5. El entrenamiento
Jack
C uando salió del instituto, aún no había amanecido y el cielo empezaba a enrojecer por el horizonte.
Alyssa estaba apoyada en la reja, esperándole.
Vestía unos pantalones negros de deporte y un top que dejaba su cintura y su escote al aire.
Lo que más llamaba la atención era el machete que se sujetaba al muslo con correas y la navaja que sobresalía de la cintura del pantalón señalando hacia su ombligo.
—¿Podrás seguirme el ritmo?
—Probemos —dijo él levantando una ceja.
Alyssa se puso en marcha en dirección al bosque; la senda era estrecha pero bien marcada.
Se notaba que no era la primera vez que hacía aquella ruta.
El ritmo rápido y continuo de su compañera era bastante soportable.
Los árboles pasaban rápidos junto a ellos.
Ella vigilaba los alrededores, no sabía cómo podía hacerlo sin marearse a la velocidad que iba.
Mientras corrían cuesta arriba por la estrecha senda, de vez en cuando una piedra o un matorral les hacía dar un salto. Alyssa giró veloz hacia la derecha, luego hacia la izquierda, y durante esa especie de zigzag, Jack se dio cuenta de que aquel entrenamiento no iba a ser pan comido.
Después de una hora estaba deseando volver a casa. Le hizo sudar tinta, aquello empezaba a doler. Ya lo lamentaría al día siguiente cuando notase el dolor muscular en todo su cuerpo.
—¿Estás bien? —preguntó sin detenerse.
Solo pudo asentir, si hablaba, estaba seguro de que el aire desaparecería de sus pulmones y moriría.
Por fin llegaron al lago; era un paraje rocoso, con una cascada no muy alta que bajaba desde el otro lado. Las rocas desiguales en altura eran perfectas para saltar y hacer algo de ejercicio. Había buenas zonas para esconderse y los pocos árboles de alrededor facilitaban la vigilancia.
Supuso que Alyssa le pediría entrar al agua y eso no iba a ser posible. Justo al llegar a lo más alto, ella se quitó los pantalones y las zapatillas, miró a su alrededor para comprobar que estaban solos y saltó. Jack se detuvo y negó con la cabeza.
Nadaba rápido como una profesional. Mientras él se doblaba sobre sí mismo e intentaba recuperar el aliento. Se puso a hacer algunos estiramientos cuando Alyssa se giró a mirarlo.
—¡Salta! —ordenó.
Negó de nuevo, intentó tomar una bocanada de aire y la miró agarrándose el costado.
—Lo siento, pero tengo un trauma con el asunto de nadar en aguas estancadas donde puede haber peces o monstruos del lago —resollaba mientras hablaba.
Alyssa soltó una carcajada y no insistió, siguió con su propio entrenamiento. Jack decidió hacer algunos ejercicios por libre, para no perder el ritmo mientras ella terminaba.
Por un momento se detuvo a contemplar cómo nadaba.
Su cuerpo se deslizaba en el agua con agilidad.
Se perdió en esa imagen y en sus movimientos perfectos.
Su cuerpo se endureció por el deseo, sobre todo su entrepierna que ahora mismo tenía vida propia.
Imaginó cómo sería rodearla entre sus brazos recién salida del agua fría, cómo su cuerpo húmedo se pegaría al suyo mientras se besaban.
Apretó los dientes y apartó la mirada para dejar de autotorturarse.
Unos minutos después la vio salir del agua.
El sol se reflejaba sobre la piel mojada de Alyssa.
Su pecho subía y bajaba por la respiración acelerada.
Fue a un rincón entre los árboles y cogió una toalla que tal vez ella misma había escondido entre las ramas, la sacudió y empezó a secarse, y luego fue a por su ropa para vestirse.
—Volveremos al instituto caminando, a un ritmo rápido. Cuando llegues, irás a las pistas. Allí estarán Ray y Tony esperándote para entrenar.
—¿Tú no vienes al entrenamiento? —dijo desilusionado.
—No, yo iré a la ducha y subiré al tejado con Kim, me toca vigilancia.
Le decepcionó que Alyssa no siguiera entrenándole aquel día.
Mientras volvían al instituto, no hablaron mucho.
Jack se limitó a caminar tras ella, lo que le había hipnotizado de forma absurda.
Su cuerpo se movía como el de un felino, vigilaba y estaba alerta, pero siempre pisando seguro.
Le dio la sensación de que podría haber trabajado como modelo o en el cine por su manera de caminar y su postura.
Alyssa miró hacia el tejado del instituto, Kim levantó la mano desde arriba para saludarles y ambos le devolvieron el saludo.
Un crujir de ramas les puso alerta y se agacharon por instinto.
