maldecía a Erik.
En un descuido ella perdió el equilibrio y casi cayó de bruces, él saltó para ayudarla.
—¿Estás bien? —La sujetaba por la cintura rodeándola con un brazo.
La estrechó un poco más, su pecho estaba totalmente pegado a la espalda de ella. Aquella presión cálida contra él le provocaba una palpitación en las sienes. Su cuerpo ardió por el contacto.
Por mucho que intentase convencerse a sí mismo de que aquella mujer no le interesaba, su cuerpo se empeñaba en hacer lo contrario. Inspiró, lo que hizo que sus sentidos se agudizasen con más intensidad, un latigazo de deseo le azotó con fuerza y la tuvo que soltar, sin ganas.
—Más que correr necesito desconectar. ¿Hacemos el vago un rato? Sé de un lugar donde nadie nos encontrará. —Alyssa no le miraba.
—Me apetece mucho vaguear.
Un rato después, estaban saltando entre las rocas que rodeaban el lago. Había un buen escondite, oculto por las enormes piedras que sobresalían, así que se tumbaron al sol para descansar.
—¡Esto es otra cosa! —dijo Jack cubriéndose los ojos con el brazo.
Alyssa le imitó y rio entre dientes. Los dos tumbados en una roca plana, rodeados de naturaleza y silencio.
—Me gustaría recordar los puntos de ataque principales.
—Si tengo que levantarme, no —resopló Alyssa.
Jack puso sus dedos fríos sobre el cuello de ella señalando su yugular.