Al pasado se lo llevaron las bombas 7. Los nuevos
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7. Los nuevos

Alyssa

A lyssa estaba en las pistas viendo como Roxy y Ron correteaban. Disfrutaba de aquellos momentos que le encantaba compartir con ellos.

Su mente no paraba de darle vueltas a la salida con Jack.

Cuando la agarró en la cueva, se sintió demasiado confundida.

Cada vez que estaba con él se comportaba de forma torpe, como si volviera atrás en el tiempo y fuera una adolescente con las hormonas descontroladas.

No podía permitirse algo así. Jack le encantaba, ¿cómo no iba a gustarle? Aun así, no era lo correcto.

Su madre los había abandonado a ella y a su padre por un hombre casado.

Lo peor fue que su padre no fue capaz de hacerse cargo de ella.

Con once años, la llevó a casa de sus tíos y luego se olvidó de que tenía una hija.

Mucho tiempo después fue en su busca, pero Alyssa lo rechazó, ya que más que ir a buscarla, solo quería visitas de fin de semana, ahora tenía otra mujer y no le interesaba llevársela con ellos. Lo odió por ello.

Se abrazó las rodillas acurrucándose mientras los malos recuerdos se agolpaban en su mente. Ella no quería repetir los actos de su madre, no iba a destrozar una familia.

Aun así, el recuerdo de la mirada oscura y llena de deseo de Jack en la cueva volvía una y otra vez. Escondió la cara entre sus rodillas y ahogó un gemido.

—Es tan guapo…

—¿Quién? —La voz cantarina y alegre de Kim la sobresaltó.

—¡Me has asustado!

—¡Es que no estás en guardia! A ti qué te dice siempre Erik, ¿eh?

Las dos soltaron una carcajada y Kim se sentó a su lado.

—¿Pues quién tiene que ser guapo? —dijo la mercenaria encogiéndose de hombros.

—¿Tony? —respondió Kim pensativa, dándose golpecitos en la barbilla con un dedo.

Alyssa la miró con cara de ofendida. Sabía que a su amiga le gustaba, aunque no estaba segura de que aquello terminase muy bien.

—Vale, vale. ¡Jack Miller! El cazavampiros más sexy de la televisión —continuó Kim, haciendo gestos con los brazos y entonando con la voz como si fuera el anuncio de un circo.

—¿Qué te pasa hoy? Te noto eufórica.

—Erik me ha dicho que estoy muy guapa y se me ha subido a la cabeza.

—No te creas nada de lo que dice ese loco —dijo burlándose.

Kim le dio una palmada en el brazo fingiendo enfadarse.

—¿Perdona? ¡Soy guapa! —Ambas rieron a carcajadas.

—Hoy casi le beso.

—¿Casi? ¿Cómo que casi? ¡Momento que pasa, momento que pierdes, bonita!

Kim había perdido a gente por el camino, como casi todos. Le había dado por vivir el ahora, el momento presente. Y Alyssa empezaba a pensar que era lo mejor, tal y como era la vida en aquel momento.

—No, con un hombre casado no.

—¿La señora Miller ya ha aparecido? —Kim miraba hacia el pueblo mientras hablaba.

—No.

—Pues no digas más, te has perdido un beso.

Las dos se quedaron en silencio un momento. Puede que Kim tuviera razón, pero no iba a hacer algo de lo que luego se arrepintiera. Durante un instante reinó el silencio, Alyssa cerró los ojos e inspiró lentamente.

—¿Sabes? Creo que hay sonidos que nunca había escuchado, hasta que la guerra nos lo quitó todo. —La brisa rozaba la piel de sus mejillas, era una brisa cálida que anunciaba el verano.

—¿Todo? No, te ha regalado a Jack. Le gustas. —Su amiga la observaba.

Se sacudió las manos y se levantó dispuesta a irse, antes de hacerlo miró a lo lejos, pensativa.

—¿Estás bien? —continuó Kim.

Asintió sonriendo. La joven rubia se había puesto purpurina en los párpados y brillaban al trasluz. Aún solía maquillarse. Ella ya no lo hacía.

—Voy a descansar, mañana tengo que darle una paliza a Jack.

—¡Dale fuerte, amiga! Que se entere de que no es un verdadero cazavampiros —dijo haciendo un gesto de fuerza con el brazo mientras sonreía.

—Lo haré, créeme, le voy a dar una tunda. —Se encaminó hacia la entrada del instituto.

—Tal vez salga a veros, ¡buenas noches!

Los perros se dieron cuenta tarde de que su dueña llegaba a las puertas de la entrada y salieron corriendo y ladrando tras ella. Kim soltó una carcajada al verlos correr.

Jack

Jack vio a Tony en la entrada del instituto. Mientras se ponían en marcha maldijo el cambio de entrenador.

Unos minutos más tarde supo que no se lo pondría fácil.

—¡Vamos, cazavampiros! ¡Eres un flojo! —gritó el entrenador narcisista acelerando el paso—. ¡Creía que tenías un poco más de energía!

Después de una hora o más, volvieron al instituto y ambos fueron directos a la pista.

Allí, Ray y Alyssa ya estaban entrenando.

Tony saltó la grada y se puso a hablar con el jefe, ella le hizo un gesto para que se uniera a su entrenamiento.

Dos de sus compañeros estaban con Erik que les explicaba algo.

Empezó a marcar puntos clave donde si hacías un corte profundo podías matar en el acto.

Los cuerpos de ambos empezaron a rozarse.

