Al pasado se lo llevaron las bombas 7. Los nuevos #2
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7. Los nuevos #2

—Has tardado en subir —dijo él.

—Tenía a Erik en las duchas, supongo que eso me ha entretenido.

—¿Qué hacía en las duchas? —preguntó frunciendo el ceño.

—Molestar, como siempre.

Se giró hacia la salida del instituto y vio que al final Kim se iba con Tony y no con Erik como había dicho él en las duchas.

Tenían exploración en la zona donde había desaparecido la gente de Jack.

Detrás de ellos, Erik y Ray se encaminaban en la dirección opuesta para explorar en el otro lado.

Después de todo habían cambiado las parejas, seguro que había sido cosa de Kim.

—¿Qué hacemos aquí arriba?

Alyssa señaló a lo lejos casi a la altura del pueblo.

—Mira, esa línea de claro que hay entre el pueblo y los árboles es el punto donde te tienes que fijar.

—Ella fue girando por la azotea señalando los puntos donde más atención había que poner—.

Toda esa zona es la distancia perfecta para avisar y que acuda alguien a impedir que lleguen hasta nosotros.

Es como una barrera invisible, incluso si bajamos corriendo y vamos hasta allí, los cogemos antes de que salgan de la arboleda.

—Entiendo. —Jack se había puesto tras ella.

Alyssa se movió hacia un lado para alejarse un poco, estaba demasiado cerca. Inspiró, reteniendo el aliento un momento.

—Solo hay que estar atento. —La voz de la mercenaria sonó insegura.

Vio una media sonrisa en el rostro de Jack, ¿estaría notando su nerviosismo?

Él usó su mano de visera mirando al pueblo e hizo un gesto para que Alyssa se acercase, ella enfocó con los prismáticos lo que este señalaba y luego salió corriendo.

—Cuida de Roxy y Ron y avisa a Tony y Kim que son los que están más cerca, que acudan a la zona cuatro. —Jack ya tenía el walkie en la mano y estaba dando el aviso a Tony.

Alyssa corrió con todas sus fuerzas hacia la zona cuatro mientras pensaba que podían ser hostiles. Empuñaba su machete con fuerza cuando llegó al punto donde creía que se los encontraría. No vio a nadie. Caminaba sigilosa, controlando dónde pisaba para no llamar la atención mientras los buscaba.

La tensión de su cuerpo y el nudo del estómago que la atenazaba siempre, por si la gente que encontraba eran hostiles, ya estaban invadiéndola y agudizando sus sentidos.

El hormigueo inicial en la punta de sus dedos era el detonante.

Su estómago se apretaba en un nudo del que no se desprendía hasta que todo había terminado.

Reconocía que era una muestra de debilidad y lo odiaba.

Al llegar donde estaban los tres hombres se detuvo, ocultándose tras un tronco que tenía vegetación alta, su respiración resonaba en su cabeza al igual que sus latidos.

Discutían entre unos árboles escondidos por la maleza.

—Estoy harto de toda esta mierda, quiero vivir en paz con Tesa, ¡voy a ser padre, joder! —dijo el tipo con la cabeza rapada.

Había uno rubio que parecía haberse cortado el pelo con un machete, estaba con los brazos cruzados asintiendo y el tipo de la melena más larga, se había apoyado en un árbol esperando que los demás decidieran qué hacer con sus vidas.

Eran hombres delgados y fuertes, el apocalipsis hacía fuerte a cualquiera.

Por su comportamiento, y sus ropas, llegó a la conclusión de que no parecían hostiles.

—Ten paciencia. Seguro que encontraremos algún lugar donde puedas tener a tu hijo en paz. Está a punto de salir de cuentas, así que habrá que buscar rápido —aseguró el del pelo rubio.

Alyssa bufó al escuchar que una de las mujeres estaba a punto de parir. Seguro que, si salía y les ofrecía agua caliente, un médico y comida en la mesa a diario, no se lo pensarían dos veces. Aunque no las veía por ningún lado y eso no le inspiraba confianza.