Miró a Jack e hizo un gesto de asentimiento por su reacción, luego examinó a lo lejos desde donde provenía el ruido y no vio nada.
Esperaron unos minutos. Él miró hacia Kim, que parecía examinar la zona.
En seguida les hizo un gesto con los brazos y Alyssa se levantó para seguir caminando.
Sus vidas ahora solo consistían en esconderse y atacar. Era su nuevo presente.
Llegaron a la puerta del instituto sin más incidentes, había sido una carrera tranquila. Ella señaló a Ray, que estaba en las gradas.
—Te esperan.
—¿Te puedo preguntar algo? —Alyssa asintió—. ¿Además de mercenaria fuiste modelo o actriz?
Una sonrisa lenta y traviesa se dibujó en sus labios. Se encogió de hombros y empezó a andar hacia el interior del instituto sin responder.
—No me has contestado —replicó frunciendo el ceño al verla alejarse.
—Me has dicho si podías hacerme una pregunta, no implicaba que tuviera que responder —dijo, aún sonriendo.
Jack llegó a las pistas y vio cómo Tony se ponía con los brazos en jarra y las piernas algo separadas.
Con tanto músculo, dudaba que aquel hombre pudiera juntar los brazos al cuerpo.
Lo escudriñó mientras llegaba hasta él; estaba repleto de tatuajes, era un galimatías de caras, formas y figuras que se entremezclaban.
La cabeza le brillaba al sol, lo que indicaba que se había pasado la cuchilla no hacía mucho.
Ray comenzó a explicar lo que harían aquella mañana. Dispuesto a recibir más de un golpe, Jack se puso en guardia y los tres empezaron el entrenamiento. Alyssa debía de estar en la ducha en aquel momento mientras a él lo molían a palos dos expertos en combate.
El jefe desapareció al poco rato de estar entrenando.
Mientras miraba cómo se alejaba, Tony aprovechó y le dio un derechazo en toda la mandíbula.
Su cuerpo tembló por el dolor. Tenía claro que aquella zona se pondría morada.
El actor no quería pensar que lo había hecho adrede, pero no había otra explicación.
Aquel hombre tenía algo en su contra y estaba empezando a dejarlo salir. El golpe lo había dejado algo mareado y lo miró furioso.
—Ese puñetazo ha sido con ganas, ¡joder! —gruñó Jack, intentando librarse de la sensación de estar subido en una noria.
—Se me ha escapado. —Le retó con la mirada.
—Si tú lo dices…
—Hemos terminado por hoy. Ya sabes dónde están las duchas —dijo señalando hacia la entrada delantera del gimnasio.
—Bien.
—Nos vemos en la sala de reuniones.
Tony se adelantó dejándole dolorido por el golpe. Aquello había sido intencionado y lo había cogido desprevenido.
A las doce todo el mundo entraba en la sala de reuniones.
Jack había ido hasta las habitaciones a recoger a su amiga y, por el camino, dos más de sus compañeros se unieron a ellos.
Al entrar, Jenn se acercó a Ray y le comentó algo sobre hacer unas clases para los niños y mantenerlos así entretenidos.
El actor dejó de prestarles atención cuando Kim y Alyssa llegaron con los perros, que saludaron a todos, acercándose y chupeteando las manos que estaban a su alcance.
La mercenaria fue a saludar a Jenn y ambas siguieron con la conversación de las clases para los pequeños.
—No es mala idea. Antes solo había tres niños, pero ahora creo que hay unos diez —comentó Alyssa.
Tony entró, caminó directo hasta Jack y le dio una palmada en el hombro. No fue para saludarle; se la dio con todas sus fuerzas. Se tambaleó intentando mantenerse firme, aunque el golpe aún picaba.
—¿No mides tu fuerza?
El mercenario se puso de espaldas a Alyssa y le guiñó un ojo a Jack con una sonrisa burlona. Acto seguido, se giró hacia su amiga para darle un beso en la mejilla, quedándose junto a ella. Parecía que Tony estaba en guerra con él. Pero la cuestión era por qué.
Aquel hombre le empezaba a sacar de quicio; mientras pensaba y maldecía por tener que entrenar con él, notó que Alyssa le estaba observando.
Jack la miró a su vez y sus mejillas subieron de tono al darse cuenta de que la había pillado.
Se sonrojaba muy a menudo cuando él la miraba.
Algo seguía calentando el alma de la mercenaria; una simple mirada despertaba el calor en su interior.
—Veo que se han unido a nosotros más hombres. ¿Vais a ayudar con la protección y rescate de más gente? —preguntó Ray aproximándose a los dos que habían llegado con Jenn y Jack.
—Pues no somos muy buenos con la defensa, pero podríamos intentarlo —respondió Jason.
Ray asintió y sacó un plano de la zona que rodeaba el instituto y todos los pueblos cercanos.
