Al otro lado del Nilo 7. POCO PROBABLE, PERO NO IMPOSIBLE #5
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7. POCO PROBABLE, PERO NO IMPOSIBLE #5

—Me lo apunto. Le daré vueltas al tema, sí.

Una de las cosas que llama la atención es que a Djehuty, a pesar de ocupar un cargo tan importante, el de supervisor del Tesoro, además de supervisar los trabajos en los distintos templos y el ganado de Amón, no se le conozca ninguna estatua ni ninguna inscripción fuera de su tumba.

Lo único que sabemos de él, o de ella, ¡perdón!

—apostillo con tono de guasa— es lo que está aquí.

Solo tenemos su tumba. De otros altos cargos de la época se han descubierto estatuas en el templo de Karnak, inscripciones en canteras…

pero de Djehuty nada. Bueno, la figura que luego se borra en el templo de Deir el-Bahari, en la que aparece registrando por escrito las cantidades de mirra procedentes del Punt.

Pero lo de que haya sufrido damnatio memoriae por ser mujer lo veo muy forzado.

—¿Y Hatshepsut?

—Ya, sí, pero Hatshepsut es un caso distinto.

—¿Por qué? ¿Por qué tienes perfectamente asumida la historia de Hatshepsut y te cuesta tanto ver algo similar en Djehuty?

—Pues porque de Hatshepsut sabemos fehacientemente que era mujer. Pero de Djehuty no tenemos constancia de ello.

—Ya. Es poco probable, pero plausible.

—Eso, poco probable. Desde luego, el tema es muy actual…

—Ahora me río yo —sentencia Lola, ya con un tono definitivamente de victoria—.

Esa es la estrategia a seguir ante un futuro incierto.

Esa es la vía de salvación del Proyecto Djehuty ante un futuro que, en términos de estrategia, se denomina «océano rojo».

Eso es lo que une un proyecto arqueológico en Egipto con lo que la sociedad actual demanda.

Si tiras por ahí, tal vez puedas encontrar vías de financiación…

—La financiación. Ese es un tema peliagudo, todavía más complicado de lo que parece.

Soy muy escéptico con eso. Lo que me gusta de tu planteamiento es que hace pensar y te hace cuestionar lo que dabas por sentado.

Me gusta que incomode, que pique. Eso es lo que hace avanzar la ciencia, ¿no?

Abandonar tu «zona de confort», como les gusta llamarla a los de Bruselas.

»¿Y si damos una vuelta por dentro de la tumba, buscamos pistas y así nos despedimos de Djehuty?

Hoy también es mi último día aquí. No me puedo creer que ya haya pasado la campaña.

Hasta el año que viene nada. Me está dando morriña.

Anda, Tutu, entra con nosotros, vamos a despedirnos de Djehuty, que resulta que puede que fuera mujer.

¿Te imaginas? ¿Quién nos lo iba a decir, eh?

Tutu se levanta, hace sus ejercicios de estiramiento y nos sigue, andando despacito, sigilosamente, consciente de que esta vez, como excepción, tiene permiso para entrar.

Recorremos el pasillo en silencio, paseando la mirada por las paredes.

Sin quererlo, busco alguna señal, un juego de palabras, una imagen con doble sentido que pudiera desvelar un secreto.

A Djehuty le gustaban los juegos y los acertijos…

ahora habría que mirar todo con más atención.

Nos detenemos delante de las estatuas de Djehuty y de sus padres.

¿Cómo puedes saber tanto de una persona y, al mismo tiempo, desconocer lo esencial?

Nunca llegas a conocer a alguien del todo, y menos si ha vivido hace tres mil quinientos años; pensar eso sería un poco ingenuo.

Igual que se dice que lo mejor del viaje es el camino, pues lo mejor de las personas puede que sea precisamente eso, que nunca llegas a conocerlas del todo, que siempre queda algo nuevo por descubrir.

Alabamos, una vez más, la iluminación de las paredes, el techo de metal…

la tumba de Djehuty conserva ese aire antiguo, rupestre, quizás debido a la roca del suelo, a las paredes libres de color.

Recojo mis cosas con cierta lentitud provocada, cierro la puerta al salir y nos despedimos del gafir hasta el año que viene, y él nos responde: « Sana gaya en-sha-alá », que así sea, si Dios quiere.

Recorremos el camino hasta la salida con cierto aire de satisfacción, del deber cumplido.

La furgoneta está esperando a la salida del yacimiento.

—Te vienes a comer a casa, ¿no?

—No, no puedo, lo siento muchísimo, pero no me da tiempo. Mi avión a El Cairo sale a primera hora de la tarde. Pero por mí no te preocupes, que yo me manejo sola estupendamente, me cojo un taxi aquí mismo, cruzo a la otra orilla y me voy directa al aeropuerto.

—¿Después de la discusión me vas a dejar comer solo?

—Tienes a Tutu. Así le das un par de vueltas más al tema y, cuando nos volvamos a ver en Madrid, o donde sea, me cuentas más cosas.

—¿No te acercamos a ningún sitio? Al menos te cruzamos a la otra orilla…

—Prefiero que no. No quiero complicarte la vida, me voy sola tranquilamente.

—Como quieras, no te voy a insistir. Pero quedamos pronto, ¿eh?