Al pasado se lo llevaron las bombas 4. El efecto fan #3
21%

4. El efecto fan #3

La mercenaria estaba incómoda, estrechó el agarre de sus piernas apretándolas contra su pecho. De pronto, la idea de que sus sentimientos fuesen porque él era famoso cruzó por su mente. El efecto fan podía ser la causa de como se sentía.

—¡Claro, lo que me está pasando es porque soy fan de tu serie!

Maldijo entre dientes tan pronto como lo soltó, porque no quería decirlo en voz alta.

—¿Lo que te está pasando? ¿Qué se supone que es? —La estudió con curiosidad.

—Fui tu fan número uno, ¡hasta compré tu último CD!

Nadie había comprado aquel disco compacto cuando le dio al actor por ser cantante. Ya nadie compraba aquellas cosas.

—¿Compraste mi CD? Seguirás siendo mi fan, ¿no? —preguntó divertido.

—Claro que lo soy. —Le ardían tanto las mejillas que no sabía ni lo que estaba diciendo.

—Entonces, ¿qué te está pasando?

—Nada, olvídalo. —Alyssa se encogió de hombros, quitándole importancia al asunto.

—Interesante. —Jack sonreía—. ¿Sabes? Yo también soy un gran fan tuyo; salvarme la vida cuenta como ídolo, ¿no?

Jack se acomodó un poco más cerca de ella, rozando su hombro. Otra vez estaba haciendo aquello; algo más inquieta, se removió alejándose de nuevo por el roce.

—¿Cómo llevas el asunto de matar hostiles? —preguntó Alyssa para enfriar la situación y cambiar de tema.

—¿Matar? El estómago se me vuelve del revés con el simple hecho de pensarlo.

De pronto vieron una sombra que se alargaba en la penumbra. Alyssa se tensó, poniéndose en guardia al ver cómo se acercaba más.

—Tranquila, gatita, soy yo. —Erik se puso tras ellos y ambos le miraron.

—Eso no me deja más tranquila.

Después de descartar aquellas palabras con el gesto de una mano, Erik se puso en cuclillas entre ellos y con muy poco decoro, empezó a sentarse en medio, apartando a uno y a otro para hacerse hueco. Una vez acomodado, miró a Jack con una media sonrisa lobuna.

—Bueno, cazavampiros, estaba pensando… No creerás que trabajar en una serie de poca monta es lo mismo que vivir las calles en el presente, ¿verdad? —Su última palabra sonó estridente y con un gesto de locura que acompañó a la perfección el tono.

—Erik… —Alyssa intentó entrar en la conversación.

Él levantó una mano tapándole la boca con ella y luego se sentó dándole la espalda y girándose hacia Jack.

—No me gustaría dejar que te pudrieras en una cuneta por ser un imprudente cazador de vampiros de ciencia ficción —se burló.

Alyssa podía ver la tensión en Jack. Su mandíbula apretada mientras Erik hablaba. Quería sacarlo de aquel lío, pero no sabía cómo.

—Prefiero morir defendiendo a mi familia que vivir escondiéndome entre cuatro paredes. Enséñame todo lo que sabes y seré de ayuda —dijo con rabia.

Ella se sintió orgullosa de sus palabras.

—Valiente, espero que no vayas haciendo locuras.

—¿Como tú? —contestó Alyssa, intentando aligerar la conversación y dirigirla hacia ella.

—Yo no hago locuras. Tal vez soy un poco impulsivo, aunque vigilarte todo el tiempo me pone nervioso.

Alyssa tiró del hombro de Erik para que la mirase y dejase en paz a Jack.

—Encárgate de entrenarle cuando te toque, no me vigiles y así todo irá como la seda —propuso guiñándole un ojo.

Erik dibujó una sonrisa apretada y se levantó; luego dio un salto hacia el asiento de delante y se puso a caminar con las manos mientras bajaba a la pista.

Los perros se le echaron encima, tirándolo al suelo.

La risa histérica de Erik inundó el ambiente; luego lo vieron alejarse de allí haciendo piruetas.

—No me fío de él —comentó Jack mientras se alejaba de ellos.

—Haces bien, la mitad de las veces nos mete en líos.

—¿Y la otra mitad? —preguntó curioso.

—La otra mitad puede hacer que te maten. —Sonrió mientras observaba por dónde se había ido Erik.

—Entonces, ¿por qué está con vosotros? ¿Por qué no lo echáis?

—Es jodidamente bueno en lo suyo, imprescindible para el equipo. En combate, mientras yo mato a un hombre, él mata a cinco.

—Entiendo. —Jack se giró hacia los perros y Alyssa decidió que era el momento de irse.

—¿Mañana nos vemos en la entrada al amanecer? Saldremos a correr, luego tendrás entrenamiento en las pistas. —Silbó para llamar a sus peludos.

—Vale, estoy deseándolo.

—Mañana por la noche no pensarás lo mismo. A las doce de la mañana tenemos la reunión para planear la búsqueda de tu gente.

El actor asintió, Roxy se había acercado y él estaba rascándole detrás de las orejas.

El día siguiente sería intenso. Entrenamiento, búsqueda, la cosa se ponía interesante.

La mercenaria llamó a sus pequeños y se alejó despidiéndose con la mano.

Mientras caminaba, recordó la mirada intensa de Jack, su ternura con su hijo.

Una sonrisa estúpida se dibujó en sus labios mientras llegaba arriba. La mirada de Jack dibujada en la pared la recibió al encender la luz de su habitación. Los rasgos del actor se habían grabado en su mente y no había podido evitar dibujarlo. Se dejó caer en la cama, recordando la cena.

Cogió su cuaderno de dibujo y se puso a trazar unas líneas, pero no aguantó mucho tiempo despierta y terminó quedándose dormida con el vestido de la fiesta aún puesto.