5. NO DEJES TU MOMIA AQUÍ, SIGUE ADELANTE #3
—La de Hery es de las pocas tumbas decoradas que se conservan de comienzos de la dinastía XVIII y la única que está abierta al público en Luxor.
Es pequeña, sí, pero refleja muy bien el cambio político y social del final del Segundo Periodo Intermedio, al comienzo del Reino Nuevo, es decir, el paso de la dinastía XVII a la XVIII , en torno al año 1520 a.
C. En este momento es cuando Tebas, cuatrocientos cincuenta años más tarde, se convierte por segunda vez en capital del Alto y Bajo Egipto.
Pero, además, es la época en la que Egipto comienza a levantar las bases de su imperio sobre Nubia y sobre Palestina y el sur de Siria.
Y, por si fuera poco, se hace bajo una fuerte influencia femenina en la casa dinástica que gobernaba el país y en las familias más pudientes de Tebas.
»La tumba es pequeña, sí, entre otras razones porque reutiliza una más antigua, del Reino Medio, de la dinastía XII .
Hery aprovecha el agujero horizontal abierto en la roca de la falda de la colina cuatrocientos cincuenta años antes, lo amplía y decora las paredes con escenas en relieve e inscripciones.
Hay que tener en cuenta que, tan solo unos años antes, los miembros de la élite no se construían tumbas en la roca de la colina, sino que abrían pozos en el suelo y las ofrendas se presentaban en pequeñas capillas de adobe levantadas delante.
Ni siquiera los gobernantes de Tebas se hacían enterrar en tumbas decoradas, tal vez porque, por aquel entonces, los talleres de artistas no estaban en Tebas, sino en el norte.
Así, Hery debió de ser de los primeros tebanos que retomaron la costumbre de decorar las paredes, aprovechando que Tebas era de nuevo la capital y volvía a haber mano de obra cualificada para este tipo de obras.
Uno del grupo rompe el hielo y comenta con criterio:
—Los relieves parecen muy clásicos, como si fueran de la dinastía XII .
—Sí, exactamente, muy bien visto. Eso mismo fue lo que escribió Champollion en su cuaderno cuando entró aquí, a esta tumba.
Unos años después de descifrar el sistema de escritura, los jeroglíficos, Champollion viajó a Egipto acompañando a la expedición de la Toscana, liderada por Ippolito Rosellini.
Ambos pasaron en Luxor unos seis meses copiando inscripciones y poniendo a prueba sus conocimientos sobre la lengua de los antiguos egipcios.
Por entonces, en 1829, la entrada a la tumba de Hery, igual que la de Djehuty, estaba totalmente enterrada, no se veía nada.
Ellos accedieron al interior por esta apertura que comunica la tumba de Hery con esta otra, ubicada un par de metros más arriba en la falda de la colina.
Lo sabemos porque así lo cuentan en sus respectivos cuadernos.
El de Champollion se conserva en París y el de Rosellini, en la biblioteca de la Universidad de Pisa.
Los dos egiptólogos copian la inscripción que recorre esta pared izquierda del pasillo por encima de las escenas, y que identifica al propietario: «…
para el ka del supervisor del doble granero de la madre del rey y esposa real, Ahhotep».
El nombre de Ahhotep aparecía dentro de un cartucho real, y aquí estaba escrito el nombre de Hery, del cual solo queda ahora este poquito.
Es fascinante pensar que tan solo unos años después de descifrar la escritura jeroglífica, sin diccionarios ni gramáticas, ya sabían leer de corrido, reconocer las características de las distintas fases del arte egipcio, fechar monumentos y objetos, y conocer los hitos básicos de la historia política de Egipto…
Los primeros egiptólogos eran verdaderos genios.
—Esto que hay aquí, en el techo, ¿qué es? —dice una mujer mientras señala hacia arriba con su bastón.
—¡Ah! Algo muy curioso. Son nidos de avispa nilótica, hechos de barro.
Y es interesante que estén justo aquí, alineados con la apertura hacia la otra tumba, pues este tipo de avispas construye sus nidos en las corrientes de aire.
Lo que nos indican estos nidos es que durante mucho tiempo la entrada original de la tumba estuvo cerrada, enterrada, y que la única apertura era esta, por donde entraron Champollion y Rosellini.
Esto lo sé porque me lo contaron las entomólogas del Museo de Ciencias Naturales, Isabel y Carolina, que vinieron a un par de campañas al principio del proyecto para estudiar los insectos de la zona, los que vivían en el interior de las tumbas o entre las vendas de lino que envolvían las momias.
—Esta apertura, con la escalera de adobe que sube de aquí a la otra tumba, ¿de cuándo es? —pregunta de nuevo, blandiendo su bastón en todas las direcciones como si fuera una espada.
