Al pasado se lo llevaron las bombas 3. ¿Sentimientos? #2
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3. ¿Sentimientos? #2

En ese momento, Erik se unió a ellos, cosa que no extrañó a ninguna de las dos amigas.

Se sentó entre Jack y Kim haciéndose sitio a codazos y estiró sus labios en una sonrisa lobuna.

Cuando se acomodó, sacó un cigarro de su bolsillo y se lo puso en los labios para encenderlo.

Kim se lo quitó de la boca y lo hizo añicos.

Erik fingió estar ofendido, pero sonreía al mismo tiempo.

—¿Atacamos? —Las palabras de aquel chalado ya denotaban anticipación por la batalla.

Alyssa lo miró y se puso a gatas, aún escondida, para ver lo que había al otro lado.

—Al menos cinco de guardia, no sabemos los que hay dentro. Hay que avisar a Ray y Tony.

—¿Qué pasa, gatita ? ¿Tienes miedo? —dijo Erik burlón.

Alyssa lo fulminó con la mirada mientras volvía a su posición.

—No soy una gatita y no tengo miedo, solo sigo órdenes. Ray nos pidió que mandásemos a Jack en su busca en caso de necesitarlo.

Como buen militar, Erik se envaró al escucharla.

—Busquemos a Ray entonces —cedió a regañadientes.

Podía ser una persona temeraria, pero lo que decía Ray lo seguía al pie de la letra.

Jack asintió. Agazapado y sin hacer el más mínimo ruido salió a toda prisa hacia el instituto.

Alyssa volvió a sentarse de espaldas al coche y vio como Erik rozaba el brazo de Kim con dos dedos. Su amiga le dio una palmada en la mano para que se apartase y él se retiró fingiendo sentirse afectado. «Vaya par…», pensó mirándolos.

Jack

Corría sin tregua hacia el instituto, escondiéndose entre los arbustos del bosque que rodeaba el camino, la gente que vivía allí estaba protegida por aquella zona verde. Los intrusos no descubrirían el centro hasta que lo tuvieran encima.

Al llegar y desde el otro lado de la reja llamó a un hombre que había por el patio.

—¡Perdona! ¿Puedes avisar a Tony y Ray? —gritó exhausto por la carrera.

Aún no había terminado con la frase cuando los vio salir por la puerta principal. Estos se acercaron para ver qué pasaba.

—¿Qué ocurre?

—Han sitiado el centro comercial, Alyssa dice que hay cinco vigilantes, pero no sabe lo que pueden encontrar dentro —anunció, todavía respirando entrecortado.

—¿Has estado en contacto con alguien? —preguntó Ray. Jack negó con rapidez—. Pasa, no es necesario que hagas cuarentena, date una buena ducha antes.

Mientras sus nuevos compañeros abandonaban el instituto, Jack se quedó mirando hacia el pequeño bosque que los separaba de la batalla. Pronto él tendría que unirse a ellos en defensa de los suyos, aunque no se sentía muy ansioso por hacerlo.

Iba en dirección a las duchas cuando sintió una punzada de miedo, Alyssa estaría a punto de entrar en combate. No, no quería pensar en ello, por otra parte: «¿Por qué le preocupaba la mercenaria?», meditó mientras entraba en la ducha.

Su amiga Jenn lo encontró por el pasillo central y se agarró de su brazo para caminar juntos hacia las habitaciones.

—Verás, es un aula para vosotros solos, tenéis tres camas, aunque podéis añadir alguna más cuando vuelvan tu hija y Danielle. Unas cortinas separan las habitaciones y la sala de estar —describió Jenn.

—¿Tengo una sala de estar? —inquirió Jack, sorprendido.

Jenn sonrió y asintió. Se detuvo en una puerta y le entregó la llave.

—Esta es la tuya, la mía está ahí al lado. ¡Ah! Por cierto, los niños están con los demás jugando; los vigilaremos por turnos.

Jack abrió y se encontró con cuatro pupitres unidos formando una sola mesa y cuatro sillas rodeándolos.

Apartó una cortina para ver qué había detrás y encontró una colchoneta de acampada tamaño matrimonio.

Se acercó a la otra cortina que separaba dos colchonetas más, estas más pequeñas.

Había una especie de dispensador de agua sobre unas mesas, en lo que sería su nueva sala de estar.

—Hay agua potable, aunque tenemos que rellenar los bidones en los laboratorios y la cocina, además de las fuentes de los patios. Pero esto es una maravilla. En comparación con lo que teníamos, claro.

—Cierto.

Jack sonrió con tristeza, su casa era una maravilla. Aquello estaba siendo demoledor, esa forma en la que a sus hijos les había tocado vivir era una mierda.

—Bueno, te dejo disfrutar de esto, voy a ver a los niños.

—¡Espera, Jenn!

Abrió su mochila y le dio algunas chucherías y un par de juguetes.

Después de que lo dejara solo, volvió a dar una vuelta por su nuevo hogar. Terminó de verlo todo y se sentó en la mesa del centro apoyando los codos y escondiendo la cara entre sus manos.

—Esto es una mierda. ¿Dónde estás, pequeña Any?

Se reclinó hacia atrás y su mente volvió con Alyssa. ¿Estaría bien? «¡Maldición! ¿Ahora no voy a poder dejar de pensar en esa mujer?».

Alyssa

Mientras caminaban hacia el instituto, Alyssa se sujetaba el costado, presionándose una herida.

