4. El efecto fan #2
La risa de Richard hizo que levantase la vista hacia Jack. Ambos sonrieron atrapados por la mirada del otro.
Al terminar con su postre, Alyssa se levantó despidiéndose del grupo.
—Por si no nos vemos, mañana a las doce tenéis que acudir a la sala de reuniones. —No esperó a que nadie respondiera.
Como su tía siempre decía, «abandona el lugar con mucha elegancia y dejando interés tras de ti», pensó Alyssa mientras dejaba tras de sí a un Jack Miller con excesivo interés; su tía estaría orgullosa de ella.
Al llegar a la salida del comedor, cuando ya nadie la veía, se quitó los zapatos para ir más rápido. En ese momento Kim la agarró del brazo.
—¿A dónde vas? —exigió saber su amiga.
—Roxy y Ron no entienden de cenas, tienen que salir.
—¿Cómo ha ido con Miller? ¡No te quitaba ojo de encima! —Kim la soltó aunque continuó hablando entusiasmada por los resultados.
—¡Para estar sentada de espaldas, no has perdido detalle! —Ambas rieron—. En serio, Kim, Ron y Roxy me esperan —dijo dejando a su amiga atrás para evitar seguir hablando del tema.
Después de recoger a sus pequeños, se sentó en las gradas; era su lugar favorito, las pistas exteriores de entrenamiento.
A medianoche no solía haber nadie, justo cuando la luz nocturna recortaba la silueta del pueblo medio derruido detrás de los árboles más bajos.
Era un paisaje que le gustaba, tal vez por su significado, por el estado en el que estaba y lo que habían tenido que vivir para llegar con vida hasta ese momento.
No se había cambiado el vestido, aunque los zapatos eran algo más cómodos ahora. Miró sus zapatillas y recogió la falda bajo sus rodillas. Se había puesto una chaqueta porque sabía que fuera hacía algo de fresco.
Abrazó sus piernas mirando pensativa el oscuro horizonte.
Resopló al recordar la mirada de Jack clavada en ella durante casi toda la cena. Estaba segura de que la deseaba. Su forma de observarla se lo había dicho. Luego su hijo se apoderó de toda su atención y vio ternura en aquellas profundidades verdes.
Hijos…, nunca podría tener un pequeño diablillo.
Deseaba una familia con alguien que calentase el frío que la muerte y la destrucción de aquel nuevo mundo infundían en su alma.
Se estremeció mientras pensaba en ello. Pasó sus manos frotándose los brazos para entrar en calor mientras miraba como Roxy intentaba saltar por encima de Ron sin mucho éxito.
Apretó los ojos con fuerza al recordar el pasado. La imagen de su tío cubriéndose con un pañuelo en la puerta de casa. No le permitió atravesar el umbral y cerró la puerta en sus narices; le había pedido que se marchase y, lo más importante, que sobreviviese a lo que podía venir.
Tenían un piso franco donde había armas, comida almacenada y ropa limpia.
Ella y Tony ocuparon aquel pequeño apartamento y no salieron de allí hasta que las bombas de la guerra empezaron a invadirlo todo.
Cuando los científicos habían descubierto la dichosa cura, la guerra había estallado por una lucha de poder absurda que aún no lograba entender.
Las potencias mundiales más poderosas se disputaban la cura entre ellas mientras el resto del mundo contemplaba con terror los ataques que estaban destrozándolo todo.
Alyssa apretó los dientes al recordar el frío, el miedo, la sangre.
Miró hacia sus perros y suspiró. Los había encontrado sucios, hambrientos, y a Roxy, herida en una pata.
Tony le había dicho que no los mirase, pero ella no había podido evitar ayudarlos.
Desde entonces, la habían acompañado a todas partes.
Su amigo había sido un gran apoyo durante los días de guerra. Juntos habían luchado por sobrevivir.
Cuando encontraron a Ray, de eso hacía algo más de medio año, juntos habían luchado por salvar al mayor número de gente posible.
Algunas personas se habían transformado o se habían unido a criminales, convirtiéndose en un auténtico peligro para los que quedaban vivos.
La guerra había terminado, pero esos a los que los militares llamaban hostiles; eran la nueva amenaza.
Combatirlos y matarlos era la única opción.
Esa gente mataba sin contemplaciones, violaban y hasta se rumoreaba que comían humanos.
Al terminar la guerra, la falta de comida estaba siendo un problema y los hostiles no querían trabajar para conseguirla, así que robaban y saqueaban todo lo que encontraban a su paso.
Mientras su mente divagaba en el pasado, no fue consciente de que alguien se había acercado a ella.
—¿Puedo sentarme? —preguntó Jack.
Alyssa se giró al escuchar aquella voz grave y algo ronca tras ella. Miró al recién llegado que estaba ya sentándose a su lado y sonrió. Una sensación de nerviosismo la estaba devolviendo a la adolescencia de nuevo.
—Ya lo has hecho —respondió con sarcasmo.
—Mmm…, Kim me ha chivado dónde estabas —murmuró mirando el perfil derrumbado del pueblo.
—Tendré que pagarle más para que no se vaya de la lengua —bromeó ella.
Una sonrisa lenta se dibujó en los labios de Jack y Alyssa tuvo que dejar de mirarle, ya que se sintió demasiado cautivada por ella.
—Estás preciosa —dijo el actor, lo que hizo que ambos se mirasen de nuevo.