—La tumba de Hery, como la de Djehuty y todas las demás de esta zona de Dra Abu el-Naga, se reutilizó en el siglo II a.
C. para crear una gran catacumba dentro de la colina.
Las paredes de roca que separaban unas de otras, que no tenían más de un metro de grosor, se rompieron y se hicieron también agujeros en los techos y en los suelos para conectar tumbas ubicadas a distintas alturas en la falda de la colina.
Así, con poco esfuerzo, abriendo agujeros aquí y allá, consiguieron un enorme espacio subterráneo.
Y para salvar las diferencias de altura, unas veces se tallaban peldaños en la propia roca y, otras veces, se construían escaleras de adobe, como esta de aquí.
»La catacumba era como un inmenso laberinto, y por eso, en ocasiones, se escribían grafitis en las paredes, para guiar a quienes anduvieran por aquí dentro.
Este de aquí, por ejemplo, pintado encima de esta entrada, servía para indicar, a los que vinieran andando por el pasillo de la tumba, que esta era la «entrada que lleva hacia las capillas de los dioses».
Si te animabas a pasar, te encontrabas con otro grafiti, también escrito en demótico y en tinta roja, que te indicaba: «Primer vestíbulo de la galería que conduce a las capillas de los dioses».
Y, más adelante, hay otro que advierte: «No dejes tu momia aquí, sigue adelante».
—¿De verdad pone eso? —cuestiona divertido el más joven del grupo.
Momias de animales
Al grupo se le ve animado y lleno de energía, con ganas de aprender.
Mi inglés va cogiendo soltura y me doy cuenta de que disfruto practicando cómo contar las cosas en otro idioma, de forma amena y, al mismo tiempo, con precisión, pues Campbell sigue mis explicaciones con atención. Trago saliva, respiro y continúo:
—Sí, así, literal. Los epigrafistas Tina y Richard han sido los encargados de copiar, estudiar y traducir los grafitis en demótico.
Los escribieron los sacerdotes encargados de gestionar las momias de animales, a mediados del siglo II a.
C., en época ptolemaica. Muchos escribían simplemente su nombre, alguna indicación de filiación o su cargo relacionado con el culto al dios Thot.
Las momias que hemos hallado son, sobre todo, de ibis y halcones, pero también hay restos de otras rapaces, como milanos, gavilanes, águilas o buitres.
También hemos identificado búhos y pelícanos.
Los paquetes de lino más pequeños suelen contener pequeñas serpientes o musarañas.
»El ibis es el ave que se asocia al dios Thot, en egipcio antiguo Djehut , el escriba de los dioses, capaz de volar entre el cielo y la tierra, como en la mitología clásica hacían Hermes y Apolo, que llevaban pequeñas alas en los tobillos, y así actuaban de enlace entre el mundo de los dioses y el de los humanos.
Thot, además de ser el escriba de los dioses, se asocia, a su vez, con la luna.
El halcón, por su parte, encarna al dios Horus, vinculado al dios sol Ra, adoptando la forma híbrida Ra-Hor-akhty, es decir, el sol Ra y el halcón Horus en el horizonte.
Así, la combinación de ibis y halcones reúne a la luna y al sol, y completa el ciclo de la noche y el día. Por eso se ofrecían como exvotos.
—¿Y lo de las musarañas y las serpientes, tiene algún significado? ¿Cómo es una musaraña? Nunca he visto una —el más joven muestra curiosidad por las momias de animales, que también tienen su morbo.
—Las musarañas son pequeños mamíferos que parecen ratoncitos, tienen el hocico puntiagudo y se muestran especialmente activos durante la noche.
Se momifican y se depositan aquí, junto con las pequeñas serpientes, porque se asocian al viaje nocturno y subterráneo del sol.
Supuestamente, ayudarían al difunto a subirse a la barca solar en su viaje nocturno por el subsuelo desde el horizonte occidental, tras la puesta de sol, hasta el horizonte oriental, al amanecer.
Las momias de animales eran ofrendas que se llevaban a un templo o a una capilla para obtener a cambio un favor de la divinidad; tal vez la capacidad de renacer después de morir, como los astros del cielo, de forma cíclica.
»Las momias de animales las estudia Salima, de la Universidad Americana de El Cairo, la egiptóloga más famosa, que sale en todos los documentales —después de Hawass, claro—.
Con ella trabajan dos investigadores del Smithsonian Institution de Washington, Megan y Neal, unos verdaderos friquis de los huesos de animales.
Neal estudia las musarañas y, según él, estos animalillos, dependiendo de la especie y el género, que se distinguen por la mandíbula, reflejan muy bien el cambio climático.
—Y ¿dónde están, o estaban, las momias de animales? —Está claro que el tema le ha atrapado y el chico no está dispuesto a dejarse ninguna pregunta en el tintero.