Ray y Tony iban algo más rezagados y parecían ilesos; por último, Erik, que no tenía ni un maldito rasguño, llevaba a Kim en brazos, que tenía una costilla rota y se había torcido el tobillo.

Tras ellos, una columna de humo impregnaba el ambiente a podredumbre.

Los hostiles ardían en una pira. Alyssa tosió, nunca se acostumbraría a ese hedor asqueroso.

—Siempre que tengo alguna herida por la zona del estómago, termino tosiendo —gruñó agarrándose el corte.

Tony, que se había adelantado para vigilar, se giró a mirarla con una sonrisa burlona, aun así no contestó.

Su amiga Kim seguía hecha un ovillo entre los brazos de Erik; se acercó a ellos y, al observarlos, descubrió la ternura en la mirada del militar, le extrañó aquel gesto.

—¿Estás bien? —preguntó la mercenaria.

Ella solo asintió. Él la estrechó más entre sus brazos y la pequeña ahogó un quejido.

—Ya estamos llegando —murmuró Erik contra su frente dejando un suave beso.

No podía creerse su actitud con ella.

Al llegar, tenían claro a dónde debían ir. Así que entraron por la puerta trasera y llamaron a Jake para que les atendiera.

Mientras este hacía las curas a las chicas, Jack se asomó a las gradas para ver cómo iba todo. Alyssa no pudo acercarse, aunque no por falta de ganas. Estar tan pendiente de Jack la irritaba, pero no podía evitarlo. Ray fue a decirle que todo estaba bien y al momento se marchó.

Pasaron los días esperando para poder entrar en el instituto, mientras tanto, los que no estaban heridos no dejaron de entrenar.

Para momentos así tenían a varias personas que se encargaban de la vigilancia por si eran atacados.

Sabían que necesitaban más gente para ayudarles a defender el instituto, no podían continuar así, los grupos de hostiles cada vez eran más grandes.

Luchar contra esa gentuza era peligroso y tenían que ampliar sus filas de algún modo.

Alyssa estaba sentada en el murete a la salida del gimnasio. Su mirada se perdía en el cielo hacia el horizonte donde el sol empezaba a ponerse, escondiéndose tras las nubes, los rayos se filtraban por los bordes y dejaban todo un espectáculo de colores púrpura y azulados.

Kim se acercó y dio un pequeño saltito para sentarse junto a ella, al tiempo que soltaba un quejido agarrándose el estómago por el dolor.

—¿Quién crees que vivía en esas casas? —dijo señalando la hilera de adosados lujosos de la calle de enfrente.

—Supongo que la gente con dinero a la que le gusta vivir a las afueras. —Se encogió de hombros mientras devolvía la mirada al cielo.

—¿Qué hay con Jack Miller? —Kim dibujó una sonrisa traviesa.

—¿Qué tiene que haber? —preguntó a su vez.

—Pues mariposas en el estómago, vértigo cuando te toca, sueños por cumplir, palpitaciones locas en el pecho, ganas de comértelo. No sé, dímelo tú.

Alyssa soltó una carcajada mientras pensaba en las palabras de su amiga.

—Todo eso y más —decidió sincerarse—. Cuando tenía creo que unos trece años, pasé por delante del televisor donde mi tía estaba viendo una serie y allí estaba… ¡Jack Miller! —exageró las palabras como si fuera una fan histérica, levantando los brazos hacia arriba fingiendo entusiasmo.

—Amor a primera vista —dijo Kim mientras miraba hacia la puesta de sol.

—Pero platónico, ese que siempre anhelas, aunque sabes que jamás conseguirás.

—Amiga, ahora puedes conseguirlo. ¡Está aquí! —habló con seriedad, cosa extraña en la pequeña rubia.

—Está casado. Aquello fue solo un sentimiento adolescente.

El resoplido de Kim atrajo la atención de los demás que se giraron a mirarlas.

—No he visto ninguna señora Miller por aquí.

—Lo sé, está desaparecida junto a su hija y el resto de sus amigos —le indicó Alyssa de forma apresurada al ver llegar a los demás.

—Nos pidió que lo entrenásemos para buscarlos —Tony siguió la frase de la mercenaria, a la que sí había escuchado.

—Deberíamos ayudar. Busquemos a esa gente. —Kim levantó los brazos emocionada mientras hablaba y eso la hizo doblarse por el dolor.

Alyssa se fijó en que Erik daba un ligero paso hacia delante para ayudarla, pero pareció contenerse para no hacerlo; su gesto al apretar los puños y la mandíbula le delataba, luego miró hacia otra parte.

Estaba nervioso y siempre que lo estaba acababa fumando, se alejó un poco del grupo lo suficiente para no molestar y seguir escuchando.

—En cuanto salgamos de aquí nos pondremos en marcha. —Ray ya había tomado la decisión.

Al final se tenía que hacer. No podían dejar a inocentes a su suerte y menos si había niños, así que todo iba según lo previsto.

—Bueno, si no hay más remedio… —protestó Tony, sentándose junto a su amiga.

Alyssa le dio con el puño en el hombro y ambos amigos rieron.

Un par de días después salieron de la cuarentena y Alyssa fue en busca de Roxy y Ron, dos perros medianos, cruce de pastor alemán, que había encontrado por casualidad durante los bombardeos.

No había sido capaz de separarse de ellos desde entonces y siempre que podía los llevaba con ella, pero las posibilidades de peligro siempre eran altas, así que salían en contadas ocasiones.

Por el camino, vio como Jenn y los niños entraban en la cafetería, ellos no la vieron. Luego pasaría a saludarlos.