4. El efecto fan
Alyssa
A quella misma noche antes de la cena, mientras Alyssa dibujaba con un carboncillo sobre la pared blanca de su habitación, solo podía recordar la mirada de Jack cuando le había salvado la vida.
Trazó una última línea y se apartó para tomar distancia entre ella y su dibujo.
Unos golpes en la puerta hicieron que dejase de mirar los ojos del actor en la pared.
Kim llegó cargada con unos vestidos que colgaban de su brazo, junto con una bolsa de lona bastante llena. Su amiga los lanzó sobre la cama, luego dejó la mochila y un montón de zapatos se desparramaron por el suelo.
—¡He tenido una idea! —canturreó ella.
Alyssa frunció el ceño al ver la tela azul brillante de uno de los vestidos.
—No.
—Tengo entendido que te gustan mucho las faldas. —Kim rio, algo nerviosa.
—No creo que me entre ninguno, tú eres muy delgada.
—¡Ah! Pero es que también soy una chica lista y de vez en cuando he cogido alguno que pensaba que podía valerte. Además, hoy es el día perfecto para que a ese actor maravilloso llamado Jack Miller se le caiga la baba con nuestra sexi Alyssa.
Empezó a negar con la cabeza hasta que Kim sacó un vestido que llamó su atención, era entallado hasta la cintura y con una falda corta de mucho vuelo.
—Supongo que podría probarme alguno —dijo mientras tiraba del vestido para verlo mejor.
Kim rio entre dientes al ver cómo su amiga tocaba la tela. El escote era en V y los tirantes, un fino cordón. Era una tela de seda, maravillosa, cortada al bies y de un color azul suave. Se ajustaría a su cuerpo a la perfección.
—Sé que entiendes de ropa, así que siempre que veía algo bueno lo cogía para ti.
—Mi tía me obligó a vestir perfecta siempre.
Alyssa no hablaba mucho de su niñez, por lo que Kim la miró con curiosidad.
—¡Cuéntame más!
Mientras se ponía el vestido, su amiga se sentó en el centro de la cama con las piernas cruzadas a la espera de su historia.
Ella cedió y empezó a hablar mientras se miraba en el espejo de pared que había frente a la cama.
—Me enseñó costumbres de protocolo, fiestas, cómo debía andar, modales… Etiqueta en general.
—Siempre he pensado que eras un poco estirada —dijo Kim, tapándose la boca con la mano para ahogar la risa—. Tienes ese punto de remilgada que tu lado mercenaria oculta de vez en cuando.
Las dos rieron con aquella descripción, luego ayudó a Alyssa a recogerse el pelo.
Kim era la primera amiga que había tenido de verdad. De pequeña tuvo algunos, pero las circunstancias habían hecho que no los volviese a ver. Al separarse sus padres, se había trasladado con sus tíos y por la formación que había recibido, el único amigo que se había permitido tener era Tony.
Desde que encontró a Kim, contar secretos y desahogarse era toda una novedad a la que cedió fácilmente, ya fuera por necesidad de contar con ella o porque era una mujer en la que se podía confiar.
Las dos salieron de la habitación de Alyssa muy elegantes.
Miró a su amiga, que había elegido un vestido tan ceñido que si respiraba profundamente explotaría, pero que le quedaba estupendo.
Era corto y atrevido, los zapatos de tacón la habían hecho crecer diez centímetros.
Alyssa también había elegido unos buenos tacones, se sentía a gusto; era como retroceder en el tiempo.
Siempre usaba vestidos, para ella era lo normal en aquella época. Aún podía escuchar la voz de su tía.
—Espalda recta, querida, y ¡sonríe! —dijo la mercenaria sorprendiendo a su amiga—. Mi tía lo decía siempre que salíamos a una fiesta. ¡Vamos, el coche nos espera, cielo! —añadió con una voz chillona y altanera que hizo reír a ambas.
El alboroto llamó la atención de Tony, que pasaba justo frente al pasillo de sus habitaciones.
Tony
Escuchó de pasada unas risas, dio dos pasos atrás y vio a dos preciosas señoritas que caminaban hacia él. Alyssa estaba arrebatadora. Le hizo retroceder en el tiempo, cuando la conoció en los entrenamientos de su tío y empezaron a salir, ¡cómo echaba de menos aquellos días!
—¡Estáis fabulosas! —Agarró la mano de Alyssa y besó sus nudillos, luego puso la mano en su brazo para que se agarrase y le ofreció el otro a Kim—. Voy a ser la envidia de la noche acompañado de estas dos mujeres tan hermosas.
Sin embargo, solo tenía ojos para Alyssa.
Su porte elegante y su forma de andar la hacían parecer muy diferente a la luchadora de cada día.
Al llegar al salón, terminó cabreado viendo cómo los nuevos se la llevaban.
Jenn se había acercado a ella y le había pedido que se sentase en su mesa.
¡No podía creérselo! Aquella noche tenía que hablar con su amiga, a toda costa. No podía dejar pasar ni un día más.
—¿Tony, nos sentamos juntos? —preguntó Kim, sin soltarse de su brazo y tirando de él para llevárselo a la mesa.
—¿Seguro que quieres mi compañía?
—Yo siempre quiero tu compañía, no lo dudes —respondió ella.
