Al pasado se lo llevaron las bombas 1. ¡Jack Miller! #2
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1. ¡Jack Miller! #2

Estaba demacrado. La mirada de Jack se clavó en la suya.

Durante unos segundos ambos quedaron atrapados; él deslizó su lengua por el labio superior y ella no pudo evitar seguir ese movimiento con los ojos.

Alyssa, al verlo, sintió un vértigo incontrolable en su estómago.

Era la misma sensación que le provocaba cuando iba a una de las presentaciones de final de temporada de su serie, o a cualquier evento en el que él estuviera.

De hecho, había ido a todos los que podía.

Se llevó la mano al estómago para frotarlo por si podía eliminar el hormigueo, pero seguía sin poder dejar de mirarle.

De pronto, Jack la agarró por los hombros y la empujó hacia un lado para apartarla; un hombre se había lanzado sobre ellos y Alyssa ni lo había visto.

Al chocar contra el suelo por el empujón de Jack, su cuerpo reaccionó dando un salto para levantarse, dispuesta a atacar. Fue a ayudar a su ídolo y le clavó el cuchillo por la espalda al hostil, quitándoselo de encima.

Estaban en medio de una batalla; tenía que estar alerta. Se dio la vuelta para ver cómo iban las cosas y observó que Tony terminaba con otro hombre. Se enzarzó a patadas con el que tenía más cerca y, para cuando terminó con él, sus amigos ya la estaban esperando.

—¡Sí que te ha costado ese último! —se burló Erik, que estaba apoyado en un árbol encendiéndose un cigarro. Tenía un brillo divertido en la mirada que no podía disimular.

Alyssa echó un vistazo a su alrededor. Todos los hostiles habían caído en la lucha. Descubrió que Jack estaba observándola.

—¿Quiénes sois? —preguntó el actor.

—Hemos venido a ayudaros —dijo Tony tendiéndole la mochila, la que había soltado Alyssa durante el asalto.

—Traemos algo de comida —continuó ella.

—Y además tenemos agua caliente, camas y protección para los niños —terminó ofreciendo Erik, que se mantenía en una pose despreocupada dando una última calada a su cigarro.

Uno de los hombres cogió la mochila y volvió a su posición. Alyssa dio una patada a uno de los hostiles muerto; le había parecido que se movía, pero no era así. Durante un buen rato nadie dijo nada, solo esperaron a que los desgreñados vieran lo que habían traído.

Erik rebufó apartándose del árbol, se acercó a Alyssa y le sopló en el pelo por detrás; ella lanzó el codo hacia atrás con fuerza, pero él ya se había apartado soltando una risita infantil.

—¿Vamos a estar todo el día aquí? —refunfuñó él, aburrido.

Los hombres se miraron, uno de ellos se acercó a Jack y le dijo algo que no llegó a escuchar Alyssa.

—Acompañadnos —pidió el actor.

Los tres hombres caminaron delante de ellos hacia una cueva. Junto al hueco de la entrada, había unos matorrales que ocultaban un pasadizo al campamento.

—¿Al final no disparan ni matan a nadie? Qué aburridos vais a ser —dijo desilusionado.

Alyssa sabía que si había ido era por si la gente a la que rescataban terminaba atacándoles. Siempre buscaba pelea. Se giró y lo agarró del brazo, clavándole las uñas y tirando de él para apartarlo un poco de los demás y que no la escuchasen.

—¿Qué coño estás haciendo? —preguntó Erik retorciéndose para que lo soltase, aunque con ello hiciera que las uñas de ella se hincasen en su piel.

—¡Estoy segura de que estabas deseando que nos matásemos todos!

—Hombre, un poco de sangre inocente no está nada mal —bromeó con despreocupación, aunque seguía resistiéndose. Alyssa ajustó más su agarre.

El grupo los miraba; tal vez no había puesto suficiente distancia, pero ya le daba igual.

—¡Te vas! —le ordenó ella mientras él seguía tirando de su brazo para liberarse sin mucho éxito.

—¡Suéltame, bruja! —gruñó Erik.

Se inclinó y mordió a Alyssa en la mano, haciendo que gritara de dolor y lo dejase libre al fin. El nuevo grupo no les quitaba el ojo de encima.

—¡Te mato! ¿Te crees que no me he dado cuenta de que también has atraído a los hostiles hacia nosotros? —hablaba con los dientes apretados.

Ambos se miraban con desprecio y se empujaron a la vez, consiguiendo poner distancia de por medio.

—¡Estás loca! ¿Y dejar que te perdieras la diversión?

—¿Yo loca? ¿Qué diversión, Erik? —gritó Alyssa—. ¡Tú sí que estás como una cabra!

Tony se acercó a ellos y la cogió del brazo para apartarla de Erik. Ella se giró hacia los demás intentando soltarse. Al hacerlo, vio que Jack se había adelantado hacia donde estaban discutiendo y apretaba los puños en una postura tensa.

—¡Déjalo! —le dijo Tony.

—¡Casi nos matan por su culpa!

—Creo que a Ray no le gustará saber lo que ha pasado aquí —señaló Tony esta vez hablando con el causante del problema.

Erik escupió en el suelo, luego dibujó una sonrisa apretada y falsa y decidió marcharse. Nadie sabía si volvería o si, por el contrario, seguiría al grupo de cerca.

Jack

Se estremeció con la idea de la muerte; hoy había estado demasiado cerca. Ver a aquel hombre caer a sus pies, para después darse cuenta de que ella estaba de pie frente a él, le había dejado paralizado. Aún sentía el fuego de su mirada. Ella lo había reconocido, estaba totalmente seguro.

Esa cara endurecida por las cicatrices fue lo primero que llamó su atención; la marca suave de un hoyuelo se asomaba a su mejilla. Era muy atractiva. Por un momento, su mente se había quedado en blanco y solo existían ellos dos. Sus pensamientos no paraban de regresar a aquella mirada.

Vio a sus hijos medio escondidos detrás de su amiga Jenn; ellos necesitaban lo que esa gente les ofrecía.