Al pasado se lo llevaron las bombas 3. ¿Sentimientos?
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3. ¿Sentimientos?

Jack

D urante la cuarentena, Jack fue aprendiendo que Tony era algo irascible durante los entrenamientos, un golpe mal dado y el que recibías era más fuerte, que Alyssa era muy paciente, aunque evitando el contacto lo máximo posible, y Erik era un gran maestro, pero excéntrico en algunas cosas.

Además de conocer un poco más a sus nuevos compañeros, también aprendió algunos ataques mortales que podrían salvarle la vida.

Cuando terminó el encierro todos salieron como si les persiguiera el diablo.

Alyssa, algo más rezagada, se cruzó con esa rubia bajita que contemplaba cómo Tony recogía algunas cosas del gimnasio. Las dos se entretuvieron charlando mientras Jack las alcanzaba.

—¿Entonces salimos hoy al pueblo? —preguntaba su amiga.

—¿Hablaste con Ray?

Jack eligió ese momento para pegar su hombro al de Alyssa. Se había dado cuenta de que cada vez que la tocaba de algún modo ella se sobresaltaba y, efectivamente, dio un respingo y se apartó frunciendo el ceño. El actor sonrió divertido por la situación.

En ese momento, la pequeña rubia se tapó la cara con las manos soltando un gritito ahogado y luego se puso a dar saltos agarrada a las manos de Jack.

—¡Eres Jack Miller! ¡Jack Miller, joder! —exclamó con un chillido estridente.

Lo había reconocido. Se había recortado un poco la barba y el pelo mientras estaban encerrados. Siempre llevó la cara bien afeitada y el pelo muy corto durante su época de actor, era un gran cambio y, aun así, aquella pequeña había sabido quién era.

Alyssa no pudo evitar reírse. Jack sonrió notando que le ardían las mejillas. Desde que había empezado la guerra nadie le saludaba como fan gritando y saltando como lo estaba haciendo esta chica. Tal vez había perdido la costumbre, antes se sentía halagado, ahora le había pillado por sorpresa.

—Sí, creo que soy él, o tal vez lo fui —respondió algo nervioso e intentó cambiar de tema—. ¿Puedo ir con vosotras?

La mercenaria lo miró pensativa, él estaba deseando que dijera que sí. De pronto se vio apretujado por un abrazo.

—¡Qué ilusión, conozco a un famoso! Me llamo Kim —dijo con entusiasmo mientras lo estrechaba un segundo más y le soltaba—. ¡A mí me parece bien que venga! —contestó.

—¿Siempre eres tan alegre? —preguntó Jack sonriendo.

—¿Nos queda algo más que nuestra propia alegría?

Jack no encontró palabras para responder, así que asintió. ¿Le quedaba algo más que su propia alegría? Solo tenía su vida y la de sus hijos, nada material. Él era el causante de sus propias alegrías. Sí, era lo único que le quedaba.

Aquella frase le estaba dando que pensar, todo lo material, el trabajo de actor, su fortuna, se había perdido.

Mientras hablaban se les acercó un hombre, usaba ropa militar y dedujo, por los galones, que era un sargento. Alyssa hizo las presentaciones.

—Ray, ¿te comentó Kim el asunto del pueblo? —La mercenaria hablaba a aquel hombre como si fuera el que mandaba por allí.

—Creo que deberíais hacer un reconocimiento rápido —propuso él entrelazando sus manos en la espalda sin perder la postura militar.

—No me habéis contestado, ¿puedo ir?

Los tres le miraron como si estuvieran valorando lo que podía hacer.

—Es un civil, no sabemos si entorpecerá la misión —respondió Ray algo tenso.

—Llevo ahí fuera el mismo tiempo que vosotros y he sobrevivido.

Alyssa

La mercenaria dejó que Ray solucionara el asunto. Se frotó el brazo, notando aún el contacto de Jack contra su hombro. Empezaba a suponer que lo hacía aposta porque siempre sonreía cuando ella se apartaba.

Se alegraba de que después de tanta muerte y destrucción, aún siguiera notando vida en su interior.

Durante los entrenamientos evitaba tocarle.

Cada vez que lo hacía se ponía nerviosa y no conseguía concentrarse.

Así que hablaba lo justo con él cuando ocurría y él se dirigía a ella, porque su estómago se contraía y el vértigo aparecía de nuevo.

Era una sensación de montaña rusa que le hacía retroceder a su adolescencia de forma absurda.

Ahora llevarlo al pueblo podía ser un peligro, pero no por sus vidas, sino por sus emociones que tenían montada una fiesta en su estómago. Tenerle tan cerca la trastornaba.

—Está bien, irás con ellas —dijo Ray sacando a Alyssa de sus pensamientos—. Si pasa algo, volverás a buscarnos.

—De todas formas, hubiera venido igual —murmuró la mercenaria.

Ya empezaba a conocer la cabezonería de aquel hombre, si se había propuesto ir, iría.

—Sí, lo hubiera hecho —contestó Jack con un amago de sonrisa.

Alyssa se encogió de hombros al darse cuenta de que había dicho en voz alta su último pensamiento. Ver su sonrisa hizo que se sonrojase.

Kim soltó una carcajada al verla incómoda ante el actor, ella lo notó y empezó a caminar hacia el bosque, los otros dos la siguieron para no quedarse atrás.