—¿Paciencia? ¿Crees que llegará una bonita casualidad, un milagro, en algún momento que nos caerá del cielo y nos hará el gran favor de ofrecernos un médico? —El de la cabeza rapada estaba desesperado.

Vio llegar a las mujeres que se acercaron a su grupo, la que estaba embarazada se apoyó contra un árbol y suspiró sujetándose el vientre.

Parecía que lo que tenía delante encajaba a la perfección con lo que estaban hablando antes de que llegasen ellas.

Al final, Alyssa decidió salir de su escondite con las manos en alto.

Los tres hombres se pusieron en guardia sacando sus pistolas.

La sensación de poder morir era siempre muy inoportuna, apretó la mandíbula para controlar la ansiedad.

—Si disparáis, los hostiles vendrán en menos que canta un gallo y nos rebanarán en pedacitos —apuntó de forma chulesca.

—¿Quién coño eres? ¿De dónde sales? —preguntó nervioso el de pelo largo.

—Me llamo Alyssa y os ofrezco un médico.

El melenas se giró hacia el cabeza rapada y murmuró:

—Nos ha estado escuchando. ¿De dónde coño ha salido?

—No te preocupes, soy difícil de ver cuando me lo propongo. —Mientras Alyssa decía esto, Tony y Kim aparecían por el otro lado.

—Veo que lo tienes todo controlado, Aly —dijo Kim con una sonrisa ladeada, tenía los brazos en jarra y miraba a su amiga con aprobación.

—Se hace lo que se puede, Kim. Llegáis tarde.

—Estábamos muy lejos —resopló Tony.

—¡Basta! —gritó el rubio con el puñal en la mano.

—Agua caliente, comida a diario en la mesa, más niños y mujeres —afirmó Alyssa, levantando la barbilla y entornando los ojos—. Baja el puñal y hablaremos.

El de la cabeza rapada cedió, bajó la pistola y se acercó a Alyssa con la mano tendida para estrechar la suya.

—¿Eres mi salvadora?

Ella no le estrechó la mano, solo observaba todo lo que los rodeaba. Aunque tenía claro que eran personas que los necesitaban, nunca dejaba de estar alerta.

—No, soy tu bonita casualidad, tu milagro —contestó ella, haciendo referencia a sus palabras.

Tony rio entre dientes al escuchar a su amiga.

—No os haremos daño, solo os ofrecemos ayuda. Y perdona si no te doy la mano, pero solemos hacer una cuarentena antes de entrar en el instituto y no quiero que me pegues nada…

Todos se quedaron mudos ante sus palabras, luego él se frotó la cabeza rapada y bajó su brazo.

—¿Mi mujer podrá dar a luz en un sitio caliente y con ayuda?

—Eso espero —dijo Alyssa.

Kim entabló conversación con el rubio. Le explicaba lo que encontrarían en el instituto. Era el único que no había bajado la guardia, pero ella consiguió que se relajara.

—Bueno, este es John —cedió, y señaló al de pelo largo—, Charly —se refirió al del pelo mal cortado—, Tesa —la mujer embarazada—, Rose —la última—, y yo me llamo Alex, la persona más agradecida del mundo en estos momentos.

—Bien…, entonces nos vamos a pasar una bonita cuarentena —refunfuñó Tony.

Kim rio con ganas. Odiaban las cuarentenas, eran ratos pasivos y ociosos. Hasta los resultados de las pruebas no se podía hacer gran cosa.

Al llegar al instituto, Tony miró hacia arriba, haciendo que Alyssa le imitara. Jack los observaba desde la azotea.

—Demasiado a la vista, ¿no le has dicho que no pase de la línea blanca? —recalcó Tony.

Alyssa no contestó, entró en el gimnasio y no dio importancia a las quejas de su amigo.

—¡Está tan mono visto desde abajo! —exclamó Kim guiñándole un ojo a su amiga.

La cara de enfado de Tony era un poema.