Al pasado se lo llevaron las bombas 8. Atracción
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8. Atracción

Alyssa

A l entrar en el gimnasio, Alyssa les señaló a los nuevos el lugar al que tenían que dirigirse para darse una buena ducha. Tony fue directo a las gradas para llamar al médico y Kim le siguió haciendo un gesto bastante significativo en dirección a su trasero. Ella no pudo evitar reír al verla.

—¿Quiénes son? ¿Habéis estado en contacto? —quiso saber Jake.

—No nos hemos tocado mucho —le informó Tony.

—Pues por la forma de actuar del rubio creo que son militares, o al menos él lo es. ¿Charly era? —preguntó Kim, viendo que Tony no decía nada más.

Alyssa asintió en respuesta y se apoyó en la pared esperando las pruebas.

—No os quiero en el mismo sitio que ellos, daos una ducha rápida y manteneos alejados. Intentaré tener los resultados pronto.

Dicho eso, Jake desapareció en el interior del instituto.

Los tres se encaminaron a las otras duchas que se encontraban al lado de las gradas, para no cruzarse con los recién llegados, eran las que utilizaban cuando estaban en el instituto.

Después de refrescarse, volvieron para esperar los resultados de las pruebas.

Tony resoplaba cada poco y se paseaba de un lado a otro con nerviosismo.

—Cuéntame, ¿qué tal el entrenamiento con Jack? —indagó Kim sentándose junto a Alyssa.

Habían dispuesto unas camas algo más alejadas y le comentaron al resto que no podían estar muy juntos de momento.

Ya casi había olvidado que aquella mañana había estado sintiendo el cuerpo de Jack tan pegado al suyo, y recordarlo la hizo sonrojarse. Cuando miró a Tony, las palabras de Erik vinieron a su mente, le había advertido sobre no pasar mucho rato con el actor y que tuviera cuidado con su amigo.

—El entrenamiento ha ido genial —dijo escueta, pensando aún en los acertijos de Erik.

—¡Seguro que no sabías ni dónde meter las manos! Si yo siempre digo que hay que vivir el momento y… ¡que te quiten lo bailao ! —Ambas rieron por sus ocurrencias.

Tony no reía, más bien empezaba a fruncir el ceño. Kim se levantó y se apoyó en la mampara de cristal que separaba las gradas de la pista, donde estaba su amigo lanzándole miraditas. Alyssa sonrió al ver el descaro de la pequeña rubia.

—Pero cuéntame, ¿es fuerte? —continuó preguntando Kim—. ¡Porque además de ser guapo, se le ve potente! —habló alegre como siempre hacía, impulsaba las palabras con entusiasmo y convertía cualquier mal momento en pasado.

Tony cambió de sitio. Se sentó muy cerca de Alyssa, pero a ella no le importó, rozó su rodilla con los nudillos mientras miraba su propio gesto, ella agarró su mano y la apretujó con cariño.

Se fijó en su rostro tenso, con alguna arruga en el entrecejo.

Era un rostro duro, de facciones marcadas.

No era especialmente guapo, pero en algún momento le había parecido muy atractivo.

Ahora se le notaba enfadado. Al girarse hacia Kim la vio fijándose en sus manos agarradas.

Alyssa soltó la mano de Tony y respondió:

—Es fuerte, potente y se le ve con muchas ganas de aprender. —Tragó saliva, no le había gustado la mirada de su amiga.

—¡Pues la próxima en entrenarle voy a ser yo! Quiero tenerle entre mis brazos como tú lo has tenido hoy —anunció Kim ya a punto de celebrarlo.

Estaba segura de que fingía no importarle haber visto a sus amigos con las manos entrelazadas, lo había hecho sin darse cuenta, se sentía cómoda con Tony y a veces tenía gestos cariñosos inconscientemente.

Sin embargo, le molestó el comentario de Kim, que otra persona pudiera tener a Jack apretado contra su cuerpo no le gustaba.

Para ella había sido trabajo. Los entrenamientos tenían que ser solo eso, aunque ahora se sonrojó al pensar en la intimidad de aquella mañana. ¿Se habría ido Jack por eso? ¿Tal vez le había molestado que ella se acercase tanto? En ese momento, Tony interrumpió sus pensamientos.

—Creo que no deberías pegarte tanto a ese cazavampiros. No te conviene hacerte ilusiones sabiendo que no lo puedes tener.

Tony

Notó como la ira invadía todo su cuerpo y apretó los puños viendo las caras de sorpresa de sus amigas. Ninguna dijo nada, así que continuó hablando:

—Tú, deja de meterle ideas en la cabeza, ese hombre tiene una familia. Ella sería incapaz de meterse en un matrimonio —gruñó dirigiéndose a Kim.

Alyssa fue a decir algo, pero Tony se alejó caminando para quemar su mal humor. Volvió sobre sus pasos y señaló a Alyssa con un dedo.

—Ni se te ocurra rebajarte a ese nivel —dijo furioso.

Ella parpadeó sorprendida. Se maldijo a sí mismo, se alejó de nuevo y se sentó cerca de la salida. Siempre había sentido algo especial por Alyssa. Era tan fácil olvidarse de todo con el simple hecho de que ella le cogiera de la mano. Apretó el puño con fuerza, aún sintiendo el calor de su contacto.

—Tony, solo estamos bromeando entre amigas, nunca te habías puesto así —gritó Kim poniendo los brazos en jarra.

