Al otro lado del Nilo 5. NO DEJES TU MOMIA AQUÍ, SIGUE ADELANTE #7
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5. NO DEJES TU MOMIA AQUÍ, SIGUE ADELANTE #7

—¡Sí, gracias, Campbell! Pero si todo esto es ya una historia preciosa, de colaboración y reconstrucción del patrimonio, a comienzos de esta campaña Andrés me envió un email con una fotografía adjunta.

Con cierta ironía, me preguntó si reconocía un fragmento de relieve que se había subastado en Estados Unidos el pasado mes de junio, como parte de una colección privada de Florida, supuestamente adquirido en la galería Baidun, de Jerusalén, y con certificado de exportación francés.

«¡Recáspita! ¡Rayos y centellas! —como diría el capitán Haddock—.

Pero si son las dos hijas de Hery, Baketamón y Nesnebu; y se conservan perfectas».

El pequeño fragmento de pared se había vendido por ocho mil quinientos dólares.

Ahora nuestro siguiente reto es, una vez más, conseguir una réplica y colocarla en su sitio, en el banquete de la tumba de Hery.

—¡Guau! Esto sí que es seguir el rastro, una verdadera investigación policial —exclama un señor del grupo mientras se recoloca el sombrero y se pasa la mano por la cara para secarse el sudor—. Es asombroso, tenéis mucho mérito.

—Sí. La verdad es que nos lo pasamos bien.

Si descubriéramos las tumbas intactas y en perfecto estado, no tendría gracia; nuestro trabajo no tendría ningún mérito —le contesto medio en broma—.

Pero como encontramos todo roto, nos hemos convertido en los campeones de recomponer puzles gigantes en tres dimensiones: paredes de tumbas, ataúdes, vasijas de cerámica…

La labor del arqueólogo, es cierto, tiene similitudes con la de los detectives.

Para ello, es muy importante trabajar en equipo y contar con una red de colaboradores y amigos, pues las piezas se han dispersado por todo el mundo.

—Retomando el comienzo de la charla sobre la tumba de Hery —interviene Campbell—, una de las características del estilo artístico del Reino Medio, que mencionaba Champollion en su cuaderno de notas, se refleja muy bien en la escena que antecede al banquete familiar, tallada en la mitad de la pared más próxima a la entrada.

Las figuras van caminando desde el exterior hacia el interior de la tumba y, si os fijáis, los pies están bien plantados sobre el suelo, dándoles a las figuras rigidez y hieratismo, pero, a la vez, los músculos de las piernas están suavemente moldeados, tratando de expresar tensión y movimiento.

—Los músculos se ven estupendamente con la luz rasante que entra por la puerta —lo interrumpe alguien del grupo, para mostrarle a su profesor que está prestando atención a sus palabras.

—Sí, la luz es perfecta, y daos cuenta de que las figuras están talladas en la roca de la montaña.

¡Mirad! En el registro de arriba se muestra el arrastre del ataúd, de la caja de los vasos canopos que mencionó antes José, y del resto del equipamiento funerario, desde la orilla del río hasta la entrada a la tumba.

Allí, es decir, a la entrada del recinto funerario, justo ahí fuera —Campbell señala al patio de entrada a la tumba—, un grupo de cuatro sacerdotes muu , ataviados con sus gorros altos, le daría la bienvenida al cortejo fúnebre con una danza, mientras señalaban el suelo, donde reposaría el difunto.

El registro de abajo capta el momento previo, en el que el ataúd antropomorfo de Hery, acostado sobre una cama, cruza el Nilo en una barquichuela.

Dos hombres, uno de ellos probablemente su hijo mayor y heredero, lo abrazan por el medio, mientras dos mujeres, cada una en un extremo, lo sujetan por la cabeza y los pies, emulando a las diosas Isis y Neftis en el entierro del dios Osiris.

La composición deja claro que el difunto, en este caso Hery, quiere imitar a Osiris hasta el final, para correr así su misma suerte: la vida eterna en el más allá.

La procesión funeraria evoca el mito de Osiris, y comienza en la barca, cruzando el río, pues la vida eterna se encontraba al otro lado del Nilo.

El papel que en la Grecia clásica desempeñarán la laguna Estigia y la barca de Caronte en el tránsito al más allá, en Egipto es el Nilo el que separaba el mundo de los vivos del mundo de los muertos, o mejor dicho, de los que vivían en el más allá.

»Si os giráis un momento hacia la pared derecha, podéis observar la escena de caza en el desierto.

La figura de Hery, tensando el arco, mantiene los dos pies en el suelo, mientras los músculos de las piernas se marcan para enfatizar la acción.

Fijaos en el detalle de la mano que sujeta el arco, con el dedo índice proyectado hacia adelante para apuntar la flecha, que tendría una pequeña lasca de sílex afilada en la punta.

Y mirad al perro que acompaña a Hery en la cacería, el detalle de los dientes clavándose en la presa abatida. Se parece a Tutu.

Todos se echan a reír. Tutu, que ha estado todo este tiempo recostado al sol, levanta las orejas al oír su nombre y lanza un ladrido en respuesta a las carcajadas, como diciendo: «A ver qué decís, que os oigo desde fuera».

El grupo va saliendo despacio. Tutu se incorpora, hace sus ejercicios de estiramiento para desperezarse y, moviendo el rabo de un lado a otro, los olisquea uno a uno.

Mi intención es acompañarlos hasta el autobús, pero Tutu se anima demasiado, empieza a dar saltos y a tratar de mordisquear los bastones de varios del grupo.

Para evitar un posible accidente, decido detenerme y despedirme a medio camino.

Campbell y yo nos damos un abrazo, nos felicitamos por el éxito del fragmento de Glasgow y nos damos las gracias mutuamente por el buen rato que hemos pasado juntos viendo la tumba y charlando de egiptología.

Todavía quedan un par de horas antes de irnos a comer, así que me refugio en la tumba de Djehuty y continúo con la revisión de los dibujos epigráficos.

En mi cabeza, sin embargo, dan vueltas las hijas y las hermanas de Hery.

¿Cómo habría sido su vida familiar? ¿Tuvo Hery dos esposas o una esposa y una amante?

¿Cómo sería la relación entre ellas? Y si bien una «hermana» era, según su nombre, «la buena», otra de las hermanas representadas en el banquete lleva el nombre de Ta-binet, que significa «la malvada».

¿De verdad? ¿Qué clase de nombre era ese para una hermana?

¿Acaso los nombres nos están contando que la familia de Hery debía de ser todo un culebrón?

¿Y la madre sería una mujer dominante, que tenía a su hijo acogotado, o sería una mujer con carácter, que sacó a su familia adelante desempeñando el papel de pater familias en femenino y en solitario, como podría haber sido el caso de la reina madre Ahhotep?

La mayoría de los retratos de familia, desde el antiguo Egipto hasta hoy, esconden muchos fantasmas detrás de las caras amables; nada es lo que parece, y la sensación de equilibrio, armonía y tranquilidad que transmite la familia reunida pudiera haber sido solo eso, una sensación, un deseo que solo en el más allá, al otro lado del Nilo, llegara a cumplirse.