Jack sintió los pechos de Alyssa contra su espalda y un suave temblor le recorrió la piel.

Inspiró al sentir la presión de su torso pegado a él.

Sus manos agarrándole, tocándole; cada contacto le hacía estremecerse.

Su piel ardía con cada roce. Los brazos, sudorosos por el entrenamiento resbalaban.

En algún momento, entre puñetazo y patada, la cosa se había calentado demasiado.

Miró hacia la azotea y vio que tenían espectadores; dos hombres que no reconoció vigilaban el instituto. Aquello le costó un golpe en el estómago que lo dejó doblado por el dolor.

Ella lo agarró por la espalda. Uno de sus brazos rodeaba su garganta, aunque Jack medía quince centímetros más. Había tirado de él hacia atrás y tenía sus dedos apuntando a su yugular. El aliento de la mercenaria rozó su cuello y todo su cuerpo se estremeció, convirtiéndose en lava ardiendo.

—Estás muerto —murmuró ella con la respiración agitada por el ejercicio.

Jack ahogó un gemido. Su piel se erizó y todo su cuerpo se tensó por el deseo.

Se soltó del agarre, pero decidió no darse la vuelta para encararla.

La amenaza de muerte, en aquel susurro tan excitante, había sonado más a otro tipo de amenaza.

Necesitaba desaparecer, estaba tan excitado y la deseaba con tanta fuerza que tenía que desahogarse de alguna forma.

—Voy al baño, seguimos en otro momento. —Jack escuchó la risa burlona de los demás cuando empezó a alejarse.

—¿Ya te has cansado de recibir mamporros, cazavampiros? —preguntó Tony con voz chulesca.

Le hubiera contestado, pero prefería no levantar la veda entre ellos. Estaba seguro de que le gustaba Alyssa y decir que se había puesto cachondo no era lo mejor para ninguno de los tres, así que decidió abandonar el lugar sin más.

Maldijo su debilidad; su simple contacto era suficiente para que saltase la chispa.

Jack entró en las duchas y dejó caer el agua sobre su piel, tenía la sensación de que no podía apagar el fuego que ella había encendido.

Llevó su mano hacia la entrepierna y cerró los ojos apretando la mandíbula con fuerza.

Tras sus párpados cerrados, solo podía ver el cuerpo sudoroso de la mercenaria, su respiración cansada por el entrenamiento y sus movimientos ágiles.

Todo aquello le había provocado sensaciones que hacía demasiado que creía dormidas; tenía tanta necesidad de devorarla en aquel momento que podía imaginarla frente a él, casi sentía su piel pegada a su cuerpo, sus caricias.

«¿Cómo se sentirán sus caricias?», pensó mientras se llevaba la mano a la entrepierna.

Jack pegó la frente y una de sus manos sobre el alicatado de la pared y soltó un gruñido acariciándose con fuerza; sus manos estaban sobre su cuerpo, pero en su mente no eran las suyas.

Alyssa

Se dirigía hacia la ducha pensando en el entrenamiento y en cómo había reaccionado Jack; no esperaba que se fuera así. Había comprobado que era mucho más hábil de lo que pensaba.

Se metió en la ducha y dejó que el agua relajase su cuerpo.

De pronto, un ruido la sacó de sus pensamientos.

Había alguien fuera, así que Alyssa se tensó tratando de adivinar quién podía ser.

Asomó la cabeza y vio a Erik sentado en uno de los bancos que había en el centro de los vestuarios.

Resopló y se cubrió con una toalla para salir y ver qué quería.

—¿Qué haces aquí? ¿No tenías que ir con Kim a hacer una ronda? —soltó exasperada.

—Sí, pero aún no se ha levantado. Supongo que como hay un apocalipsis no le hace falta un despertador. He pensado en comprarle uno. ¿Qué te parece la idea? —dijo burlón.

—¿Qué quieres, Erik? —le preguntó apretando la mandíbula.

Erik tenía la camiseta sudada de Alyssa entre las manos y se la llevó a la nariz para olerla teatralmente. Ella sintió asco y rabia a partes iguales.

—Apesta. —Lanzó la prenda por los aires, luego rio entre dientes y se levantó para irse—. Creo que deberías estar menos pendiente del nuevo, puede traerte problemas con Tony —señaló alejándose.

Erik la dejó sola. Antes de empezar a cambiarse de ropa, se asomó fuera de los vestuarios para comprobar que se había marchado. Era exasperante. ¿Qué le pasaba con ella? Siempre siguiéndola y haciendo que se sintiera estúpida.

¿Qué habría querido decir con aquello? Erik nunca hacía nada porque sí, estaba claro que le encantaba pinchar. Sí, debía ser eso; únicamente quería molestarla.

Después de la ducha tenía turno de vigilancia.

Lo peor de todo era que le tocaba con Jack.

Durante el entrenamiento lo había tenido tan cerca que su contacto y su olor aún estaban impregnándolo todo; sabía desconectar durante una lucha, pero ese hombre la reconectaba con el deseo.

No podía permitirse pensar en ello; el actor estaba vetado para ella.

Kim se había encargado de crear un lugar cómodo allí arriba, poniendo algunas tumbonas que usaba para tomar el sol, sombrillas y una mesa.

Era un sitio escondido a la vista desde abajo, amplio y despejado, sin ninguna pared a excepción del cuadrado que cubría el descansillo interior y que daba acceso a la azotea.

Un ruido tras ella le hizo girarse para ver que Jack ya estaba allí.