La pequeña rubia se puso de puntillas y tiró de su brazo para darle un beso en la mejilla; al final tuvo que sentarse a su lado.
Se fijó en aquella pequeña mujer, un leve sonrojo teñía sus mejillas bajo el maquillaje. Llevaba purpurina en los párpados y mejillas y sus labios eran de un rosa brillante que casi mareaba.
Erik se había sentado en frente y observaba a Tony con el ceño fruncido.
Sabía que Alyssa estaba dos mesas por detrás de ellos. No le gustaba que lo hubieran sentado de espaldas. Kim rozó su brazo con la mano para decirle algo que él pasó por alto.
—¿Dónde estás? Kim te está hablando. —Erik chasqueó los dedos delante de sus narices para hacerle reaccionar.
Tony resopló y echó una ojeada a su amiga que lo miraba enfadada.
—Perdona…, ¿qué decías?
«La noche va a ser muy larga», predijo Tony mientras forzaba una sonrisa.
Alyssa
Kim intentaba coquetear con el mercenario.
Alyssa sabía que su amiga sentía algo por él, pero no era correspondida y se estaba formando un triángulo amoroso.
También reconocía las señales que le mandaba Tony a ella y que evitaba a toda costa.
Por otro lado, Erik sentía algo por la pequeña rubia, de eso estaba segura.
Así que esperaba que nadie saliera mal parado.
Alguien agarró su mano y al girarse se encontró con Jenn.
—¡Estás guapísima! ¿Cenas con nosotros?
Alyssa asintió y ambas se dirigieron hacia la mesa alargada que habían elegido los nuevos. Al otro lado, los niños gritaban y jugaban alegres. La mercenaria se perdió embobada mirando a los pequeños. Eran tan felices con tan poco…
Jenn le señaló la silla junto a ella y tomó asiento.
Añoraba los años en los que ella había disfrutado de su infancia de aquella forma junto a sus padres y sus pensamientos empezaron a divagar por épocas pasadas.
Tuvo la sensación de que la observaban, al girarse para ver quién estaba sentado frente a ella, se encontró con la mirada intensa de Jack. Unas finas arrugas enmarcaban sus ojos que, lejos de afear su rostro, le daban un atractivo que a ella le encantaba.
Sonrió al verlo sentado enfrente, pero no le devolvió la sonrisa.
Tenía una mirada oscura llena de deseo, que arrastraba desde su rostro hasta sus hombros desnudos y escote, en una caricia invisible que la hizo removerse en el asiento algo incómoda, y devolvió la mirada a los niños.
Tal y como había predicho Kim, el actor no podía quitarle los ojos de encima.
Sonrió al pensar en la cara que hubiera puesto su amiga al verle así.
Unas cuantas personas empezaron a servir la cena.
Siempre que salían con vida de una pelea, solían reunirse todos para cenar.
Esta vez también tenían que dar la bienvenida a los nuevos.
Los platos eran sencillos, no se podía pedir mucho más en aquellos tiempos, verduras y huevos con algo de carne de caza.
Poco, pero intentaban que hubiera para todos.
—Están todos muy contentos porque les contamos que ibas a buscar a los nuestros —dijo Jenn, haciendo que Alyssa le prestase atención.
—Haremos lo que podamos.
Sentía la mirada de Jack fija en ella y no pudo evitar tocarse el escote por si estaba mostrando más de la cuenta.
Miró de reojo y ahí estaban sus ojos verdes clavados en ella.
Las mejillas le ardían y notó un ligero temblor en las manos, así que decidió concentrarse en escuchar a Jenn para no estar tan pendiente del actor.
—Creo que hablo por todos, sabemos que haréis lo que se pueda y por ello os estamos muy agradecidos —afirmó Jenn, haciéndose eco de los que estaban sentados en la mesa.
Jack no dijo ni una palabra en toda la cena.
En algún momento estuvo pendiente de los niños, el resto del tiempo la miraba con intensidad mientras comía.
Alyssa intentaba centrarse en otras cosas.
Empezó a rascar el mantel con la uña mientras escuchaba algo sobre las personas desaparecidas, aunque cuando levantó la mirada vio a Jack apretando la mandíbula.
Después de la cena, sirvieron las frutas para el postre. Richard, el hijo de Jack, le tendió una manzana a Alyssa con una amplia sonrisa.
—¿Me quitas la piel?
—Claro, grandote, ¡ven aquí!
Alyssa sonrió y agarró al niño, sentándolo en su regazo, le cogió la fruta y empezó con la tarea.
Se mordió el labio inferior al ser consciente de que estaba mostrando su debilidad ante todos, pero le quitó importancia, empezaba a cansarse de fingir ser quien no era por esas viejas instrucciones inculcadas por su tía. Le apetecía tener a aquel pequeño en su regazo.
Estaba intentando no pensar en el hombretón que tenía delante, aunque era casi imposible.
Esta vez, al mirarle, se encontró con una sonrisa tierna en sus labios, aunque ya no la miraba a ella, estaba pendiente del pequeño.
Su hijo reía mirándole mientras ella terminaba con la manzana y se la ofrecía en trozos.
Le robó un pedazo, metiéndolo rápidamente en su boca, algo juguetona, para que el pequeño no la pillase.
El niño dio un pequeño grito y se echó a reír mientras la acusaba de robarle.