Al pasado se lo llevaron las bombas 3. ¿Sentimientos? #3
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3. ¿Sentimientos? #3

Su habitación estaba en el segundo piso, mientras llegaba no vio a nadie más. Las instalaciones estaban relativamente tranquilas a esas horas. Recogió a sus alegres perros entre carantoñas y lametones y bajó a buscar algo para comer.

Pasó frente a una cristalera que había en el pasillo antes de entrar a la cafetería.

Tras ella, los niños jugaban y vio en una de las mesas a Jack y su amiga.

Se habían sentado en el comedor exterior, era un patio interior que quedaba rodeado por el edificio donde habían puesto unas lonas para protegerse del sol.

Las mesas eran alargadas, tipo pícnic, con bancos para sentarse, era un espacio tranquilo en el que desconectar.

Entró en la cafetería y fue hasta la barra donde estaba Clara, la persona que se ocupaba de la cocina aquel día, esta sonrió a Alyssa y le ofreció pan recién hecho, cerró los ojos llevándoselo cerca de la nariz, le encantaba ese olor e inspiró con fuerza disfrutándolo un momento.

Charlaron sobre los turnos de cocina mientras llenaba su bandeja con algo de comida.

Observó la barra alargada que ocupaba una pared del comedor, donde había diferentes servicios tipo bufé.

Clara se encargaba de que las bandejas estuvieran llenas y calientes.

Al final de la barra, se encontraba una puerta acristalada que ocupaba gran parte de la pared y llevaba al patio hacia el que se dirigía en aquel momento.

Con la bandeja entre las manos, salió para sentarse en la misma mesa donde estaban sus nuevos amigos.

Los niños se emocionaron al ver a los perros y se pusieron a jugar con ellos.

Alyssa pasó una pierna por encima del banco y luego la otra para sentarse de frente a Jack que había observado cada uno de sus movimientos.

Jenn a su lado le hizo sitio para la bandeja.

—Vengo a daros buenas noticias.

—¿De verdad? —La voz de Jack sonó algo escéptica.

Jack

Estaba observando la cicatriz que partía su ceja en dos y esos grandes ojos negros con una chispa de diversión en ellos. Lo que más atraía su atención desde que la había conocido era la línea blanquecina que cruzaba su barbilla, no sabía por qué, pero le daban ganas de mordisquearla, de besarla.

Frunció el ceño al descubrirse pensando en todo eso y se separó un poco de la mesa apartando su bandeja, tratando de poner distancia. Desde que la había dejado en el pueblo solo podía pensar en ella, su actitud protectora, sus sonrojos y reacciones cuando él se acercaba.

Durante el ataque al centro comercial había tenido miedo.

Y, al verla volver, se había sentido aliviado.

Los días siguientes se descubrió a sí mismo pensando en ella, en cómo estaría o qué estaría haciendo o en si tendría algo con aquel tal Tony.

Ahora la tenía delante y no sabía cómo actuar.

La atracción por ella era demasiado grande.

—Sí, ¿lo dudas? —Alyssa había levantado la ceja que tenía partida. Y él casi olvidó de qué estaban hablando.

—Últimamente, no pasan muchas cosas buenas —dijo Jenn esperando expectante.

—Casi ninguna —confirmó Jack.

—Bueno, ahora tenéis este sitio molón donde vivir.

Alyssa había dicho la palabra molón con un tono chulesco, luego se había llevado la manzana a la boca y Jack no había escuchado nada más, sus labios habían rodeado la manzana y el crac lo había transportado a otro lugar a solas con ella, mucho más íntimo y caliente.

—¿Cuál es la buena noticia? —Esta vez era uno de los niños el que hablaba desde detrás. Eso sacó a Jack de su ensimismamiento.

Ella se giró a mirarlo y le tocó el pelo, el pequeño se encaramó al banco sentándose entre las dos.

—Vamos a buscar a tu mamá y a todos vuestros amigos.

Jenn inspiró con fuerza lo que hizo que el actor la mirase, su amiga estaba llorando. La mercenaria se estiró para abrazarla, provocando que el niño quedase atrapado entre ellas, empujándolas para apartarlas entre grititos de agobio. Las dos mujeres se separaron y rieron con ganas.

—Te estoy muy agradecida, Alyssa.

Jack también lo estaba, pero no lo dijo.

—Quiero ayudar. —Él iba a ser parte de esa búsqueda.

—¡Lo sé! Queremos que te unas a nuestro equipo. ¿Estarás dispuesto a hacer cualquier cosa?

—Lo que sea —respondió de inmediato.

La mirada de Alyssa se clavó en la suya. En sus ojos se reflejó un brillo de admiración con algo más que no supo identificar. Aquella mujer estaba entrando en su vida sin que él se diera cuenta, debía apartar esos pensamientos de su mente, al menos hasta que encontrasen a Danielle.

—Bien. Mañana a las doce debéis estar en la sala de reuniones. Esta noche tenemos una cena con todos los nuestros, así los conoceréis —se despidió Alyssa, se levantó del banco y cogió su bandeja.

Jack solo tuvo ojos para aquel hoyuelo que remarcaba su sonrisa, luego la vio alejarse, el contoneo de sus caderas lo atrapó un momento casi infinito.

—¿Te gusta? —dijo su amiga mientras Jack aún miraba la estela imaginaria que había dejado Alyssa al marcharse.

—Qué va.

Jack no sonaba muy convencido y él mismo se había dado cuenta de ello.

—¿Quién iba a culparte? Es preciosa y luchadora. Toda una guerrera y además le gustan los niños, aunque parece que intenta disimularlo. Lo tuyo con Danielle se sujeta por un hilo tan fino que no sé ni cómo se mantiene.

—¿Qué quieres decir? —Jack se sintió herido cuando escuchó a su amiga.

—¿Crees que no sé que te ha estado engañando todo el tiempo? ¿Y que tú por tus hijos has hecho la vista gorda? Jared y yo la vimos una vez con un hombre y no estaban precisamente tomando un café…

—¿La visteis? ¿Cuándo pensabas contármelo? —Parecía dolido.

—Jack —pronunció su nombre con condescendencia—, Danielle no te ha querido nunca, solo te utilizaba.

Tragó el nudo que se le había hecho en la garganta, no supo si era el sonido de la voz de su amiga o tal vez sus palabras. Se sintió más dolido de lo que nunca reconocería. No, Danielle nunca le había querido, estaba seguro de eso. Hacía tiempo que lo había entendido y ya no le importaba admitirlo.

—No me dijisteis nada —le reprochó.

—¿Nos hubieras creído?

Tal vez sí, pero de todas formas lo hubiera negado todo, estaba seguro de que se hubiera enfadado muchísimo con ellos.

Era una mujer egoísta que a su lado había subido muchos peldaños. Después de los gemelos, únicamente se habían acostado juntos un par de veces más, incluso dudaba que fueran suyos; aunque le daba igual, para él eran sus hijos. Cuando la encontrasen, terminaría con aquella farsa.

Los niños jugaban ajenos a la conversación, Jack los miró un momento pensando en su matrimonio.

—Jack, nadie te culparía si te fijases en otra mujer.

Jenn estiró el brazo para coger su mano, la apartó antes de que su amiga llegase a cogerla y se puso en pie para marcharse.

Estaba furioso por la transparencia de su relación con Danielle. Le molestó que Jenn le dijera todas aquellas verdades, pero, más aún, plantearse que lo suyo siempre había estado muerto.

—Hablaremos en otro momento.

—Lo siento, no pretendía… —Jenn no terminó la frase; él ya se alejaba dejándola con los niños.