Se frotó la cara con las manos. Le enervaba que aquel hombre de poca monta estuviera tan cerca de ella, llevaba meses intentando decirle lo que sentía y ahora empezaba a ver cómo se le escapaba de entre los dedos.

Aún recordaba cuando con dieciséis años le había dado su primer beso, una relación tormentosa. A Tony solo le importaba su vida, esa que estaba llena de baches. Sabía que la había hecho sufrir en aquella época.

Hacía bien poco huían de la muerte resguardándose en el cuerpo del otro. Ahora anhelaba volver a estar con ella, sentirla entre sus brazos. Para Alyssa todo aquello parecía no haber significado mucho.

De pronto, un día su amiga le había hecho saber que no quería volver a hacerlo, que aquello estaba convirtiéndose en una rutina y no deseaba que se creasen falsas expectativas. Hablaron del tema, pero ella se negaba a continuar con la relación que habían mantenido. «Solo amigos», le había dicho.

Miró hacia la entrada del gimnasio y le pareció que los observaban. Jack estaba de pie a contraluz, su silueta se dibujaba en la entrada. Después de un momento, se dio la vuelta y se marchó.

«Tengo que deshacerme de ti, no voy a permitir que me la quites», pensó con rabia mientras le veía alejarse. Volvió la mirada hacia Alyssa. La quería en su vida, le completaba y le hacía sentir vivo entre toda aquella locura que estaban viviendo.

A veces se descubría fantaseando con robarle un beso, intentando averiguar cómo hacerlo.

Cerró los ojos y se la imaginó entre sus brazos como hacían antes en el bosque, apretó la mandíbula y bufó para sacar todo aquello de su cabeza.

Decidió volver a acercarse a las chicas, así no le daría tantas vueltas al asunto.

Alyssa

—¿Creéis que los nuevos van a querer participar en nuestras locuras? —preguntó Kim mirando hacia donde estaban instalándose.

La pequeña rubia seguía apoyada en la mampara que la separaba de las gradas.

—Supongo que serían de mucha ayuda.

Alyssa seguía pensativa por lo que había dicho Tony, tal vez más por cómo lo había dicho. Tenía razón, estaba demasiado pendiente de Jack.

Charly se acercó a ellos con aire cansado. Se había puesto la ropa que tenían de reserva en las duchas para los nuevos, un pantalón de chándal y una camiseta, ambos de color negro, excesivamente grandes.

—¿Os quedáis? —tanteó Alyssa al ver que su amigo se sentaba a su lado.

—Nos gustaría hacerlo. Tenéis médico y ahora nos hace falta.

—Podríais uniros a nosotros para buscar gente y comida. —Tony observó a Charly que se tensó al escucharle.

—¿Estamos hablando de la posibilidad de matar gentuza?

—A veces hay que hacerlo —afirmó Tony.

—Tendremos que pensarlo. No estamos obligados, ¿verdad?

—Por supuesto que no —dijo Kim, así que Charly asintió y se dio la vuelta, alejándose de ellos.

Kim se quedó mirando un rato hacia la pista, luego se giró para darle un beso al cristal dejando la huella de su pintalabios rosa chicle. Alyssa sonrió por las ocurrencias de su amiga. Notó que Tony la empujaba con el hombro para llamar su atención, le miró y ambos sonrieron.

Después de unos días de cuarentena, cuando tuvieron los resultados negativos del test, entraron al instituto. Kim se hizo cargo de mostrar a los nuevos todas las instalaciones y Tony desapareció diciendo que estaba cansado.

Alyssa iba caminando por el pasillo central cuando Roxy y Ron se le echaron encima y la tiraron al suelo entre lametones y exceso de amor canino.

No se dio cuenta de que tenía a Jack delante observando la escena.

Cuando al fin reparó en él, su sonrisa lenta ablandó su corazón dejándola sin aliento.

Se había afeitado y volvía a ser el de antes.

—Te he echado de menos —dijo Jack, eso provocó que su corazón se detuviera por un segundo.

Se levantó sintiéndose muy extraña por sus palabras.

—Y yo… —murmuró casi sin querer decirlas, dejándolas escapar de sus labios sin permiso.

Después de unos segundos de silencio y miradas, Jack se frotó la nuca. Los perros ahora más tranquilos olisqueaban a su compañera.

—Y ellos —añadió él con un amago de sonrisa que llegó hasta sus ojos.

Alyssa miró a Roxy y Ron. Por el pasillo aparecieron los hijos de Jack, escondiéndose tras su padre que parecía no haberlos visto.

—¿Han comido bien?

Jack se encogió de hombros.

—Supongo, si no contamos todo lo que los niños les han dado…

Alyssa frunció el ceño y al bajar la vista vio al pequeño Richard agarrado al pantalón de su padre.

—Vaya. Puede que si caen enfermos tenga que comerme a alguno de tus niños, tal vez con un poco de salsa estén sabrosos.

Dicho aquello no esperó respuesta, se fue murmurando cosas sin sentido sobre salsa de tomate con niño pequeño que debía de estar deliciosa, lo decía lo suficientemente alto para que los pequeños la escuchasen.

Mientras se alejaba, la carcajada de Jack retumbó en lo más profundo de su pecho.

Aquel hombre ejercía un poder sobre ella que no lograba controlar.

Jack

Dos días después, no sabía nada de ella y empezaba a preocuparse. Había visto cansada a Alyssa, con ojeras y los rasgos algo más marcados. Se dirigía a la cafetería cuando se cruzó con Tony.

—¿Cómo estáis? ¿Fue todo bien? —preguntó algo preocupado.