—Podríais uniros a los entrenamientos con Jack. —Los hombres asintieron y todos se acercaron hacia la mesa para ver el mapa.
Trazó unos círculos y luego unas flechas hacia los extremos. Jack intentó seguir sus explicaciones, a pesar de la jerga técnica, aunque lo básico lo había pillado. Iban a buscar a los suyos y él participaría.
—Bueno, hay que hacer turnos. —Ray se frotó la nuca y empezó a repartir tareas.
Erik y el jefe iban a ir al pueblo a comprobar que habían limpiado bien la zona y ver si el fuego ya se había apagado.
Después de quemar aquella pila de cadáveres, no habían vuelto aún por la zona.
Alyssa y Tony iban a salir a buscar a Danielle y, por último, Kim y Jack irían al tejado a hacer la vigilancia.
Los dos nuevos empezarían mañana con los entrenamientos.
—Quiero ir a buscar a mi gente —señaló, no iba a quedarse en el instituto.
—Te falta entrenamiento, no vamos a arriesgarnos. Eres el primero que se une a nosotros en mucho tiempo —recalcó Ray.
—Voy a salir con Alyssa y Tony —exigió él.
—Se viene conmigo, Tony y Kim se quedarán a vigilar —contradijo la mercenaria a su superior.
En aquel momento, una guerra de poder entre la mercenaria y su jefe se abrió en la sala de reuniones. Ambos se miraron y Jack apretó los puños al ver que podía haber sido el culpable de aquel enfrentamiento entre las dos partes más fuertes del instituto.
El semblante tenso de ambos y las miradas ponían las cartas sobre la mesa. Ninguno de los dos podía ceder.
—Voy a ir de todas formas —informó haciendo que ambos le mirasen.
—Está bien, no voy a discutir —cedió Ray.
Jack había intervenido para quitar hierro al asunto, y parecía que lo había conseguido. Aún no sabía muy bien cómo era la cadena de mando. Tendría que ir con pies de plomo para no volver a ocasionar problemas.
—Creo que es lo más adecuado, solo daremos una vuelta —intentó tranquilizar Alyssa.
Erik, que estaba detrás de Kim, pasó hacia la puerta y, al rozar su hombro, se inclinó y le dio un beso rápido en la punta de la nariz.
Ella soltó un grito de indignación y le dio una palmada en el culo.
El chalado salió de la sala riendo a carcajadas, la pequeña rubia aún miraba indignada hacia la puerta ya vacía.
La actuación de aquel loco hizo que todo el mundo reaccionara y terminase la tensión.
Ray salió tras su compañero, dejando que el resto del grupo se las arreglase.
—¡Será imbécil! —Kim refunfuñaba mientras se frotaba la nariz con asco.
Alyssa rio entre dientes, Jack observaba la salida.
—¡No me jodas! —exclamó Tony, todos se giraron para mirarlo.
—Está decidido —le retó su amiga con voz fría.
—El cazavampiros no sabe luchar. Estás sola, o peor que sola, porque tienes que protegerle.
—Solo vamos a pasear por el bosque —replicó ella con tono sarcástico.
Kim le dio en el hombro a Tony con el puño enguantado en cuero, luego le empujó hacia la salida, aunque no se movió mucho.
—Es como un paseo de novios. Vámonos, que tenemos trabajo —dijo Kim, cansada—. Ella no necesita a nadie para protegerla.
Jack vio que Tony había perdido el color al escuchar a Kim y su gesto era más agresivo.
¿Era eso lo que le pasaba? ¿Le gustaba Alyssa?
Tal vez creía que él estaba en medio de los dos.
Recordó gestos, comportamientos del mercenario que le hicieron deducir que aquel era el motivo por el cual estaba alerta con él.
Estaría más atento, debía tener cuidado. Aún no habían desaparecido por la puerta cuando el gigante tatuado se detuvo para mirarlos.
Alyssa fue hacia la salida y, al llegar hasta Tony, este la agarró del brazo. Jack quería darle un puñetazo a aquel gorila, fue un sentimiento instintivo que le hizo apretar los puños.
¿Qué se creía agarrándola así?
Los dedos del gigante se hincaban en la piel de ella. Aunque la voz gélida de la mercenaria lo puso más nervioso. Se sentía demasiado desquiciado por algo que no le incumbía, ¿qué le estaba pasando? ¿Por qué tenía la necesidad de protegerla?
—Tony, me haces daño. —Ella le miraba furiosa.
—No me gusta la idea.
—Ya, ¡venga, papá!, nos vemos luego. ¡Jack! —llamó al actor mientras desaparecía por la puerta.
Ambos hombres se miraron amenazadores, aunque esquivó al gigante pasando por su lado para seguir a su nueva compañera.