Al pasado se lo llevaron las bombas 2. La cuarentena #3
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2. La cuarentena #3

Al salir al bosque que separaba el instituto del pueblo se escondió entre los árboles.

Por fin se sentía mucho más segura y podía caminar con libertad.

Durante el trayecto, mientras comía gominolas duras y pegajosas, solo podía pensar en Jack.

Se le despertaba un vértigo en el estómago cada vez que aparecía en su memoria, era como una droga, pero tenía que ser realista, era un hombre casado que quería encontrar a su mujer.

De vez en cuando su mirada se movía por la maleza a lo lejos, buscando entre los árboles y a su espalda. Seguía escondiéndose y evitando el camino más corto.

De Erik no supo nada, pero al entrar en el gimnasio él se le adelantó, dando la última calada a un cigarrillo y entrando con ella mientras tropezaban con brusquedad hombro contra hombro.

Erik soltó una risita que la sacó de sus casillas, luego le guiñó el ojo y desapareció entre la gente del gimnasio.

Alyssa fue en busca de Jake para darle todo lo que había encontrado.

El médico recogió las medicinas y le dio lo que necesitaba para el pequeño de Jenn.

—Con esto será suficiente, por el momento. ¡Menudo alijo! —exclamó Jake.

—Aprovecha todo lo que puedas, la farmacia está vacía y el centro médico también. Si necesitamos algo más tendremos que ir a otro sitio, el hospital está muy lejos. Más kilómetros, más riesgo. —Alyssa percibió la preocupación en la mirada de Jake.

—Al final tendremos que recurrir a la fitoterapia y a lo que se pueda, las farmacias terminarán por dejar de abastecernos, o todo terminará caducando. Gran parte de lo que usamos ya lo está.

—Lo sé, buscaremos a alguna persona que entienda de hierbas —aseguró, tratando de quitar hierro al asunto antes de alejarse del puesto médico.

Jenn estaba sentada en una de las camas con sus hijos; dos de ellos jugaban dando vueltas entre las cortinas y escondiéndose, los pequeños reían mientras la madre tocaba la carita del niño que estaba entre sus brazos.

—Aquí tienes —dijo, lanzándole el paquete que le había dado Jake—. ¡Vosotros! —Señaló a los niños que dieron un respingo, algo asustados al escuchar su tono autoritario—. ¿Me acompañáis a buscar a los demás niños?

Los pequeños se pusieron en marcha llamando a todos a gritos y haciendo que los siguieran.

Salieron a un pequeño patio trasero, donde se agachó abriendo la mochila que llevaba con ella y poniéndola en el suelo.

Todos miraron dentro con la boca abierta.

Alyssa en cuclillas sonreía al ver la cara de felicidad de los niños, pellizcó el moflete a uno de ellos a sabiendas de que no la veía nadie, luego compuso su cara más seria y les advirtió:

—Solo podéis coger una; si hacéis trampas os cortaré los dedos.

Habló con un tono tan serio que los pequeños tuvieron miedo de lanzarse sobre ellas y dieron un paso atrás.

Una risita burlona que provenía de la entrada hizo que se girase para ver quién había llegado. Jack estaba apoyado en la pared junto a la puerta mirándolos con una sonrisa.

—¿Puedo coger un chocolate? —Ella se volvió y sacó lo que pedía la pequeña Lyssa.

Era la hija del actor, tenía el pelo largo de un color pajizo como su padre, sus ojos verdes brillaban de entusiasmo.

Mientras repartía las gominolas y chocolates a los niños, les sonreía con dulzura, podía imaginar cómo sería tener uno propio, que fuera de su sangre.

La mirada de Jack se clavaba en su nuca, lo notaba. Echó un vistazo tras ella y resopló al verlo observando lo que hacían.

Los niños corrieron con sus chucherías a jugar en el pequeño patio. Él se acercó a ella y cruzó los brazos por delante del pecho, la mercenaria se puso en pie a su lado y le ofreció un corazón rosa deformado.

—Les has dado una buena alegría —comentó cogiendo la gominola.

—Bien, así no lloriquearán todo el tiempo —bromeó.

Después de un buen rato contemplando a los pequeños entraron al gimnasio.

Alyssa vio a Kim en las gradas, que estaba admirando a Tony desde lejos, pero, cómo no, él no le hacía el más mínimo caso.

Al llegar donde estaba su amiga, esta se sobresaltó al verla.

Kim se sentó y ella se quedó de pie al otro lado del grueso cristal.

—¡Cuánta gente! —Ella siempre solía estar sonriente, era una persona alegre y vivaz.

—Demasiados, pero ahora están a salvo.

Observó a su amiga; era tan menuda que verla en plena lucha contra los hostiles era todo un espectáculo.

—Bueno, solo he venido para ver cómo estabais —dijo, aunque Kim solo tenía ojos para Tony.

—Cuando termine la cuarentena hay que volver al pueblo, necesitaremos medicinas. Creo que había una farmacia en el otro lado; yo he saqueado la que está más cerca y el centro médico; además, me dio la sensación de que no estaba sola.

—¿No nos dejarán en paz nunca? —La pequeña rubia frunció el ceño haciendo aparecer unas finas arrugas entre sus cejas. Ahora le prestaba toda su atención a Alyssa.

—Creo que no. Nuestra vida ahora es esta.

—Hablaré con Ray sobre los posibles hostiles —afirmó Kim, algo distraída.

Al ver a su amiga lanzando miraditas a Tony y no prestándole atención, decidió poner la excusa de darse una buena ducha.

Cuando se giró para encaminarse a las duchas, se encontró con la mirada escrutadora de Erik que le lanzó un beso al aire, ella le devolvió el saludo levantando el dedo corazón.