Jack y Kim iban un poco más rezagados, hablando en susurros sobre su vida en la televisión. Alyssa conocía su carrera artística al dedillo, gracias a las redes sociales, donde además también se retrataba su vida privada.

La voz profunda del actor llegaba hasta ella. Inspiró para ver si podía suavizar lo que sentía cuando estaban cerca. ¿Cómo podía sentirse así con alguien a quien no conocía? Apretó los dientes con fuerza intentando sacarlo de su cabeza.

Se detuvo para mirar a lo lejos; inmediatamente levantó la mano para que callasen sus compañeros. Se hizo el silencio. Escudriñaba atentamente su entorno esperando encontrar algo que no podía percibirse a simple vista. Movió la mano en una orden silenciosa para reemprender la marcha.

—¿Aly? ¿Sabes dónde tenemos que ir a buscar las medicinas? —preguntó su amiga.

Alyssa asintió mientras Kim y Jack se situaban uno a cada lado.

Habían caminado por una carretera amplia y árboles a los lados, pero ahora solo había tierra, la carretera había desaparecido bajo ella y algunos árboles jóvenes y arbustos cubrían el asfalto por completo.

Se adentraron en el bosque alejándose del claro para así esconderse entre la maleza.

—El hijo de Jenn necesita insulina. Podríamos ir a inspeccionar la otra farmacia, la que hay a las afueras, porque ya limpié la más cercana. También me comentó Jake que había unas pastillas —explicaba sin dejar de vigilar.

—¿Habrá un registro de pacientes diabéticos? —preguntó Jack—. Podemos ver si existe e ir a las casas a ver si tenían reservas.

—Buena idea, las inyecciones estarán en mal estado, a no ser que aún tengan electricidad.

Algunas casas tienen energía. He estado observando que hay placas solares.

Aunque deberíamos preocuparnos de las pastillas, es más fácil que podamos hacernos con ellas —reconoció Alyssa mientras entraban en el pueblo.

Se agazaparon tras los coches para examinar la calle. Sabían que podían no estar solos y debían ir con precaución. Alyssa se acercó a Jack y murmuró:

—Debes seguirnos y hacer lo que hagamos nosotras, si te digo que te agaches, te agachas. —Con un dedo sobre sus labios le indicó silencio.

Siguieron el camino hacia la tienda de chucherías; allí podrían esconderse y vigilar la avenida desde el escaparate.

Al entrar, Kim gruñó y se abalanzó sobre la vitrina donde estaban las gominolas, aunque ya no quedaban muchas. Alyssa fue hacia el escaparate y Jack abrió su mochila para coger algunas cosas para los niños.

—¿Podemos coger lo que queramos? —preguntó Jack llevándose una gominola a la boca.

—Deja espacio para las medicinas. Y, por cierto, no toquéis los cristales. —Alyssa miraba hacia la calle—. Tocad solo lo que os llevéis. Si alguien más viene y ve las huellas pueden intentar buscarnos.

Un momento después les dio la señal para marcharse, ninguno de los dos se lo pensó mucho y la siguieron. Vio que Jack les seguía el ritmo sin mucho esfuerzo.

Estaban los tres escondidos detrás de un camión volcado en una de las calles, Alyssa se asomó para observar al otro lado, luego examinó los edificios de forma minuciosa.

Kim al otro extremo del camión hizo lo mismo.

La mercenaria levantó la mano y los tres salieron corriendo hasta la otra acera donde estaba el centro médico.

Al entrar, su amiga y el actor buscaron en los pocos archivadores que quedaban intactos mientras ella hurgaba en cajones y alacenas, esos que ya había vaciado unos días antes.

Un par de horas después salían de allí con las manos vacías.

Recorrieron el pueblo escondiéndose en callejuelas y entre edificios derrumbados y rocas caídas.

Ya en las afueras vieron que la otra farmacia también había sido desvalijada, aun así, recogieron las pocas medicinas que quedaban.

Hacía bastante rato que ninguno decía nada, estaban demasiado concentrados en llegar hasta allí, aunque no les había servido de mucho. Se sentía frustrada.

—Volvamos, mañana saldremos con más tiempo y buscaremos en el hospital —ordenó Alyssa recibiendo un asentimiento de sus acompañantes.

—¿Pasamos por el centro comercial y vemos si podemos coger algo? Al menos no haremos el viaje en balde —sugirió Kim.

Alyssa la escuchaba mientras echaba un ojo a Jack; lo estaba controlando muy a menudo y eso la enfadó.

Se giró de golpe para no volver a mirarlo, pero se dio cuenta de que su amiga sonreía con una ceja levantada, Ella resopló en respuesta.

Kim era muy observadora, ambas se entendían tan bien, que ya casi no les hacía falta ni hablar.

—Vayamos —respondió—. No está lejos y seguro que queda algo aprovechable.

Jack se acercó a ellas para escuchar lo que decían y, para sobresalto de la mercenaria, volvió a pegar el hombro al suyo. Vio la sonrisa del actor y sintió su propio enfado por no ser más fría e ignorar aquel tipo de cosas. La risita ahogada de su amiga Kim la irritó aún más.

Al llegar al aparcamiento del centro comercial, vieron que el lugar estaba ocupado por un grupo de hostiles.

—¡Cómo no! —exclamó Jack.

Los tres se agazaparon detrás de un coche.

—Hoy va a ser un día de mierda —gruñó Alyssa.